Hola creadores de Relatos Cortos o no...!
Estoy haciendo los preparativos para organizar un concurso de relatos cortos temáticos con premio.
De momento os dejo la noticia para que le deis vueltas y más adelante ya iré soltando un poco más de información.
Muchas gracias por leernos.
;)
Relatos Cortos...(O No)
Colección de Relatos cortos (o no).
Tú también puedes participar enviando un correo con tu relato a relatoscortos@gmail.com indicando también nombre o seudónimo
A leer se ha dicho....
06 marzo 2012
05 marzo 2012
'Humo de despedida' de Saine de Beauvoir
Y de repente, abrí los ojos y allí estabas tú. Envuelto en sombras, apenas podía adivinar el trazo
de tu contorno, pero veía tus bordes y hasta creía escuchar el sonido de tu voz. Al poco acabé
volando por el cielo de tu boca, jugándome la vida, robándote los gramos de oxígeno de tu piel
por cada rincón oscuro. Y te seguí, persiguiendo tú luz en la noche, perdiéndote entre mis manos
en la madrugada y comiéndonos al alba en mi cama. Te llevo en mi cabeza, como el que lleva
un sombrero, te devolví a los bolsos de los que te arranqué y me respondiste mordiendo cada
uno de mis sentidos.
Sin apenas darnos cuenta, convertimos en rutina el desayunarnos cada día al amanecer junto a
un café, aderezándolo con un par de melodías y algunos pedazos de sueños indomables.
Dibujando una sonrisa con los dedos en las esquinas de cada bar, en la espuma de la cerveza o
en el humo de cada noche en mi sofá, trasnochando entre palabras solitarias. Nos hemos
regalado momentos con fecha de caducidad, olvidando la caída inevitable de los días en el reloj
de mi vida, intentando secuestrar cada segundo.
Quizás fue el destino, la casualidad o el caprichoso deseo de probarte lo que nos hizo
encontrarnos y que me atraparas, o más bien, fueron tus aditivos. Sin apenas poder evitar la
fuerza gravitatoria que me arrastraba a tus labios, te he llevado directamente entre mis dedos en
infinidad de ocasiones… mi lengua en tu boca y tu aire recorriendo mis pulmones… y que tenía
tu veneno me pregunto, que me quita la vida pero me hace viajar entre botellas de alcohol,
varias chustas de polen y besos furtivos en cualquier banco en el que nos hemos encontrado.
A pesar de saber que aquello acabaría mal, me adentré de lleno, sin temor a por dónde saliera el
sol mañana, porque tal vez no salga, los reyes son así de caprichosos. Aprendí a través de
impulsos eléctricos a saborear unos cuantos minutos de tu voz varias veces al día, sin olvidar un
par de mensajes antes de dormir. Recuerdo aquella ocasión en que te quedaste dormido sobre mi
pecho, todavía tengo la marca, tu mirada es de fuego. Recuerdo cada vez que hemos hablado de
la dulce locura en la que nos habíamos embarcado, el sabor de tus labios, mitad arábico, y la
pasión de tu cuerpo, mitad occidental. Sin embargo, si te soy sincera, algunas noches desprecio
tu aroma en mis sábanas y los despertares contigo a mi lado. Te extingues cuando tu luz alumbra
más que nunca, abrasando mi alma en ella…
Ensangrentados mis ojos se quedaron después de las ostias que nos dimos en nuestra última
despedida. Aquel día estuve escondida, entre el humo de la noche y de los besos deambulantes,
flotando entre ríos de sudor y sal con algunos restos todavía de alcohol; todo quedó en un
silencio carnal, solo roto por el ruido de un par de coches circulando cerca de la plaza. Dejamos
esparcidas por las calles gramos de pasión y bajo cenizas quedaron millones de preguntas sin
responder, buscando tan solo la claudicación de mis deseos junto a ti a los pies de mi cama.
Ayer te dejé olvidado en mi mesita de noche, no te marches, solo quiero encenderte y mostrarte
la luz de la luna de algunas madrugadas. Voy a hacerte temblar como si fuera la primera vez,
como si fuera a largarme y tú no quisieras, bañando todo con los sabores escondidos en los
rincones de tu piel.
El lunes te pedí que me agarraras fuerte la mano porque necesitaba aire en el pulmón de la
tranquilidad de tus labios. El tiempo durante unos minutos se detuvo para esos dos desconocidos
tan familiares sentados en mi cuarto, pero te acabaste ante mi. Ayer todavía cerraba los ojos e
intentaba dibujar en el aire tu silueta con mis manos, intentaba recordar el veneno que me has
dado y el volver a perder mis dedos buscando sueños en el infierno de tu cuerpo. Echo tanto de
menos
nuestras noches bañadas de acordes que empezaban al alba y no acababan
hasta bien entrada la noche. Antes nos adentrábamos sin rumbo en el mundo
que fabricábamos cada amanecer solo para nosotros. Olvidarte? lo intento, pero es tan difícil …Has aparecido con alevosía en tantas de mis madrugadas, sin faltar a ninguna cita si yo te
solicitaba. Excepto aquella ocasión en la que tuve que ir a buscarte a horas intempestivas a la
gasolinera, escapándote ágilmente del lugar más oscuro, apareciendo como una luz entre la
bruma espesa que humeaba. Te había dibujado una vida, trazado preocupaciones y pintado
esperanzas; sabía a qué te dedicabas, cómo te gustaba pasar las tardes muertas de domingo y las
vivas noches de los viernes. Conocía el color que maquillaba tus días, el libro que alimentaba
gran cantidad de sueños errantes y la música que danzaba en tus oídos. No había ningún detalle
que me fuera oculto.
Hoy estoy sola en mi cama buscando un hueco libre donde perderme en mis pensamientos. Odio
cerrar los ojos y verte, como si algún poeta desdichado te hubiera colocado ahí en ese instante
premeditadamente, en ese preciso lugar para que yo te viera. Odio seguir perdiéndome en tu
aroma cuando lo descubro por la calle en manos de una desconocida, mirándome fijamente
apenas a un par de metros de mí, mostrándome la vida escondida en el fondo de sus pupilas.
Odio el enorme vacío que dejó tu cuerpo en mi cama y el aire puro de tu ausencia en mi
habitación cuando no estás entre mis sabanas.
Estas líneas nacen como disculpa o tal vez como despedida por enrredarme en el lío de otro,
entiéndeme, tu hogar tradicional por culpa de “los de arriba” ya no es asequible para alguien
como yo, o más bien, para alguien de pocas monedas en el bolsillo. Aún y así espero dejarte
para siempre a ti y a todas tus variantes algún día, por el momento seguiré encendiéndote
cuando me apetezcas y apagándote antes de entrar en las cafeterías, restaurantes, zonas
hospitalarias o escolares. Siempre nos quedará mi cama, o quizá no
Relato enviado por Saine de Beauvoir
Gracias Saine por enviar tu relato ;)
29 febrero 2012
'Tinieblas' de Jose Miguel Ros
Las tinieblas no aparecen al cerrar mis ojos, aparecen al mirar en mi interior.
Cuanto más quiero ver la verdad, cuanto más desnudo mi alma hasta dejarla únicamente con una finísima envoltura de melancolía, mas negro se vuelve todo.
