18 enero 2016

'Cuando no existe la luz…' de Jesús Cano

Cuando no existe la luz… de Jesús Cano

Caulí corrió por el bosque. Un oportuno accidente en la caravana-jaula le permitió escapar. No era un reo; era negra carne de comercio. Por aquellos contornos no pasaría desapercibido, toda la zona practicaba el esclavismo, y su color de piel era demasiado delator.

Tras largas horas de carrera tropezó con un poblado oculto en la espesa arboleda. A pesar de estar entrada la noche ninguna luz destacaba en las ventanas. Penetró en sus oscuras calles con temor. Escuchó lejanos tintineos por todas partes. Pero nada comprendió.

Alguien tropezó con su espalda, y el se giró aterrado. Pudo ver a una blanca dama que le reprochó:

-¡Estas loco! ¿Por qué no llevas los cascabeles en los zapatos?

- ¿Cascabeles? –Preguntó asombrado mientras la dama palpaba su cara.

- ¡Tu no eres de este pueblo! ¡No puedes quedarte sin el permiso!  – Y aferrándolo del brazo lo empujó hasta una gran casa.

Al penetrar, gracias a la tenue luz del fuego a tierra, pudo divisar un grupo de aldeanos. Pronto le dieron la bienvenida para explicarle el porqué de aquel pueblo. Muchos años atrás una extraña epidemia arrebató el sentido de la vista a sus antepasados. Temerosos del contagio, fueron desterrados a aquella oculta zona. Pero la extraña enfermedad resultó hereditaria, durante generaciones murieron y crecieron en el poblado sin conocer la luz.

Caulí enloqueció de alegría. ¡Sin la vista no importaba el color de la piel, pues no existía! ¡El cielo le había escuchado! Rió al recordar las veces que deseó ser blanco. Aunque faltos de un sentido, eran más perfectos que el resto de la humanidad.

- Y dime, hijo. –Hablo un anciano con voz tranquilizadora- ¿Cómo has llegado hasta nuestro poblado?

- Escape de una carreta de esclavos y la divina suerte me trajo hasta vosotros.

El anciano gritó indignado.

- ¡Habéis dejado entrar en esta casa a un sucio negro!

Caulí tornó a huir, estremeciéndose al recordar el odio asomando por aquellos ojos muertos... Odio, que comprendió, no nacido de un color; lo alumbraba un podrido sentimiento.

…El mal anda de puntillas.

Relato enviado por Jesús Cano
Gracias Jesús por enviar tu relato ;)

14 enero 2016

'El chico que amaba a una chica' de Tatiana Alejandra

'El chico que amaba a una chica' de Tatiana Alejandra

Había una vez un chico que amaba a una chica. Había también una chica que amaba a un chico. El chico y la chica andaban juntos y caminaban. A veces descalzos y algunas otras en zapatillas. El chico la amaba a ella. La chica lo amaba a él. Y juntos pensaban que se amaban. O sentían que se amaban. O lo intuían quizás. El chico y la chica hacían las compras juntos una vez por mes. Y de vez en cuando salían a pasear. 

Al chico le gustaba abrazar los árboles. La chica nunca se enteró. A la chica le gustaba tejer. Y el chico tampoco se entero. El chico jugaba a caminar una cuadra entera con los ojos cerrados imaginando cada paso. La chica jugaba a jugar. 
El chico amaba a la chica y casi nunca se lo decía. La chica amaba al chico y se lo decía en cada palabra que salía de su boca. Mientras, caminaban. A veces bailaban. Otras dormían. El chico tenía sueños. La chica tenía ilusiones. El chico y la chica tenían proyectos. El chico llevaba los sueños en la mochila. La chica llevaba las ilusiones en la mano. El chico y la chica se miraban. 

Un día, el chico dejo de mirar a la chica. Y la chica no tuvo a quien mirar. El chico se fue a abrazar árboles. La chica comenzó a transformar su energía. El chico leía solo. La chica jugaba sola. El chico abrazó la raíz del árbol de sus sueños y se amigó. La chica empezó a conocer su espíritu y le gustó. 
El chico y la chica caminaban separados. El chico caminaba para un lado. La chica caminaba para el otro. Los dos caminaban en círculos. Y en ese círculo se encontraron. El chico y la chica creyeron en el amor. El chico amaba a la chica. La chica amaba al chico. Y juntos pensaban que se amaban. O sentían que se amaban. O lo intuían quizás. El chico y la chica llevaron el sillón al balcón. 

