26 enero 2006

'Cartas a dos metros bajo tierra' de Dolores

Carta nº 12- (3 semanas sin ti)

El día de ayer fue bien duro. Un cúmulo de sensaciones odiosas que no se van de mi cuerpo, un aire de melancolía que no dejo de respirar. Una ausencia que nunca se va a cubrir, un hueco que nadie nunca podrá llenar.

¿Sabes que hice a mediodía? Dios! me da vergüenza solo recordarlo, que estupidez tan grande.
Hice la comida como cada día, uno de tus platos favoritos, de los que me encantaba hacer para ti. Y puse la mesa: dos platos, dos vasos, dos cubiertos de cada…
Será una tontería pero para mi era una forma de volver a tenerte, yo ahí sentada en silencio, mirando tu plato vacío, y imaginando como me decías lo bueno que estaba todo. Y así, después de comer sopa de lágrimas, recogí el mismo estúpido plato vacío y lo fregué junto al mío, como si hubieras hecho uso de él. Quería mantener todo como estaba, hacer las mismas cosas, como si nada hubiera pasado. Después me senté en el sofá. Llevé tu bata puesta toda la tarde, me queda horrorosa, lo sé, y sonrío al recordarme con ella. Pero es la que más suple tus abrazos, porque al llevarla puesta me abraza tu olor que sigue perenne en su tejido.
Me quedé un rato viendo la tele sin atenderla, solo veía imágenes, y nos imaginaba a los dos acurrucados en el sofá como todas las tardes criticando a los personajes que aparecen en los programas. De vez en cuando un anuncio me dejaba paralizada…esa canción… esa canción te encantaba. Me cabreé: ¿Por qué todo está relacionado a ti? ¿Por que todo me tiene que recordar a ti? Que tonta, pensé, si eras el centro de mi vida, pues claro que cada minúsculo detalle de ella me recuerda a ti, cada instante que he vivido contigo ha dejado millones de recuerdos que golpean mi mente continuamente.
Momentos maravillosos que al revivirlos, tu ausencia los devuelve amargos.

Y después te vi.
Apareciste mientras me peinaba. Yo estaba con la mirada ausente sin darme cuenta que me cepillaba el mismo mechón una y otra vez, y de repente un frío inesperado atravesó todo mi cuerpo, es una sensación que ya me es familiar, me acompaña desde hace tiempo y ocurre cada vez que noto tu presencia, es como si de repente el termómetro marcara diez grados menos.
Bajó la temperatura de golpe y entonces, al reaccionar enfoqué la mirada y seguí peinándome, y allí estabas tu, reflejado en el espejo, tu cuerpo asomaba por encima de mi hombro. Me giré velozmente pero no estabas, volví a mirar al espejo pero ya habías desaparecido. Me derrumbé, y grité en silencio sentada en la cama, ¿porqué me martirizas de esta manera?, no ves que así es imposible seguir adelante?
Me vestí corriendo y salí a la calle. Mientras paseaba despacio recordaba aquel momento. Tu cara…. Tenías una expresión tan tranquila, tan serena… quizás solo querías acompañarme en silencio pero te descubrí y te escabulliste. Puede que quisieras acercarte con disimulo y acariciar mi pelo como siempre hacías, me encantaba como enrollabas un mechón de mi cabello con tu dedo queriendo hacer un rizo, ese gesto me resultaba entrañable y hacia que te amara más y más.
Sí, quizás solo fue eso, me dije a mi misma, y tomé el camino de vuelta a casa.
Cuando llegué fui directamente a la habitación y me acosté sin cenar, quería que acabara ya el día, había vivido demasiadas sensaciones y estaba agotada de dolor, ese dolor que no se cuenta y duele en lo mas profundo del corazón, ese dolor que produce sangre en mi alma y sale al exterior en forma de lágrima.
Y con ese dolor me metí en nuestra cama, demasiado grande ya para mi sola, y apagué la luz.
Allí estaba yo una noche más, desconsolada y sola. Sin querer creerme que iba a tener que ser así eternamente, que ya nunca ibas a volver, y te maldije por irte sin dejarme despedirme de ti, en ese momento hubiera vendido mi alma al diablo si solo me dejara sentirte una última vez, abrazarte y notar los latidos de tu corazón por ultima vez, ver tus ojos brillantes diciéndome te amo por ultima vez. Maldita sea ¿Por qué me has abandonado? ¿Cómo se supone que debo seguir viviendo sin ti?
Entonces llena de ira, me levanté y saqué nuestro cajón de fotos, cada vez que veía una el dolor se hacia más y mas grande y quise romperlas todas porque ya había perdido la paciencia (…) La esperanza.
Pero enseguida te pedí perdón y las abracé todas y allí creo que quedé rendida en el suelo con el cajón tirado y las fotos esparcidas por todo el suelo de la habitación. Digo creo porque hasta ese punto es donde alcanza mi recuerdo.
Y hoy nada más levantarme y me he puesto a escribirte como así acordé que te escribiría cada día mi vida. Cuando termine recogeré las fotos que aún están en el suelo y empezaré un día más sin ti.

Te amo.

Hola cielo, hoy han pasado dos años desde que escribí esta carta, la encontré esta mañana mientras veía unas fotos que guardo de nosotros. Nunca te la llegué a mandar así que creo que hoy voy a ir a llevártela, hace mucho que no te escribo, desde que el guarda me dijo que no estaba bien que enterrara cosas al lado de tu tumba, pero como si no voy a hacértelas llegar?
Sabes que, mi vida?
Que ya no me duele recordarte. Desde que te fuiste he tenido momentos de locura, desesperación, angustia…otros de calma, de aceptación…
Ahora sigo adelante sin ti y a veces me siento un monstruo cuando te recuerdo y no lloro, pero creo que el mismo dolor ha sido el que me ha hecho más fuerte. No sé como ha sido, alguien me dijo un día que todos tenemos unos ángeles silenciosos que nos ayudan a ponernos de pie cuando nuestras alas ya no recuerdan como volar.

Relato de Dolores 26-01-06
Gracias Dolores por enviar tu relato ;)

3 comentarios:

OtreboR dijo...

Felicidades Dolores, me ha parecido un relato 'muy real', (desconozco si lo es o no) y me ha tocado la fibra.
Me ha hecho recapacitar en las cosas que uno piensa cuando pasa situaciones parecidas.
Lo cierto es que me ha emocionado.
Gracias Dolores, espero que sigas escribiendo y mandándolos aquí, por supuesto!!.
Un saludo

El ático dijo...

Enhorabuena, Dolores. Nosotros hacemos un programa de radio cultural para varias emisoras locales y hemos leído el relato en antena. Gracias por compartirlo.

Mar Palombo Martínez dijo...

Siempre me ha parecido uno de los mejores relatos que he leido, es sencillamente precioso :)