Cuando las cosas no van bien, estas solo y a oscuras, la sociedad que guiaba tu vida, tus relaciones, incluso tu forma de pensar, te da la espalda, pobre del que busque consuelo en la sociedad, nunca mas guiará tu vida, pero si la criticará, la humillará, y sancionará . Ese faro guía, se rompió.
Familia, apoyo perdido de otra época, reducida al más puro nucleo familiar y un monton de desconocidos o almas malditas, en pena, que solo pisan el mundo en navidad, alguna boda o comunión y cumpleaños de los más ancianos. Ancianos que si conocieron el significado de “familia”, ancianos que se aferran a la vida con una ilusión, ver un año mas el espejismo familiar. Esa vieja vela, se consumió.
Mientras que el núcleo, trabajadoroes que bastante tienen con lo suyo, te ayudan, te ayudan con ropa, comida, se sacrifican por tu salud te ayudan en lo material, pero no dan luz, ni pueden limpiarte de melancolía, ni puedes contarle lo miserable que te sientes, pero te ayudan, pero cada ayuda, cada sacrificio es también una losa sobre tus espaldas, es sentirte más miserable, es cargar tu conciencia, comprendes que ya eres adulto, pero también un bebe inútil que jamás podrá devolver ni compensar a esas personas que te dieron la vida, así esa ayuda tan necesaria para sobrevivir, es a la vez oscuridad en tu corazón. La intención es la mejor, pero la manta que abriga, no deja pasar la luz.
Amistades, conocidos y compañeros, tan diferentes como los días, tan volubles como el mar, los amigos son calma y batalla, los amigos son mucho, y nada. Pero, aún diferenciando a los compañeros de copas de los amigos de verdad, ja! Asta que dejen de serlo, ninguno brilla a la mañana siguiente, ninguno impide que yo escriba esta carta de suicidio sentimental, nadie será amigo ni escuchará a quien habla por melancolía… esas estrellas brillantes, se esconden durante el dia.
El amor, precioso, sentimiento puro, sentimiento elevador del alma, fuente de fuerza, seguridad, poder, con el amor de tu parte te sientes capaz de todo, te eleva sobre las demás personas, te eleva sobre las casas, edificios, nubes, te acerca al sol, pero el amor tiene truco, la luz del sol quema, ciega, destruye, el amor… te eleva y eleva hasta que está seguro de que al soltarte te destrozará para siempre, porque el amor apagará la ultima y tenue luz que te quedaba como guía para seguir. El amor apagará la esperanza.
Cuanto más quiero ver la verdad, cuanto más desnudo mi alma hasta dejarla únicamente con una finísima envoltura de melancolía, mas negro se vuelve todo.
Cuando las cosas no van bien, estas solo y a oscuras, la sociedad que guiaba tu vida, tus relaciones, incluso tu forma de pensar, te da la espalda, pobre del que busque consuelo en la sociedad, nunca mas guiará tu vida, pero si la criticará, la humillará, y sancionará . Ese faro guía, se rompió.
Familia, apoyo perdido de otra época, reducida al más puro nucleo familiar y un monton de desconocidos o almas malditas, en pena, que solo pisan el mundo en navidad, alguna boda o comunión y cumpleaños de los más ancianos. Ancianos que si conocieron el significado de “familia”, ancianos que se aferran a la vida con una ilusión, ver un año mas el espejismo familiar. Esa vieja vela, se consumió.
Mientras que el núcleo, trabajadoroes que bastante tienen con lo suyo, te ayudan, te ayudan con ropa, comida, se sacrifican por tu salud te ayudan en lo material, pero no dan luz, ni pueden limpiarte de melancolía, ni puedes contarle lo miserable que te sientes, pero te ayudan, pero cada ayuda, cada sacrificio es también una losa sobre tus espaldas, es sentirte más miserable, es cargar tu conciencia, comprendes que ya eres adulto, pero también un bebe inútil que jamás podrá devolver ni compensar a esas personas que te dieron la vida, así esa ayuda tan necesaria para sobrevivir, es a la vez oscuridad en tu corazón. La intención es la mejor, pero la manta que abriga, no deja pasar la luz.
Amistades, conocidos y compañeros, tan diferentes como los días, tan volubles como el mar, los amigos son calma y batalla, los amigos son mucho, y nada. Pero, aún diferenciando a los compañeros de copas de los amigos de verdad, ja! Asta que dejen de serlo, ninguno brilla a la mañana siguiente, ninguno impide que yo escriba esta carta de suicidio sentimental, nadie será amigo ni escuchará a quien habla por melancolía… esas estrellas brillantes, se esconden durante el dia.
El amor, precioso, sentimiento puro, sentimiento elevador del alma, fuente de fuerza, seguridad, poder, con el amor de tu parte te sientes capaz de todo, te eleva sobre las demás personas, te eleva sobre las casas, edificios, nubes, te acerca al sol, pero el amor tiene truco, la luz del sol quema, ciega, destruye, el amor… te eleva y eleva hasta que está seguro de que al soltarte te destrozará para siempre, porque el amor apagará la ultima y tenue luz que te quedaba como guía para seguir. El amor apagará la esperanza.
Relato enviado por Jose Miguel Ros
Gracias Jose por enviar tu relato ;)
27 febrero 2012
'Ekaterina' de Tahis
EKATERINA
Sus ojos verdes penetraban inquietantes en los ojos de su marido buscando una explicación lógica a lo que acababa de ver.
Los ojos marrones de él buscaban causar compasión en ella.
Los ojos negros de la chica que estaba en la cama buscaban ocultar la risa que sus labios no podían disimular.
La mujer, la de ojos verdes, estaba en una habitación de paredes finas y llenas de grietas. Pintadas hace años y no vueltas a pintar jamás, esas paredes guardaban miles de historias: patadas de niños, manchas de alcohol en una esquina, firmas de chicas alrededor de las mesillas de noche y varios restos de pósters que fueron arrancados. La habitación pertenecía a un motel, el motel a donde van los hombres infieles a cometer adulterio, el motel de las indecencias.
- ¡Corre! – gritó el marido a la chica que estaba en la cama.
- ¡Tarde! – dijo la mujer de ojos verdes mientras apretaba el gatillo, dos veces.
Después del disparo, la mujer de ojos verdes corrió hasta su coche. Allí se sintió segura y a salvo. Dejó el arma sobre el asiento del copiloto y sonrió. La sonrisa se convirtió en risa y se desahogó así, riendo, de lo que había hecho: matar al hombre que la retuvo secuestrada dos años en su propia casa porque era un hombre celoso y posesivo, al hombre que la obligó a abortar porque no quería ser padre, al hombre que psicológicamente la había destrozado.
Arrancó el coche y condujo hasta un lugar apartado y se bajó. Allí se subió a otro coche, sabía que el regente del motel había pasado por situaciones parecidas y que la matrícula de su coche estaría en manos de la policía. Las situaciones parecidas habían sido ajustes de cuentas entre bandas callejeras y drogadictos que se matan por más droga. Ahora tenía otra, la de una mujer que se venga de su marido y de la amante de éste matándolos de un disparo, a ella en el pecho, a él en la cabeza.