Y juntos miraban el atardecer. El chico sacaba fotos con una cámara. La chica guardaba los atardeceres en el alma. El chico quería escribir un libro. La chica quería plantar un árbol. El chico y la chica adoptaron un perro. El chico no escribió un libro. La chica plantó muchos árboles. El chico abrazaba todos esos árboles que la chica plantaba. La chica nunca se entero. La chica quería leer un libro. El chico tampoco se entero. 
El chico y la chica viajaban juntos. La chica miraba el mar.

El chico enterraba los pies en la arena. El chico y la chica caminaban de la mano. El chico agarraba la mano de la chica. La chica cruzaba su brazo por el brazo del chico. El chico tenía miedo. La chica no se entero. La chica también tenía miedo. El chico lo intuía pero tampoco se entero. El chico y la chica llevaron la televisión a la pieza. La chica necesitaba la tele prendida para dormirse. El chico necesitaba la tele prendida para no despertarse. La chica sacaba a pasear al perro. El chico no la acompañaba. El chico se iba a mirar los partidos de fútbol a un bar. La chica no lo acompañaba. El chico no quería que la chica lo acompañe. La chica si quería que el chico la acompañe. El chico miraba a la chica. La chica tenía miedo que el chico la deje de mirar otra vez. 

Y el chico la volvió a dejar de mirar. Y la chica no tenía quién la mire. La chica decidió mirarse ella misma. El chico se quedó sin su espejo. El chico y la chica dejaron de caminar juntos. El chico caminaba para un lado. La chica caminaba para el otro. Y el perro caminaba con los dos. Y el perro fue un poco la excusa. 

Y el árbol fue el otro poco. Y el libro el espacio que quedaba. El chico abrazaba los árboles. A la chica los árboles la abrazaban. El chico pidió perdón. La chica aceptó disculpas. El chico comenzó nuevamente a caminar al lado de la chica. La chica tenía miedo. El chico amaba a la chica. La chica tenía miedo. El chico amaba más a la chica. La chica tenía mas miedo. El chico miraba a la chica. La chica miraba su espejo. La chica plantaba árboles. El chico no escribía libros. El chico adopto peces. La chica dejó de comerlos. El chico y la chica caminaban juntos. 


El chico agarraba a la chica de la mano. La chica cruzaba sus piernas con las piernas del chico. El chico leía para dormirse. La chica leía para aprender. El chico y la chica miraban la tele. El chico sacaba fotos de la chica. La chica miraba al chico. El chico miraba a la chica con la cámara en sus ojos. La chica miraba al chico a los ojos. 

El chico tenía un trabajo. La chica tenía muchos. El chico trabajaba en su trabajo. La chica jugaba a trabajar. La chica tenía los ojos radiantes. El chico tenía los ojos tristes. La chica acompañaba al chico. 

El chico disfrutaba de la libertad de la chica. El chico abrazaba a la chica. La chica abrazaba a la vida. El chico se quedó sin el único trabajo que tenía. La chica tenía miedo. Y el chico se despertó. Y eligió escribir un libro. Y eligió plantar árboles. Y eligió dar vida. Y eligió amar. La chica ya estaba lejos. El chico amaba a la chica. La chica amaba la vida. El chico la dejó ir. Y la chica se fue.



Relato enviado por Tatiana Alejandra Forero Duque
 Gracias Tatiana por enviar tu relato ;)

