11 enero 2014

'La niña triste' de Eva Gómez

'La niña triste' de Eva Gómez

En su infancia era una niña de ojos tristes, mirada al suelo y voz bajita. No tenía amigos pero tampoco los quería, le bastaba su imaginación. Con su cabecita inventaba historias de príncipes y princesas, dragones en los que podías volar, personajes malvados que ganaban a los buenos.

Por ejemplo, le gustaba mucho la historia de “La niña de los fósforos” escrita por Hans Christian Andersen. Es una historia triste, como era ella, pero le gustaba muchísimo, la idea de entrar al cielo con su abuela, la única que la había tratado bien, a la niña triste le parecía preciosa, y le hacía lucir una tímida sonrisa en su cara cuando leía el viejo cuento, como la sonrisa de la niña de los fósforos ya muerta, tras `La toda una serie de maravillosas y anheladas imágenes.

La niña triste pensaba que el anhelo y “el echar de menos” eran realmente perjudiciales para uno mismo, las ambiciones quedaban para los que querían ser famosos. Ella pensaba que no 
había que necesitar nada en la vida, ser feliz con lo que se tiene y no tener curiosidad por la vida de los demás.

Poco a poco la niña fue creciendo y su soledad se le hacía demasiado grande, no la abarcaba su familia, se sentía sola y echaba de menos, comparaba su vida con la de los demás,…y ésta comparación la llevó a tener complejos. Si no se hubiese comparado nunca…Tenía complejos físicos porque veía a otras chicas más guapas, complejos psicológicos porque veía a esas chicas más guapas más seguras de sí mismas. O veía chicas que presumían de ser raras, y eran felices con su diferencia, pero ella no era feliz con lo que le hacía diferente a las demás.

Un día le dio por catalogar sus diferencias y escribió en su cuaderno cosas así:
- soy más fea que las demás
- soy más tímida que las demás
- soy más bajita que las demás
- hablo peor que las demás, etc.

Se podía llamar una “lista de penas” que ocupaban más de un folio, todas acababan con las mismas palabras: “…que las demás”. La joven releía una y otra vez esa lista, hasta que un día conoció a un chico que le dijo que merecía ser feliz. Este chico era uno que iba a su misma clase en la universidad y se habían hecho amigos, su primer amigo. El chico le explicó muchas cosas, cosas que ella ya sabía o había pensado, pero lo de merecer ser feliz le pareció excesivo, ¿alguien en concreto merece ser feliz? Quizá la vio tan desesperada que la soltó esa frase, sin pensarlo. El caso es que la chica triste dejo de hablar con ese chico ese día. Y en vez de tener charlas con ese chico las tenía con ella misma. Y se replanteaba la existencia humana, el sentido de la vida y otras cosas.

El chico, que estaba enamorado de ella, nunca lo entendió, pero siguió su vida, como hace casi todo el mundo. Hay otros que se estancan en una época de su vida y no siguen viviendo. Esta chica volvió a coger su lista de penas y leerla.

El día de sus 23 cumpleaños tiró esa lista, y recordó “La niña de los fósforos” y volvió a sonreír, pero esa sonrisa le duró poco. Se dio cuenta de que la niña de los fósforos en realidad no había vivido esas maravillosas escenas, sino que las había imaginado, y que a ella la pasaba igual que no vivía sino que imaginaba.


Relato enviado por Eva Gómez
Gracias Eva por enviar tu relato ;)

1 comentario:

Omar Otero Covelo dijo...

He leido tu relato y me llena de tristeza pensar que exista gente que no le omporta ser feliz y se acomoda a la soledad imaginanando fantasias sin observar que la vida se compone de muchas más cosas