En el nuevo coche condujo hasta llegar a la frontera con Rusia, puesto que ella vivía en Letonia desde que se casó. Allí cruzó a pie con una documentación falsa sin problemas. Lo había planeado todo, llevaba tiempo sabiendo cuáles serían los movimientos que ahora con precaución iba tomando. Le llevó muchas sesiones con un psicólogo y mucho dinero invertido en curarse de esa dependencia que sentía hacia su marido, pero finalmente se dio cuenta de lo que había hecho por él y de hasta donde había llegado: hasta abortar a su hijo.
Demasiado rencor que ahora se había convertido en alivio, sí, alivio porque él estaba muerto y no podía volver a hacerla sufrir. De nuevo sonrió con saberse libre. Mientras sonreía sentía la calle pasar bajo sus pies, inconsciente de lo rápido que caminaba, al ritmo de su corazón. Llegó al metro, no se acordaba de las líneas ni de cómo se cogía un metro, pero pidió ayuda y enseguida le supieron indicar. Varias horas más tarde llegó a su destino, San Petesburgo.
- ¡Katia! – dijo una anciana desde la ventana por la que veía pasar el día – Hija mía, cuántos años.
- Hola mamá. Deseaba verte.
- ¿Cómo estás cariño?
- Mejor que nunca.
- ¿Y Dima?
- Dima está muerto mamá.
- ¿Qué?, lo siento cariño – dijo la anciana mientras pasaba una de sus arrugadas manos por la espalda de su hija y la conducía dentro de la casa.
Dentro Katia le contó a su madre que Dima, su marido infiel, había muerto de un infarto mientras practicaba fútbol. Mentir a su madre le resultó tremendamente doloroso, pero peor sería contarle el porqué hizo lo que hizo: años de maltrato psicológico, aborto del que hubiera sido su único nieto, infidelidades y un largo etcétera.
La dulce anciana sacó unas sábanas de su armario y se las dio a su hija para que preparara la habitación. La habitación tenía las paredes pintadas de rosa claro, había cuadros pintados por ella misma y fotos de ella y sus amigas pegadas en todas partes. Los muebles, de madera y con barniz oscuro, estaban igual que la última vez que los vio. Una cama con un colchón viejo en el cual si te sentabas con fuerza notabas los muelles. Un escritorio lleno de libros de literatura antigua y con pequeño flexo para leer en las noches, al lado la estantería con el resto de libros y algunas figuras completaban la única decoración de la habitación. El armario era antiguo, había sido de su bisabuela, pero lo conservaba igual y dentro su ropa de soltera que no pudo llevarse a Letonia.
Miles y miles de recuerdos le vinieron a la cabeza mientras se acostaba en su cama. Cerró sus ojos y no pudo dormirse por mucho que lo intentó, había sido un día lleno de emociones de todo tipo y volver a San Petesburgo superaba en emoción al asesinato doble que había cometido esa misma mañana.
Su madre, en cambio, durmió su última noche completamente en paz. Quizá, a pesar del dolor que sintió Katia al despertar y encontrar a su madre sin vida, fue lo mejor que pudo haberle pasado. Horas más tarde la policía totalmente equipada para matar entró en la casa y se la llevó detenida para ser juzgada en Letonia.
Relato enviado por Tahis
Gracias Tahis por enviar tu relato ;)
20 febrero 2012
'EL BERGANTÍN VARADO' de Antonio Rodríguez
La silueta de un bergantín varado, rompe la raya de espuma que blanquea la arena a lo largo de la costa. En el claroscuro del atardecer un horizonte calmo le acaricia los costados. Es una figura fantasmal y rechina levemente al embate de las olas.
Solo el viejo pecio escapa al paisaje de una playa casi infinita. Tiene el esternón partido por el mar. Como un cadáver boca arriba, las costillas negras de brea perfilan siluetas afiladas que cortan el rojo del ocaso. La proa esta enterrada en la línea que separa el mundo del agua y el de las tierras solitarias.
A sus pies y casi en el aire, un timón de roble con herrumbrosos remaches repite un lamento incesante .Es la canción eterna que provocan las ondas de agua moviéndolo de derecha e izquierda, de izquierda a derecha..
Pasa el océano por las bodegas despacio y acariciante. Tres ventanucos de cuadernas rotas filtran la luz hasta las entrañas y donde antes olía a pez y alquitrán ahora solo duermen la espuma y el líquido verde con aroma de salitre.
Un cangrejo sube del agua y otro baja por la cadena del ancla.
El palo de mesana rasga al cielo como el brazo fino y seco de un cadáver. Arriba del todo taladra el éter, porque quiere juntarse con las primeras estrellas. Un poco mas abajo de la punta, cimbrea un jirón de vela que baila incesante una canción con el viento del Este. Si la ráfaga es un poco mayor, el trapo tirita ante su fuerza y cuando el aire amansa se desploma exhausto rozando la madera en busca de una caricia.
La langosta saca sus antenas por el sollado de popa bajo el agua. El último rayo de sol que refulge le toca en la verde coraza. Rápida se retira a su cueva de madera. No es la hora .Ya llegará la negra noche para nadar despacio en el silencio de la arena sumergida.
La cubierta tiene el círculo de un timón oxidado y restos del fanal que antaño alumbró la espuma rugiente vertida por las tormentas. Un cabo suelto, deshilachado, lo azota, y el responde con quejido metálico ante la ofensa. De vez en cuando es capaz de retener a la cuerda, que enrosca sus hilos en la estructura de bronce. Los dos cantan a coro, uno silbante el fanal, otro ronco, el cabo.
Solo falta la figura de un capitán fantasma, de gestos cansados y mirada perdida gritando órdenes envejecidas por el ron. “¡!A sotavento!!”.Esqueletos de marineros con pañoletas rojas, mueven el bergantín por la noche. Salen por las escotas y se apresuran con el aparejo dominando las velas.
Sentado en las jarcias, un contramaestre de color azul juega al solitario con los dados. Su cuerpo, nebuloso como la bruma se difumina en la sombra y cuando gana, el cráneo amarillento ríe enseñándole un diente de oro a la luna.
Por un ojo de buey, las calaveras de dos grumetes le hacen burlas a las olas y si el mar les salpica huyen divertidos hacia las entrañas del buque. De repente el cuarto cañón de babor retumba soltando una bala a las tinieblas. El fogonazo tiñe las velas de blanco y con el resplandor toda la tripulación empieza una vieja canción pirata. Tres viejos marinos desdentados llevan el ritmo golpeando la borda con sus manos de garfio.
En el castillo de popa un timonel de orbitas huecas mantiene el rumbo cantando y sueña que el barco se mueve rápido hacia el Cabo de Hornos.
“!!Cazar la mayor!!”. “Tensar los obenques!!”. Todo oscila entre el crujir de los palos. Arriba. Abajo. Retazos de mar y retazos de cielo estrellado. Arrecia el Levante y el farol de bronce derrama en la noche una luz mortecina sobre las olas. Relatos de bucaneros escapan a la brisa con sórdido lamento. El barco rompe veloz la negrura creando nácar en el agua a golpes de quilla. Todo suave y bronco. Todo tenso y todo suave.
Cuando la primera señal del sol define el horizonte, el capitán ya duerme en un camarote recubierto de algas. Los marinos se escurren hacia el castillo de proa y extienden sus jergones entre caracolas.