11 enero 2016

'Viaje al infortunio', de Eslibord

'Viaje al infortunio', de Eslibord

      Lo que voy a contar pertenece a un pasado muy reciente. Apenas dos semanas atrás. Y lejos de argumentar que esto le ocurrió a un conocido o inventar un personaje para esconderme detrás, admitiré sin tapujos que es a mí a quien se nombra en este escrito.
      Baso mi vida últimamente en intentar atender ciertas necesidades. Y digo “intentar”, porque no es función sencilla. Ocupan mi vida con obligaciones. Estoy tan harto de escuchar a lo que estoy obligado, a cual es mi deber, mi compromiso, mi cometido… que ya no recuerdo si me corresponde algún derecho, o si debo aprovecharme de alguna situación favorable sin sentirme asqueroso después. Luego dicen algunos —o muchos—: “Dios aprieta, pero no ahoga” ¿Y qué utilidad le saco yo a eso? ¿Qué se prolongue mi agonía? Manada de irracionales… Algunos refranes había que sacárselos de la cabeza a esta gente a guantazo limpio. Porque en la mayoría de los casos, quienes interpretan con más asiduidad estos dichos son los que gozan de buen capital, o quienes no desean salir de la incultura. Allá ellos… ¡Pues a lo que iba, que me enciendo cada vez que recuerdo estas cosas! Hablando una vez más de mis obligaciones, me hallaba en Barcelona.  El poco, el escaso, el ínfimo dinero que tenía ahorrado decidí invertirlo allí. Y digo “invertir”, refiriéndome en cuestión de encontrar trabajo, (manda cojones…). Lo que me iba a dar para pagar un mes y medio en un apartahotel y la comida de esos días. Contando por supuesto con los productos necesarios que todos comprendemos: condones, tabaco, whisky y juegos de Play Station 3. Por no mencionar los de higiene y limpieza del lugar y de uno mismo, si “encarta”,  como dirían en mi pueblo. Pero todo va por prioridad. Mencionar también, la enorme ayuda que recibí por parte de mi pareja. En la empresa en que ella trabajaba, tenían una impresora de esas de oficina con la que cada noche  hacía unas cincuenta copias de mi currículum para que al día siguiente yo pudiera repartirlos. También estuve más de dos semanas en la casa de sus padres cuando se agotó el dinero, al no poder seguir en el cochambroso apartahotel. Que a fin de cuentas, lo único con lustre que tenía aquel lugar eran las vistas, y que si te caías por la baranda de la terraza pegabas un panzazo en la misma orilla de la playa. Por el resto… ¡Ah!, se me olvidaba mencionar, que nada más llegar, el primer día, ya tenía dos entrevistas de trabajo confirmadas. Días antes me había dedicado a buscar por internet ofertas de trabajo en Barcelona y los pueblos de alrededor. Eché muchos currículums, a lo que sólo dos empresas se interesaron en mi perfil. Al llegar a la estación se Sants, me esperaban mi novia y su hermano para llevarme en coche al lugar de la primera entrevista. Nos tomamos un café en el establecimiento de enfrente del edificio puesto que faltaba una media hora para la cita. En una bolsa llevaba ropa “apropiada” para la ocasión, como bien me recalcó la chica que me llamó por teléfono. Pero por el momento tenía puestas mis galas: mis vaqueros rotos por treinta sitios, una camiseta de Tierra Santa, el pelo suelto, las muñequeras y setentaicinco quilos de cadenas a la cintura. Llegando la hora, fui a los servicios y cambié mi imagen por la de un “apropiado” soso. Después entré en el edificio. Me marearon un rato de aquí a allí. Subí en un ascensor acompañado de dos tíos que me hacían dar arcadas  por sus comentarios de prepotencia. “Supongo que ser jefe, implica ser gilipollas” —pensé—, y para mi sorpresa descubrir después, que los joyas esos venían a lo mismo que yo… A pasar por la criba. Rápidamente nos atendió un joven muy educado. Al poco rato me tocó entrar.
      -Buenos días, mi nombre es Filomena. ¿Y el suyo? —inquirió la pelirroja con gafas cuadradas, mientras estrechaba mi mano y me indicaba que tomara asiento.
      -Mateo, encantado —fui breve.
      -Pues mire. Lo que le ofrecemos es un puesto de atención al cliente. Estaría en un despacho atendiendo el teléfono. Ocho horas, de lunes a viernes. Mil novecientos euros netos. Treinta días de vacaciones y pluses por el contento que muestren los clientes que usted atienda.
