22 agosto 2016

'Viaje a Sevilla' por Daniel Lerma Vilanova

'Viaje a Sevilla' por Daniel Lerma Vilanova

He tenido la suerte de viajar por casi toda España y parte del extranjero. Y digo suerte porque han sido viajes de placer o de negocios, nunca porque me obligaban a abandonar mi hogar. Pero recuerdo un viaje que se convirtió en una auténtica pesadilla para mí y el grupo con el que iba.

Era la segunda vez que viajaba a Sevilla la ciudad natal de mi abuela y de mi padre. La primera fue en una Semana Santa donde pude recorrer Triana el barrio donde nació mi abuela, y el barrio de mi padre  San José Obrero. En ese primer viaje recorrí haciendo gala de buena memoria, los lugares que mi abuela y mi padre me detallaban en sus historias mezcla de alegrías, melancolía y tristeza cuando abandonaron a la fuerza su Sevilla natal.

No sabría explicar el por qué el destino en su inmisericorde decisión, los arrancó de sus raíces, trasplantándolos como si fueran arbustos a otras tierras, para empezar a crecer en ese lugar, en su nueva vida, pero sí puedo decir que su capacidad de adaptación me ha hecho más fuerte y versátil, gracias a sus genes.

Pude descubrir, inmerso en esa burbuja rodeada de recuerdos y ávido de conocer lugares, costumbres que formaban parte de mi acervo cultural heredado de mis ancestros, así como todos los rincones de la Giralda, La Judería, la calle de la Sierpe, el Barrio de Triana, el Parque de María Luisa, Los Reales Alcázares. Aparecían ante mis ojos acompañados de esa música placentera que eran las voces de mi abuela y de mi padre y que solo yo oía y disfrutaba.

La segunda vez que volví a Sevilla, pude asombrarme de las obras que se hicieron con motivo del V Centenario y la Exposición Universal de Sevilla del 1992. La ciudad se expandía hacía todos los puntos cardinales de la capital andaluza, aprovechando el evento. A pesar del desarrollo de la ciudad la atmósfera de inseguridad que se respiraba en la ciudad prendió en mi mente como un mal presagio.

No pude evitar sentirme inseguro y violentado por la gente, en las calles, en las terrazas de los bares, siempre con el bolso agarrado por si te lo robaban. En los pocos días que estuve allí, la imagen idílica que conservaba de antaño desapareció por completo para convertirse en la imagen del infortunio y de la desolación.

Las desgracias que el destino nos tenía preparadas vendrían el domingo, una por la mañana y la otra por la tarde. Esté donde esté un mercadillo, sea en Barcelona, Madrid, Alicante, siempre hay que tener mucha precaución porque los carteristas suelen hacer el agosto a costa de los despistados. Esta vez no fue una excepción, desvalijaron a unos cuantos, entre ellos al que llevaba el dinero de todos, recogido antes, para pagar las visitas guiadas a La Catedral y la subida a La Giralda entre otras muchas.

-Si alguien te amenaza con una navaja y te dice ¡dame el bolso o el dinero  que lleves encima!, no lo pienses mucho, dáselo. Eso es lo que nos sucedió visitando el Barrio de Santa Cruz. Y siempre quedará grabado en mi memoria por la sensación que tengo de que podía haber hecho algo más para evitarlo, pero como digo: el destino corre para cumplir con su recorrido, no hay nada que hacer se cumple, de forma irremediable.

Después de la visita a la Catedral y de la subida a la torre Almohade y con 40º grados a la sombra y dada la imposibilidad de ubicar a las más de 50 miembros que formábamos nuestro grupo, nos separamos por grupos de cinco o seis personas en busca de una terraza con sombrilla dónde nos pudiéramos tomar una cerveza fría.

Después de dar un par de vueltas por las afueras de la Catedral nos adentramos en el barrio de Santa Cruz, dónde allí si tuvimos suerte de poder sentarnos unos cuantos, para descansar y tomarnos esa cervecita fría.

Y aquí vino la otra desgracia, a lo lejos vimos un grupo de 4 personas que pertenecían al autocar nuestro. Me levanté y las reconocí eran Juana, Mercedes, Paqui y Mary, les hice una seña para que se acercaran y me dijeron de lejos y por señas que después, señalando al Barrio de Santa Cruz para disfrutar de sus calles estrechas y adornadas con multitud de macetas con flores colgadas de los balcones. Les insistí diciéndoles que vinieran que nos apretábamos un poco pero me dijeron con un gesto, luego, luego.

Las vi desaparecer por una de las callejuelas y después, unas horas más tarde ya en el hotel una de ellas se lanzó contra mí, dando golpes contra mi pecho y gritándome con un ataque de nervios:

-¿Dónde te habías metido? ¡Te estuve llamando!

En aquella plaza donde estábamos sentados tomando la cerveza, había una fuente de agua que no paraba de manar y que nos refrescaba la cara al chocar contra el suelo, pero que hacía un ruido ensordecedor al caer al suelo, lo que evitó que ni yo ni nadie oyera los gritos de socorro de nuestras compañeras cuando fueron asaltadas en el barrio de las dos cruces clavadas, y donde el amor se cantaba entre sus calles estrechas.

Unos ladrones montados en una motocicleta, intentaron mediante el clásico tirón robarles el bolso a una de ellas, pero ésta se resistió a soltarlo, entonces el tironero se bajó de la motocicleta amenazándola con un punzón y pinchándola en la mano para que lo soltara, tampoco lo soltó, y es entonces cuando Juana una mujer valiente, conocida por todos nosotros por haber superado varias adversidades en su vida, se puso por medio a defender a su amiga y en el forcejeo, el ladrón le clavó el punzón en el corazón. Fue cuestión de segundos que cayera fulminada al suelo sin vida.

El destino eligió una ciudad hermosa para acabar con la vida de una mujer valiente de la mano de un miserable, cobarde y asesino que disfrutaba de un permiso de fin de semana, firmada por un juez de prisiones.


Relato enviado por Daniel Lerma Vilanova
https://clubcreaccio.com/2016/06/18/viaje-a-sevilla/
Gracias Daniel por enviar tu relato ;)