El bergantín le cuenta al viento con voz de madera vieja la singladura nocturna.
Una gaviota, expectante, lo escucha desde el cielo, parada en los masteleros.
Relato enviado por Antonio Rodríguez
Gracias Antonio por enviar tu relato ;)
03 febrero 2012
'Carta de amor.' de Brenda 4tC
Carta de amor.
Me entristece que ya no recuerdes nada de mí. De lo que un día fuimos.
Yo ya no puedo seguir con esto, tú no sientes nada ya. Pero yo sí, y no puedo soportar verte así…lo que más duro se me hace es levantarme cada mañana y pensar como era todo antes de que te diagnosticarán esta enfermedad.
Me gustaría recordarte todos los momentos que hemos vivido aunque sé que cada mañana o apenas en pocas horas te habrás olvidado ya. Es recordar que ya nada volverá a ser lo mismo y eso me rompe el corazón. Pero quiero que sepas que yo recordaré cada instante junto a ti, el resto de mi vida.
Sin embargo yo siento que no puedo esperar más. Nunca olvides que siempre te querré.
Adiós
Me entristece que ya no recuerdes nada de mí. De lo que un día fuimos.
Yo ya no puedo seguir con esto, tú no sientes nada ya. Pero yo sí, y no puedo soportar verte así…lo que más duro se me hace es levantarme cada mañana y pensar como era todo antes de que te diagnosticarán esta enfermedad.
Me gustaría recordarte todos los momentos que hemos vivido aunque sé que cada mañana o apenas en pocas horas te habrás olvidado ya. Es recordar que ya nada volverá a ser lo mismo y eso me rompe el corazón. Pero quiero que sepas que yo recordaré cada instante junto a ti, el resto de mi vida.
Sin embargo yo siento que no puedo esperar más. Nunca olvides que siempre te querré.
Adiós
Relato enviado por Brenda 4tC
Gracias Brenda por enviar tu relato ;)
02 febrero 2012
"Se busca pueblo" de M. Donibane
Cuando la reunión acabó lo primero que pensé es que era el plan más disparatado que había oído en toda mi vida.
Ser el alcalde de aquel pequeño pueblo suponía tener que acudir diariamente al ayuntamiento e intentar resolver los pequeños asuntos que hacían que todo lo relacionado con aquel pequeño municipio funcionara.
Arreglar por ejemplo el asfaltado del pueblo había sido uno de mis mensajes fuerza durante la campaña que me alzó como ganador de aquellas últimas elecciones.
Aunque también había sido el mensaje de mi amigo, vecino y adversario del partido contrario. Si yo fui elegido fue más debido a que mi familia era más numerosa. Y también ayudo el hecho de estar yo soltero, ya que eso me dejaba tiempo para estos menesteres burocráticos.
Pero lo que no era normal, al menos para un alcalde como era yo, era tener que escuchar lo que aquel personaje había venido a contarnos.
Y cuando empezó su alocución lo hizo diciendo lo que ya sabíamos. El pueblo se moría. Los jóvenes lo abandonaban para irse a las grandes ciudades. Y los mayores, pues se iban también pero a aquel lugar del que nadie ha vuelto.
Y siguió hablando de más cosas que ya sabíamos. Nuestro pueblo, además de ser pequeño, tenía de vecino a un gran pueblo, como era aquel que estaba a menos de cinco kilómetros, que con grandes monumentos y hostelería hacía que fuéramos aún más pequeños e insignificantes, y que los visitantes no pararan más que para preguntar como llegar al precioso pueblo de al lado.
Aquel visitante, un desconocido artista, al menos para mi y lo que era aún peor, para el buscador de internet google, había interpretado una visión y la estaba queriendo proyectar sobre nuestro pueblo, queriendo imponernos su personal estilo y ofreciéndonos aquello que ya dábamos casi por perdido que no era otra cosa que la salvación del pueblo.
Y era la mejor oferta que habíamos tenido. En realidad era la única. Nadie más había parado en nuestro pueblo para ofrecernos lo que aquella persona nos ofrecía.
En aquella reunión también había estado la concejala de cultura. María, que era como se llamaba, había permanecido callada durante toda la presentación. Y eso era precisamente lo que más me había desconcertado, ya que ella era de verbo fácil. Siendo una de las pocas solteras del pueblo nuestra relación había pasado por muchas fases. "Indiferencia" era quizás la más destacable, aunque no sabía muy bien por que la verdad. Pero éramos del mismo partido político y eso suponía tener que pasar mucho tiempo juntos, y ya se sabe, mejor no mezclar las cosas. Al menos no éramos de la misma familia.
- ¿Qué opinas? le pregunté al irse el portavoz de aquel extraño mensaje.
A lo que ella contestó.
- Opino que tenemos que pensarlo y darnos prisa. El ha dejado bien claro que tenemos una semana de plazo. Ni un día más ni uno menos.
- Opino que tenemos que pensarlo y darnos prisa. El ha dejado bien claro que tenemos una semana de plazo. Ni un día más ni uno menos.
- ¡Pues que se vaya a otro pueblo! contesté a María mientras ella se levantaba para dirigirse a su despacho. No me gustaba sentirme presionado. No estaba acostumbrado. Ser agricultor y llevar una vida tranquila era lo que yo siempre había querido. Yo no entendía de esas cosas.
Yo quería tener una legislatura tranquila. Mi padre fue alcalde y no tuvo que tomar decisiones así, lo mismo que mi abuelo, y mis tíos abuelos. Pero también era verdad que entonces el pueblo todavía no estaba en peligro de extinción.
Sobre la mesa estaba el informe que nos había presentado aquel individuo de aspecto normal, quizás demasiado para ser el portavoz de aquel increíble proyecto.
El pueblo se puede salvar y ser un referente en el mundo. El pueblo no “morirá”, más bien “nacerá”, saldrá de su letargo.
Y el habló especialmente de los colores.
- En la ciudad no hay colores, nos dijo.
- Y la gente que queremos vendrá de las ciudades. En la ciudad no hay cielos, ni se pueden ver los amaneceres, ni las puestas de sol. En la ciudad no hay tiempo para nada. Todo el mundo corre de un lado a otro, como gallinas sin cabezas, sentenció.
Y entonces explicó su plan en detalle. Yo jamás lo hubiera pensado. Lo que el me decía me sonaba a aquellos cuentos que de pequeño leí sobre temas fantásticos. Y el parecía totalmente convencido.
Pero para que aquello que el nos ofrecía se cumpliera había que pagar un precio. Uno quizás demasiado alto. Era como vender el alma del pueblo al diablo, al menos durante cinco años, y yo no sabía si podría hacerlo.
El proyecto marcaba bien a las claras las diferentes fases:
La primera era la de informar a los vecinos del pueblo sobre lo que debían hacer, que no era otra cosa que dejar pintar sus propiedades. Fachadas, ventanas, tejados, muros, incluso parte de los suelos de la carretera.
En caso de negarse no pasaría nada, pero perderían la ocasión de poder beneficiarse de aquella ocasión única.
En general las casas del pueblo necesitaban una mano de pintura, e incluso dos o tres, de eso no había duda. La pregunta que yo me hacía era si los vecinos dejarían que otros eligieran el color de las mismas.