      -Es que no sé… ¿No sería aprovecharme de ustedes? Las empresas que están emergiendo durante la crisis, y la banca, hacen una gran labor para que España pueda resurgir como el ave Félix —me sentí culto.
      -¡Por Dios, hombre! ¿Recuerda la cantidad de personas que había esperando su turno para la entrevista? Pues todas están siendo contratadas. Así que no se preocupe. Acepte, sin duda alguna.
      Supe entonces que no podría aceptarlo si aún me quedaba dignidad. Me despedí de ella, dejándola con una tristeza difícil de explicar. De la otra entrevista argumentar que más de lo mismo. Más tristeza en el rostro de aquella buena gente.  Pasaban los días y los trabajos que me ofrecían superaban los dos mil euros… ¿Qué había hecho yo para merecer tanto infortunio? Recorrí la Rambla en toda su extensión. En un restaurante, al entrar para dejar mi experiencia escrita,  dejé por error a una de las camareras la escritura de mi casa. La cual llevaba en el bolsillo de la chaqueta por gusto, como es costumbre. Rápidamente la chica salió en mi busca para devolvérmela y, después, recoger el currículum.
      Cada vez que ponía la tele a mediodía las mismas noticias: “los GRANDES bancos españoles, inyectan dinero privado a la sanidad y la enseñanza”. “Malditos ciudadanos haraganes… ¡Déspotas!”  —Pensaba mientras contemplaba tal injusticia—. ¡Coño! ¡Iba a empezar la Eurocopa! Se acabó la crisis. Por fin veríamos algo interesante, y no a esos lloricas babosos, quejándose con que el banco les regalaba una casa. ¡Qué asco me dan!
      Llegaba el momento de tener que volver a mi pueblo. No había encontrado nada, y el dinero, tan efímero como siempre. Mi novia buscaba más ofertas de empleo por internet. Intentaba por todos los medios que no me fuera. En una de sus cavilaciones se le ocurrió una idea que a mí no me gustó nada. ¡Que me prostituyera decía! Pero ojo, sólo con viejas y feas. Que sería mi chula, dijo con el tono más alegre… a lo que yo reclamé exponiendo, que puesto a sacrificarme sería con jovencitas y de muy buen ver.  Entonces ella decidió que no era tan buena idea. Y las horas pasaron sin resultado en beneficio nuestro alguno, pues al día siguiente debía coger el tren por la mañana bien temprano de vuelta a Jaén. Al menos en mi tierra podría arrancar unos jornales en la campaña de la aceituna para abrir una cuenta en Suiza. Pero serían a lo máximo una quincena, ya que la cosecha venía esta vez como una mierda —con perdón de la mesa— y no abría kilos ni para llenar una orza.
      El jornal rondaba los cuarenta y ocho euros. Así que hice mis cábalas: “cuarenta y ocho por quince… sí, me da de sobra para abrir la cuenta en Suiza”.
      El caso es que no pude evadir aquel viaje matutino del día siguiente. Ya en el tren, mientras buscaba el número que correspondía a mi asiento y arrastraba una maleta de setenta y cinco kilos, —llena de posesiones robadas a mis suegros—, vi a mi novia a través del cristal dirigirme frenéticamente cortes de mangas mientras movía sus labios con energía y el gesto de su rostro se tornaba felino. Sospecho, debido al no despedirme de ella y empujarle cuando me iba a dar un beso. Una vez encontrado el asiento coloqué la maleta delante de los pies de un anciano que había sentado en el de al lado. Me acomodé poniendo los pies sobre las rodillas de él y di una ligera cabezada, despertando en Vilches. La siguiente parada era la mía. La máquina recorría los últimos kilómetros y yo miraba al exterior, hacia el mar de olivos, ensimismado, imaginándome acompañado de mis ocho perros, corriendo por un carril en busca del río para echarlos, ahora que seguramente bajaría riada. El conductor anuncio por los altavoces que estábamos llegando a Linares-Baeza. En el andén me esperaba un buen amigo al que le debía muchísimo dinero para recogerme. Cuando me puse en pie, recordé entonces al viejo que había estado sentado a mi lado y me pregunté el cómo habría podido salir de allí estando yo delante…