La segunda fase se llevaría a cabo de forma simultánea. Pintores de brocha gorda plasmarían las ideas del artista y en menos de un año tendrían que tener acabado el gran lienzo, que no era otro que el pueblo. Basándose en un gama de colores muy alegres el artista haría del pueblo un gran cuadro cubista. Y como reclamo “el cuadro más grande del mundo en tres dimensiones”.
Color. Era la palabra que continuamente repetía aquella persona. Necesitamos mucho color. Lo llamaremos “Colorterapia” y es algo que ya está inventado nos dijo mientras sonreía abiertamente.
La arquitectura general del pueblo era la compuesta por las cuadradas formas de las casas, muy básicas, donde solo destacaba la iglesia con su campanario y tres o cuatro edificios con cierto valor histórico, los cuales serían respetados por el artista. Quizás se cubrirían con algunas lonas, pero quedo claro que nada de pintura sobre ellos.
El artista había llevado a cabo un estudio en profundidad de las posibles bondades del pueblo. Y hubo una en concreto que me sorprendió. No lo había pensado nunca. Su gran valor era que cambiaba cada día y que era único, irrepetible, con una gama de colores que variaba dependiendo la época del año, de los vientos que la peinaban, de las nubes que lo cubrían, de la lluvia que la refrescaba y sobre todo y más importante, dependía de los ojos con los que fuera visto.
Era el cielo de mi pueblo.
Ya impresas en hojas, dentro del informe, algunas de aquellas fotos demostraban que aquel visionario no se equivocaba. Más de cien diferentes cielos se mostraban, ordenados uno debajo de otro, hasta completar diez por hoja. Y eran diez también las hojas.
Otra de las ideas de aquel ser era potenciar la visión de un pueblo donde a las noches, si te asomas a la ventana, o sales a pasear, podrás ver y sentirte parte de la vía láctea. Las estrellas, a diferencia de en las ciudades, tenían un brillo especial.
Es decir, venderíamos también el espacio.
Y por último, otro de los puntos fuertes, era el agua. El agua en el pueblo, debido a su situación geográfica, justo en un punto donde convergían los grandes arroyos que desde las montañas traían el agua de las derretidas nieves, era de una gran calidad.
En resumen, cielo, espacio y agua serían los puntos fuertes de la campaña que como si de una gran agencia de publicidad el artista quería promocionar.
Hasta aquí todo podía ser más o menos ser interpretado de forma positiva. Promocionar el pueblo era el objetivo. Hacer que aquellos posibles visitantes parasen aquí era un sueño. Ser otro pueblo. Al menos parecer otro.
Pero solo había una condición. Una indispensable para ser llevado a cabo el plan.
El nombre del pueblo debería durante cinco años el apellido de una conocida marca de agua minerales. Aquella marca sufragaría los gastos de la pintura y promoción de aquella obra. “Asensio” que era como se llamaba el pueblo se llamaría ahora “Asensio Puravida”. Y bueno, siempre era mejor que llamarse “Asensio Coca-cola” o “Asensio Malboro”, pero en cierta forma el pueblo ya no sería nunca más el pueblo. Pero mejor un pueblo que sea un poco menos como era y poder asegurar su existencia. Y además, después de cinco años seríamos otra vez “Asensio” y ya nos habríamos elevado a la categoría de “pueblo con interés turístico” y podríamos seguir solos.
Aquella noche casi no dormí. Mi almohada tuvo que escuchar muchas de las dudas que aún yo tenía.
Cuando desperté y después de un sueño iluminador donde en la plaza del pueblo una gran estatua con mi esfinge rendía honores a mi decisión estaba ya convencido de lo que tenía que hacer. Aceptaría aquel trato.
Aquella nueva mañana, el día después al que sería conocido como el día más importante del pueblo decidí asomarme al balcón consistorial. Contemplando el grueso de las casas del pueblo pude imaginar el espectáculo de color y de luces.
Cuando María volvió a entrar en el despacho fue acompañada de un periódico en la mano.
En la portada se podía ver la fotografía del individuo que nos había visitado junto con un gran titular que ponía “Detenido y llevado a una clínica mental el conocido como diseñador de pueblos”.
Tras mirarnos durante unos segundos María y yo supimos que el pueblo había perdido su última oportunidad.
- ¿O quizás no? dijo María mirando la foto del periódico.
- El nos ha enseñado el camino, busquemos a un artista que nos ayude, además, solo el plan de un loco puede hacer que salgamos del problema que tenemos, dijo María mientras reía con grandes carcajadas.
Mientras pensé que aquella mujer tenía algo especial.
¿Y si mientras cenamos hablamos del asunto? le dije aprovechando que ella tenía bajada la guardia. Ella dejo de reír súbitamente y temí lo peor, pero con un "te espero a las nueve en mi casa" se despidió.
El pueblo sobreviviría, al menos una generación más, o eso quise pensar en aquel momento mientras me quedaba pensando en aquel extraño individuo que como un recuerdo fugaz había elegido pasar y de alguna manera quedarse para siempre en nuestro querido pueblo.
Relato enviado por M. Donibane
Gracias
M. Donibane por enviar tu relato ;)
Blog de M. Donibane: http://donibaneleku.nireblog. com/
26 enero 2012
'Lenta agonía' de Dorfles
--Usted la conoció desde que eran niños y se enamoró de ella inmediatamente. Vivían en casas una enfrente de la otra, se veían en todo momento. Se criaron y jugaron juntos, compartían los mismos amigos.
--Sí, así fue siempre.
--Usted creyó que no era necesario decirle que la amaba pero lo hacía y para halagarla. El tiempo pasó, los dos crecieron, y el amor que sentía fue aumentando con los años. Cuando usted comenzó a estudiar su carrera ella, como todas las mujeres decentes de su pueblo, se quedó en casa a prepararse para ser una buena esposa, un ama de casa sabia y eficiente, una madre responsable y cariñosa, en fin todo lo necesario para el manejo de un hogar como debiera de ser. Por eso, en cuanto usted terminó sus estudios y se estableció la pidió en casamiento.
--Sí, y fui el hombre más dichoso sobre la tierra cuando sus padres y ella misma me dieron el sí.
--Entonces se casaron y se fueron a vivir a una casita que los padres de usted les regalaron, como era costumbre en esos tiempos, y ahí comenzaron su envidiable vida matrimonial. Tuvieron un hijo, luego una niña y finalmente otro hijo. La felicidad y satisfacción de usted no tenía límites.
--Yo era el ser más dichoso sobre la tierra, se lo confirmo.
--Poco después usted se dio cuenta que en su matrimonio ejemplar algo había y de lo cual no se había querido percatar. Su esposa a menudo lo humillaba delante de sus amigos pero usted lo tomaba como una broma, hasta que una vez, en una fiesta, ella se quitó un zapato y se lo aventó en el rostro. Igual que siempre, no hizo el menor caso pero un amigo que estaba junto a usted le hizo ver que eso era un insulto, una humillación, un mensaje de insatisfacción por parte de ella.
--Yo la quería tanto, la amaba con locura, que jamás me ponía a pensar nada negativo que de ella viniera. Mi risa se apagó cuando ese amigo me hizo ver la realidad.
--A partir de entonces fue analizando cada uno de sus comportamientos, cada una de sus palabras y se dio cuenta que no sólo lo humillaba en público sino a solas en su hogar. Además de hacerlo sentir que lo asfixiaba con sus atenciones fingidas de excelente ama de casa. Desde ese momento usted no dejó de criticarla para sus adentros, de fisgonear cada paso que ella daba, de analizar cuanto le dijera.
--Así me recomendó mi amigo que hiciera, para descorrer el velo que opacaba mis ojos, y la viera tal como era.
--Fue así que en su mente empezó a gestarse una sola idea, una idea firme que le hacía arder las venas. Hacerla desaparecer, quitarla de su camino, matarla. Estudió la manera en que pudiera hacerlo sin dejar huella, sin que apareciera usted como el culpable. Después de planearla por mucho tiempo decidió matarla de un balazo. Compró todo lo necesario, creó el ambiente propicio para la escena pero al último momento erró en su puntería, ella se movió y usted tuvo que esconder de inmediato el arma antes que se diera cuenta. Esto le sirvió para pensarlo mejor. De asesinarla su sufrimiento sería instantáneo y eso no era lo que usted quería. Su interés era hacerla sufrir lentamente, que su agonía fuera tortuosa y se diera cuenta del porqué lo había hecho usted.
--Medité mejor otro plan y lo consideré el más adecuado. Abandonarla a su suerte, alejarla de mí que era tan dependiente en todo, humillarla ante la sociedad etiquetándola como una mujer abandonada, despreciada por su marido.
--Con el paso del tiempo supo que ella agonizaba en su soledad pero usted no se condolió, jamás fue a verla. Los hijos se habían casado y radicaban en otra ciudad, felices de haberse alejado de su protección que también los aniquilaba. Cuando supo que había muerto pronunciando su nombre y la palabra perdón, ¿qué hizo usted entonces?
--Reí satisfecho. Me sentí reivindicado.
Relato enviado por Dorfles
Gracias Dorfles por enviar tu relato ;)
Gracias Dorfles por enviar tu relato ;)
19 enero 2012
'¡Qué vueltas da la vida, profesor Márquez!' de Jon C.
12 de Agosto de 2002
El profesor Márquez se esmeraba en los últimos retoques. La causa de sus desvelos se presentaba ante él por fin, lista para deshacer el mal, presta para traerle el descanso. Ese ingenioso artefacto iba a permitir al profesor pasear por el tiempo con la placidez de quien lo hace sobre hierba fresca. Pasear hacia delante para descubrir… Descubrir en el futuro lo que el género humano daría de si en aspectos tecnológicos, sociológicos, políticos… Pero la intención inicial del profesor no era mirar hacia delante precisamente. Si el futuro le permitía ver, el pasado le ponía en bandeja evitar.
La vida de Márquez giraba en torno a ese verbo desde hacía 40 años. Desde que amaneció en su privilegiado cerebro la idea de construir una maquina del tiempo, hasta que ajustó el último tornillo de su cromada carrocería, el único objetivo en la vida del profesor se convirtió en evitar la muerte de un hombre.
Cuarenta años antes de dar a sus sueños forma de máquina, un joven recién doctorado profesor Márquez experimentaba junto a sus compañeros de facultad los efectos de la ingesta masiva de bebidas alcohólicas junto a la inhalación de opiáceos, durante la fiesta de fin de carrera. Pero el destino a menudo se presenta como un pésimo jugador de ajedrez, que entrega su rey en un movimiento nefasto teniendo la victoria en la palma de la mano. Así fue como perdió Márquez. La prometedora carrera de un brillante ingeniero al que se le abrían las puertas del éxito, quedó en el camino como el pellejo seco que muda una serpiente.
Al regresar a casa tras la fiesta en aquella noche lluviosa, dando bandazos con su furgoneta, no llegó a ver a tiempo a aquel viejo, desmadejado en medio de la carretera con la sombra de la muerte asomando por sus ojos. Márquez nunca llegaría a olvidar la expresión de aquella mirada; pues donde debió haber miedo, solo había desconcierto…. duda.
Después solo un ruido ensordecedor, y un cuerpo roto.
Márquez no pensó en bajar del vehículo ni un solo momento. Todo le parecía un mal sueño. El miedo le hizo vomitar dentro de la furgoneta hasta llenar sus ojos de lagrimas calientes y espesas, pero apostó por su propio futuro frente al de aquel viejo. Abandonó el cuerpo bajo el aguacero, arrancó el vehículo, condujo hasta su casa, se asestó una dosis brutal de tranquilizante y se acostó. Al dia siguiente, cuando abrió los ojos la luz le hirió como una daga en lo mas profundo de su cabeza. Durante la noche había vomitado y toda la habitación olía a destiladero.
El joven profesor no recordó nada hasta que empezó a sorber el café. El recuerdo vago pero certero de lo que había sucedido la noche anterior pasó del fondo de su subconsciente a la superficie de su consciencia como un mazazo. No reaccionó durante todo el día, ni siquiera cuando el informativo se hizo eco de la noticia.
El remordimiento se posó en él desde aquel día como un cuervo negro, infecto y maloliente, hundiendo el pico continuamente en su conciencia:
-Asesino
Sentía desgarrarse su cordura a cada picotazo:
-Asesino
Día y noche, mes tras mes, año tras año:
-Asesino…
Desde la locura Márquez descubrió que la única manera de acallar al cuervo, era privándole del argumento que lo hizo nacer. Tenía que dejar de ser un asesino. Para dejar de serlo debía salvar a un hombre muerto 40 años atrás. De un modo u otro Márquez no pararía hasta lograrlo.
Y aquí estaba ahora, abriendo la escotilla a punto de iniciar su viaje. Muerte al cuervo.
1 de Abril de 1962
El profesor apareció de la nada a bordo de su máquina humeante. Le dolía insufriblemente el cuerpo y se sentía desorientado. Pensó que estaba a unos pocos metros de él mismo 40 años mas joven y acudieron a su cabeza cientos de paradojas temporales sobre como afectaría a su futuro el hecho de salvar a ese hombre. ¿Qué coño estaba haciendo, pensándolo bien?
Márquez cayó en la cuenta de que estaba perdiendo un tiempo precioso y reaccionó. Tiró con brusquedad de la rueda que abría la escotilla, y en un momento sus cuatro pelos estaban chorreando a causa del intenso chaparrón. En cuanto sus pies se posaron en el suelo, comenzó a correr en dirección al lugar en el que ¿Se convirtió? ¿Iba a convertirse? En asesino. Prácticamente estaba alcanzando el terraplén que precedía la porción de asfalto que estaba a punto de teñirse de sangre cuando su pie derecho tropezó con la raíz de un roble. Todo fue muy rápido. Márquez aterrizó sobre la hierba mojada y bajó por el terraplén dando tumbos y quebrándose algunos huesos. En la última voltereta dio con la cara en el asfalto mordiéndose la lengua. Una explosión blanca de dolor hizo retumbar su cabeza.
El profesor tuvo el tiempo justo para incorporase un poco y quedar deslumbrado por los faros de una furgoneta que estaba a punto de atropellarle. Unos faros sobre una matrícula que el conocía muy bien. Allí no había mas viejo que él mismo. Márquez solo tuvo una décima de segundo para llenarla de un sentimiento. ¿Miedo? No. Mas bien desconcierto….. Duda
Relato enviado por Jon C
Gracias Jon por enviar tu relato ;)
11 enero 2012
"La física y la economía" de Antonio Rodríguez Plaza
El regato atravesaba la carretera describiendo graciosas curvas sobre el asfalto.