Relato enviado por Eslibord
Gracias Eslibord por enviar tu relato ;)

09 enero 2016

'Las hojas de otoño' de Nacho Cal

'Las hojas de otoño' de Nacho Cal

Siempre me ha gustado esta época porque siempre he sido un romántico es una época de sueños en la que la fantasía fluye por mis venas así solamente paseando por el bosque me adentro en el mejor de los sueños; siento que las hadas cantan en mis oídos y me envuelven con sus bellos cantos; un día caminando por la orilla del río vi una bella mujer rubia con cabellos largos que tocaba la flauta me acerqué y le pregunté el nombre y ella no me respondió solo me sonrió me atreví y le di un beso y en ese mismo momento me quedé adormilado cuando desperté era un rey con corona de diamantes y sentado en un trono muy bello tapizado en rojo ; y vi un súbdito arrodillado; que me decía; señor yo siempre creí en vos porque sois un rey noble; yo necesito recuperar mi hogar.
- No os preocupéis mandaré a mis tropas y ellas darán su merecido al infame Arthur; que os ha arrebatado lo vuestro; me sentía un rey justo y valiente.

Me tomé una copa de vino y dormí la siesta durante no más de media hora; después me fui a dar un paseo por la campiña; era un lugar precioso lleno de arboles de alta copa y flores bellas y extrañas de todos los colores; a lo lejos vi una señorita; con un vestido blanco que danzaba en un jardincillo; sus cabellos brillaban con el sol; era una melena rubia y lisa y cuando me iba acercando ella me sonrió; yo creí enloquecer; su belleza era narcótica ; ellla se abalanzó sobre mi e hicimos el amor; mientras lo hacíamos oía una musica de flauta muy bella que me resultaba familiar llegamos al éxtasis los dos a un tiempo y en ese mismo instante la dama desapareció de mi vista; yo estaba confuso; me quedé con su recuerdo que me dejó enamorado y me fui a dormir al día siguiente tenía mucho trabajo. 
No lo pensé más y llamé a mis valientes caballeros para ayudar al bueno de Jhon así se llamaba mi súbdito; encargado de los caballos.
Partimos hacia Edimburgo ; yo sabía que el cobarde de Arthur vivía allí; iba muy motivado; cuando llegué a su castillo; se estaba pegando un buen banquete con su séquito de rufianes ; entré en el comedor sin previo aviso y le dije ojalá os atragantarais con un hueso de ese pollo que tenéis a costa de robar a mis súbditos. 
- Que decís vos?. 
- Sentaros y disfrutad con nosotros de estos manjares de dioses.
- No me sentaré en una mesa de ladrones.
- Cuidado con esa lengua majestad!
Dijo Arthur desenvainando su espada; a su vez yo desenvaine la mía y en una sola estocada lo atravesé de lado a lado.
Hice justicia y me sentí lleno de gloria a su vez, mis valerosos caballeros ensartaron a todo el séquito de rufianes; lo celebramos con buen vino. 

Al poco me volví a despertar al borde del rey y no paraba de reír entre las hojas secas del bosque.

Relato enviado por Nacho Cal.
Gracias Nacho por enviar tu relato ;)

25 noviembre 2015

'Cuando niño, tomé mate con el Viejo Vizcacha' de Jose Wallace

'Cuando niño, tomé mate con el Viejo Vizcacha' de Jose Wallace


-Yo conocí al Viejo Vizcacha… -le dije al profesor cuando recitaba los versos del Martín Fierro.
-¿De verdad que usted lo ha conocido jovencito? – me preguntó irónicamente ante la risa desatada del resto de la clase.

-¡Sí señor! – respondí con seguridad.

-Pues entonces, niño, cuéntanos cómo fue ese encuentro…-exigió el españolizado profe.

Entonces comencé a contar mi pequeña historia: “Todos los veranos, con mi primo Francisco, pasamos las vacaciones en el campo de nuestros tíos Eduardo e Inés. Como ellos no tienen familia, nosotros pasamos a ser sus hijos adoptivos por quince días. Nuestra principal diversión es cabalgar unos matungos viejos muy mansos, pero no menos mañeros, que están gordos y lentos de haraganería. Los  tíos solo se ocupan de darnos de comer y vigilar que nos lavemos antes irnos a la cama, una recomendación de nuestras madres que la tía Inés cumple religiosamente. 
Del resto se encarga Jacinto Luna, el peón entrado en años que vive en una casita ubicada detrás del galpón donde se guardan las herramientas, la chatita Ford A y algunas bolsas de cereales. Jacinto es el que nos lleva a todas partes, desde arriar las vacas, atender la majada de ovejas y revisar los hilos de los alambrados, hasta levantar los huevos del gallinero. 
De vez en cuando, con gran habilidad, Jacinto caza con sus boleadoras algunas perdices que después cocina a la parrilla; entonces cenamos con él. 
Cuando esto sucede nos dice: ‘No hagan renegar a doña Inés. Coman conmigo así ella no tiene que cocinar’. Y la verdad es que a nosotros nos gusta más comer con Jacinto, porque nos cuenta laaaargas historias de gauchos matreros que andan vagabundeando por la zona. Dos veces a la semana vamos al pueblo a buscar las cartas y los diarios que recibe el tío; a veces la tía nos encarga que compremos el pan. 
Lo que sí hacemos siempre, es llevarle algún pollo o pavo desplumado con algunos duraznos y peras al cura del pueblo, además de la infaltable bolsa de higos, que según la tía Inés, son la debilidad del padre Pedro. 