La ladera que traía el agua de las cumbres, arrancaba de mas arriba, donde un sol primaveral, derretía poco a poco los últimos hielos del invierno.
El ambiente era limpio, plácido y casi sin ruido. Un pájaro carpintero lanzaba su “toctoc” rítmico desde las entrañas del bosque y el aire, frío todavía, acariciaba las agujas de los pinos moviendo las ramas con suavidad.
La carretera ascendente o descendente, según se mire, serpenteaba superando de manera ingeniosa una empinada cuesta camino del famoso chiringuito cervecero “El Motero Feliz”.
Alejandro Perez de profesión operador de “call center” tenia algunas pasiones en su vida que no dejaban de ser poco originales. No rozaba la vulgaridad pero estaba muy lejos de lo excéntrico. Además era un poco tacaño.
Cuando acometió la curva que se cerraba justamente en la umbría, el paso brusco del
sol a la sombra lo dejó momentáneamente sin ver nada. Era una sensación conocida y no dejaban de ser unas décimas sin importancia. Por lo tanto siguió apretando el puño de la Daelim coreana mientras sus ojos se acostumbraban a la semioscuridad bajo la pantalla transparente del casco.
La rueda delantera rompió el regato dejando una mancha horizontal de agua en el asfalto y unas gotitas laterales, pero al pisar con la trasera y ante un líquido extraño, ésta se negó a seguir la misma trayectoria.
Alejandro Perez había estudiado con encono y final frustrado dos años de Físicas y actualmente un módulo de Economía Empresarial que llevaba a trompicones.
Rápidamente y por el conocimiento de las leyes que mueven los cuerpos en la atmósfera, se dio cuenta ante el brusco cambio, de que el equilibrio de fuerzas, en un segundo había cambiado totalmente.
Hubo un ligero chirrido y de acuerdo con Newton y otros sabios irrefutables, la moto emprendió una carrera loca adelantándole por la derecha todavía en plan zigzagueante. Pesaba más y el motor todavía tiraba con ganas, ante el aligeramiento repentino del piloto.
Él en cambio, tras un pequeño vuelo aterrizó en el asfalto sobre la espalda.
La carretera por producto de la técnica, descendía a la salida de la curva, por lo cual era previsible una cierta aceleración en los cuerpos que se desplazaban en aquel momento de manera incontrolada.
Cuando compró aquel mono de falso cuero, un vendedor, raramente profesional, le hizo la observación de que si bien protegía perfectamente contra el viento, no era el adecuado para el caso de un accidente. Lo insuficientemente grueso del tejido se Empezó a notar con rapidez.
Recordó los principios del rozamiento y el calor que se generaba cuando dos objetos se frotan entre sí. En este caso la reacción fue fulminante.
La culera y los guantes (regalo incluido en el pack de aquel pantalón maldito) ,al roce con el asfalto iban elevando los grados de sus posaderas y las yemas de los dedos a temperaturas insoportables.
Había ahorrado en el mono, porque con la diferencia de precio podía ponerle unos cromados a la máquina, de esos que a las woman moteras les resultaban insoportablemente atractivos.
De haber aceptado la chupa y los pantalones que le ofrecía aquel dependiente soberbio (con el fin de engañarle), ahora no se vería por 100 malditos euros de diferencia, viviendo en directo la entrada de un meteorito en la atmósfera terrestre con forma de su propio culo.
Mientras tanto, la Daelim coreana ya había llegado a donde la carretera empezaba a bajar, por lo que con un gracioso saltito cayó con estrépito de costado.
Alex, empezó a adelantar en el arrastre y por razones de su superior peso, a un montón de cromados que se desprendían de la maquina entre una nube de chispas azules y rojas.
Atrás iban quedando también la maneta del freno, el pedal de las marchas y la mitad del guardabarros delantero.
Ante su sorpresa y en una décima de segundo en que pudo enderezarse, observó que el neumático trasero aún dando vueltas presentaba un agujero considerable.
Aquel maldito vendedor le había dicho “Mire Vd. las gomas duras no se las aconsejo. No tienen ninguna adherencia, en mojado incluso resultan peligrosas. Valen 130 € menos que las semiblandas pero es la opción mas razonable. Si un día tropieza Vd. con un charco…”.
Si bien todo esto sucedía a la velocidad que suceden más o menos estos siniestros, a Alex se le pasó por la cabeza que sin ser Keynes o Paul Krugman era fácil deducir que la baratura en el equipamiento era directamente proporcional al tamaño del accidente.
Un dato más vino a corroborar su reflexión:
Plantado al borde la cuneta, altivo e indiferente, aquel pino piñonero estaba empeñado en no moverse ante lo que se le venía encima. Siguiendo las leyes del crecimiento y mientras seguía patinando dolorosamente sobre la espalda, Alejandro Pérez le calculó una altura de 16 Mts y lo más preocupante, un tronco tan negro como la umbría, que no bajaba de 90 centímetros.
Sin saber porqué, sus alocados pensamientos pasaron de nuevo de la Economía a la Física .Una formula le golpeaba el cerebro: Energía =Masa por Velocidad de la Luz al cuadrado.
La Daelim llegó primero al árbol que para eso llevaba ventaja. Con un estrépito que hizo volar todos los pájaros del bosque al primer toque pareció querer darle un abrazo de muerte a aquel tocón duro como una piedra. Éste se estremeció ligeramente y como el golpe fue algo lateral, los restos de la maquina salieron despedidos desapareciendo por el talud de la cuneta.
Talud?. –Pensó Alex-.!!Hay un talud!!!
Los acontecimientos se precipitaban y la distancia entre aquel monstruo de madera y nuestro protagonista disminuían según su apreciación, a poco menos que la velocidad de la luz.
En aquellos momentos el calentamiento se hacía ya insoportable en las posaderas y en los dedos era casi fuego. En la alternativa de parar contra el pino (rozamiento “0”) ,la fuerza de desaceleración “G” podía ser sencillamente mortal, visto el impacto de la moto.
En la segunda opción (desviarse ligeramente y caer por el talud), entraba de lleno la constante de Newton sobre la gravedad, con el morbo de no saber las características del vuelo cuando sobrepasara la cuneta.
En un puro reflejo clavó el tacón de la bota derecha en el asfalto eligiendo la emoción del espacio aéreo incontrolado.
El cuerpo giró sobre si mismo, dejó el árbol a la derecha, y empezó a volar naturalmente hacia abajo.
Un grito agónico con dos palabras se escapó de su garganta:
¡!Mamaaaa!!!! ¡!!!!Pititaaaa!!!!.
Mama lógicamente era la madre que tenemos todos y a la que instintivamente mentamos cuando hay peligro de retornar involuntariamente al mundo del más allá.
Es posible que si la Sra. Mercedes viera en ese momento a Alex, hubiera sido ella la que a través de un soberano infarto hubiera traspasado la barrera definitiva..
Pitita era otro asunto. Pitita era alta, delgaducha con melena negra y una sonrisa Profidén que pasmaba a cualquiera.
Sus atributos naturales pasaban por una pechera moderada y un trasero realmente espectacular por forma, tamaño y exhibición en los andares.
Cuando se sentaba en la moto, aquel culo se expandía eróticamente conduciendo a través de una espalda recta como una vela, hacia un pelo azabache en coleta, que a Alex le volvía loco.
Esa rectitud lumbar acentuaba la pretensión de Pitita de exhibir mas tetas de las que poseía. Complementaba la pose antes de salir andando, con una cazadora sin abrochar por donde un suéter rosa de cremallera escandalosamente abierta, dejaba entrever los dos atributos hasta el límite deseado por todos.
Se la quitó a un gordito con Honda Goldwin en una reunión cervecera hacia dos años. Era peluquera y un poco facilona , por lo que Alex vivía bastante atormentado.
Apenas había iniciado la curva descendente con la “a” de Pititaaa alargándose en la garganta, cuando la trayectoria se volvió totalmente vertical. La resistencia en el aire por efecto del pataleo desatado ante en vacío, no tuvo el mas mínimo efecto. Dada la incapacidad de planeo de aquellos dos miembros que en nada se parecían a los alerones de un Jumbo, Alex entró en barrena.
Encogió los hombros, cerró los ojos y en posición de espaldas vio como el verde del pino se sustituía rápidamente por el azul del cielo.
Penetró por un aliso rompiendo ramas con estruendo y con un ¡! Dios, que me mato!! esperó sin respirar a que se lo tragase el suelo.
No sonó “catacrac” como era de esperar, sino un “Choff” profundo cuando la columna de agua se levantó para dejar paso a su cuerpo. Había caído en el río.
Todos los fenómenos físicos se suavizaron a la vez. La desaceleración fue comedida y el nivel de rozamiento dio paso a un regusto inimaginable cuando el líquido elemento le invadió las posaderas y los agujeros de los guantes.
Desde que Pitita, en algunas salidas a la playa de Gandia se quitaba el bikini en una carrera loca hasta las olas con el agua todavía por las rodillas, se había convertido en un experto nadador. La bronca de las señoras mayores y madres con niños que llamaban guarra y desvergonzada a la morena que les pasaba embalada por delante y en pelotas, le obligaba a correr detrás de ella recogiendo de paso aquellos dos cachos de trapo en forma de bañador.
De dos brazadas y medio ahogado por el casco que todavía conservaba subió a la superficie.
Como la refrigeración dado que estábamos a final del invierno era excesiva, con otros dos enérgicos golpes de braza se plantó en la orilla completamente congelado. Una pequeña sonrisa empezaba a cubrir la boca de Alex. Estaba salvado. Agarrado a unos juncos intentó salir del agua cuando con un grito desgarrador levantó la pierna derecha.
La suela de la bota, por efecto del frotamiento en el esquive del pino, había desaparecido y en su lugar un trozo del piloto trasero de la Daelim estaba clavado con saña.
.-¡!Me caguen mi figura y las puñeteras botas!!.
Mientras cojeaba volvió de nuevo a la economía. Aquel vendedor engreído le dijo con sorna “Llévese estas que son chinas, son baratas y no parecen malas”.Según las acercaba a la caja, percibió también una cierta risita de cachondeo que movía la espalda de aquel despreciable sujeto.
El frío arreciaba con saña y después de un par de intentos de salir a la pata coja, consiguió dejar el arroyo como una rana enferma, es decir sin saltitos, reptando y croando de dolor por aquel plástico incrustado en su talón.
Otro grito retumbó en el bosque .En la cirugía improvisada de extraer el piloto con la mano Alex obvió las cinco ampollas que coronaban los respectivos dedos.
.-¡!Mierda de guantes!!.
Como es normal en la conducta humana, una vez constatada la supervivencia, empezó un repaso a los daños colaterales: Se había quedado sin moto (5 plazos sin pagar), sin traje (trescientos euros pendientes) y el seguro que tenía contratado con Singapur a través de Internet, era tan restrictivo en el pago de indemnizaciones, que como no se lo llevara por delante un camión saltándose un Stop delante de la Guardia Civil no cobraba ni un puñetero euro.
Había quedado con Pitita a las cinco en la peluquería para que le repasara el tupé a lo Elvis que tanto le gustaba a ella. A las cinco y media, por ley de probabilidades, Pitita se iría con el primer mensajero de moto gorda que pasara a su lado llamándola maciza, tía buena o algo equivalente... La conocía.
Alex empezó a hundirse moralmente a la misma velocidad que penetró en el rio. Se dio cuenta de que en la precipitación había salido por la orilla contraria con respecto a la carretera, por lo que para recuperar la posición normal de pedir socorro, tenia que tirarse al agua, cruzar y superar el talud escalándolo .Misión poco menos que de boina verde.
Alex seguía hundiéndose moralmente y el frío apretando. Buscó el móvil para marcar un SOS. Por un proceso bastante razonable de inundación en los circuitos, el Nokia dijo que pasaba de encenderse. Le dio una risa tonta.
Registró la cazadora en el movimiento instintivo que todos hacemos de vez en cuando, para comprobar que la cartera con la pasta y la tarjetas siguen en su sitio.
Y aquí llegó el summun: La cartera no estaba…. Pero algo se movía en el centro del rio:
Dice Stephen Hawking en su teoría de los agujeros negros que uno de estos fenómenos cósmicos es capaz de absorber hasta la luz y por supuesto cualquier objeto que caiga bajo su atracción.
En una copia de maqueta, aquel gracioso remolino tenia atrapada la cartera. Para no darle la razón al reputado sabio, ésta desaparecía bajo las aguas y a los veinte segundos volvía a la superficie.
En la primera desaparición iba cerrada y volvió abierta. A Alex de momento le dio otra vez la risa tonta.
En el segundo hundimiento apareció con un billete de 50 euros a su lado nadando, que después de tres o cuatro circulitos naufragó definitivamente hacia el fondo.
Al tercero un segundo billete esta vez el único de 100 € siguió por el mismo camino.
.-“Cono,coño”.- Dijo Alex ya con mirada de loco.-.” Mis estudios me persiguen. El punto de unión entre el Hawking y la economía a mi alcance”.
Empezó a correr por la orilla a la pata coja cantando de manera incoherente “El submarino amarillo” de los Beatles. Su mente ya no podía más.
Lo encontraron a las cuatro de la madrugada dos guardias civiles de montaña, el 112 con ambulancia y un motero desconocido que acompañaba a Pitita.
Mucho les costó convencerle de que se tumbara en la camilla mientras con los dedos sangrantes escribía fórmulas supuestamente matemáticas. Estaba recostado contra un árbol en plena oscuridad..
“Espere señor, espere un momento que ya casi lo tengo”.Le dijo a un 0112 temblando como un pajarito y aferrándose a los apuntes.
“Ande, ande, túmbese en la camilla que tenemos que pasar el rio por la tirolina”.
Cuando lo metieron en la ambulancia seguía riendo como un loco. Un cuervo asustado arrancó de la arboleda graznando como si se solidarizara con sus pensamientos.
Relato enviado por
Antonio Rodríguez Plaza
Gracias
Antonio
por enviar tu relato ;)
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