Y fue a nuestro regreso de una de esas cabalgadas, que nos sorprendió una tormenta de viento y tierra. Para evitar la mojadura, Jacinto ordenó que apuráramos el trote para llegar lo antes posible a la tapera que está a medio camino. Cuando estábamos a unos 50 metros se largó el aguacero y llegamos al refugio todos empapados. 
Grande fue nuestra sorpresa al encontrarnos con tres caballos atados a un árbol y observar que salía humo del interior de la casucha. Jacinto se apeó y nos hizo señas de silencio y que esperáramos en la galería. Al rato salió y nos ordenó que entráramos. Allí había tres gauchos mateando, uno de ellos era un viejo barbudo y sucio. ‘Estos son los gurises del patrón’ dijo Jacinto a modo de presentación. 
Los jóvenes gauchos levantaron la vista y nos dieron la bienvenida; el viejo, mate en mano, nos miró con cara de malo y soltó: “Donde los vientos me llevan, allí estoy como en mi centro. Cuando una tristeza encuentro, tomo un trago pa’alegrame. A mi me gusta mojarme por ajuera y por adentro”, y lanzó una carcajada endiablada. “Tome un amargo compadre” - le dijo a Jacinto extendiéndole el mate. 
“Al menos mójese las tripas pa’seguir andando”. Jacinto tomó el mate y agradeció la gentileza del viejo; luego, nos miró a nosotros, y para tranquilizarnos dijo: “Este es el gaucho Vizcacha, del que tantas historias les conté, y los mozos son los hijos de Martín Fierro, el gaucho errante de nuestras pampas”
Entonces el viejo volvió a tomar la palabra y confirmó lo de Jacinto: “Ansí es, me llaman ‘el viejo vizcacha’, por avaro y mandón, pero recuerden siempre que el que gana su comida, bueno es que en silencio coma, ansina ustedes ni por broma, quieran llamar la atención, nunca escapa el cimarrón, si dispara por la loma”. 

Cuando paró la lluvia montamos nuestros matungos y partimos en silencio rumbo a casa. Sólo hablaba Jacinto, que nos contaba sobre las penurias de los chicos Fierro y el aguante que tenían para con el Viejo Vizcacha. Andaban por la zona haciendo un gran arreo de ganado cuando fueron sorprendidos por la tormenta que los obligó a refugiarse en la tapera. Así conocí al Viejo Vizcacha”. 

Cuando terminé mi relato se oía hasta el zumbido de las moscas. Todos, incluso el profe, estaban en silencio y con la boca abierta. Es que mi historia era real; yo había mateado con el Viejo Vizcacha y los hermanos Fierro, y eso fue a mediados del siglo XX, en medio de estas extensas tierras planas de  horizontes infinitos. 

Relato enviado por Jose Wallace
Gracias Jose por enviar tu relato ;)

23 noviembre 2015

'Isabel' de Carlos Ruiz

'Isabel' de Carlos Ruiz

Hoy cumplimos un año juntos Isabel, no puedo creerlo, un año lleno de felicidad, con muchas trabas que han impuesto para separarnos, pero que en todo este tiempo supimos sobrellevar.
Conocí a Isabel en el hospital de mi ciudad, yo estaba terminando la facultad y comenzaba hacer mis prácticas por aquellos años, aunque no era mi zona de trabajo, vi a Isabel entrar por emergencias por una complicación con su enfermedad de la piel, de inmediato me propuse ayudarla, me encargue de llevarla a una buena habitación y que reciba ayuda en seguida.
Aunque no estaba en mi rubro de atención, siempre me daba una espacio para visitarla y conversar, siempre y cuando sus padres no estén con ella ya que a ellos les parecía mal verme por ahí conversando con su hija, nunca comprendí  eso, pero siempre que me veían en su habitación me sacaban sin explicación alguna, yo que nunca quise darle más problemas, solo atinaba a irme.
Pero siempre me las arreglaba para poder verla, a ella le gustaba mucho leer, además de mi compañía disfrutaba mucho de las revistas de ciencia que yo le llevaba, primero nos hicimos muy amigos y en tan solo unos días me vi perdidamente enamorado de Isabel.
Con el tiempo su salud mejoro, aún estaba algo delicada pero sus médicos dijeron que ya podía salir del hospital en unos días, tuve miedo no verla nunca más, sus padres nunca me dejarían verla fuera, así que tome una decisión de la que nunca me arrepentiré.
Yo no tenía acceso directamente a su medicina, pero me arriesgue y sin que se den cuenta logre hacer unos cambios en las dosis que le daban, para así poder demorar su mejoría y no se tenga que ir tan pronto.
Mis planes funcionaron, sus médicos hablaron con sus padres, les comunicaron que su hija tendría que quedarse algún tiempo más, su enfermedad estaba complicando a su corazón y tendrían que hacerle más tratamientos, yo estaba feliz por eso, la tendría conmigo aún más tiempo, los días que vinieron después fueron maravillosos.  
Fueron días de visitas a escondidas, de lecturas juntos, de quedarme en su cuarto toda la madrugada haciéndole compañía y al día siguiente irme temprano para que nadie me vea, no estaba seguro pero podía sentir que Isabel también sentía algo por mí, podía sentirlo.
Los días pasaban y los análisis de sus médicos decían que ella estaba empeorando, más yo la veía  cada vez mejor, ella me decía que se sentía bien, así que tome fuerzas y le confesé mi amor, y para mi sorpresa y felicidad ella también el suyo, le propuse irse conmigo, escaparnos juntos, yo tenía una casa fuera de la ciudad de la que nadie sabía, viviríamos ahí sin que nadie lo sepa, mucho menos sus padres que no estarían de acuerdo con lo nuestro, fue el día más feliz de mi vida, Isabel aceptó.
Ese mismo día dejamos el hospital para irnos a vivir juntos, nunca más volví ahí, tenía acceso a los laboratorios y lleve conmigo toda la medicina e inyecciones suficientes para mantener bien a Isabel ya que aún necesitaba de atención. Y así pasó, desde ese día así vivimos.
Ahora llevamos meses ya sin salir de casa, debido a su enfermedad tapamos y sellamos todas las ventanas, tuve que acostumbrarme a estar a oscuras, pero es un ambiente perfecto para ver películas juntos en el sofá solo a la luz de las velas, es una de las cosas que más nos gusta hacer, desconecte mi teléfono, me deshice de mi celular, toda la gente piensa que la casa está deshabitada. Así la estoy viendo desde fuera, hoy una vez más tengo que salir a conseguir alimentos, pero esta vez también algún regalo para Isabel.
Tengo que ser cuidadoso al salir de casa, aunque queda algo retirada de la ciudad, no debo dejar que nadie me vea, seguramente los padres de Isabel nos están buscando aun, ellos nunca aceptaron nuestra relación, nunca aceptaron que frecuente a su hija en el hospital ni que los dejase para venirse a vivir conmigo.
Me encuentro ahora hasta con carteles de búsqueda en la calle con mi rostro en ellos, hasta ahora no nos han descubierto y nadie sabe dónde queda nuestro feliz hogar, ya mis ahorros se terminaron hace mucho, así que tengo que robar para que podamos comer, lo hago cada cierto tiempo y llevo a casa lo necesario para sobrevivir por unos días.
Hoy es nuestro aniversario y esta vez le llevaré también algo especial, a Isabel siempre le gustaron las joyas, esta vez entrare a una casa de empeño y buscaré algo para ella, será de la forma de siempre, entrar de madrugada, la vigilancia es casi nula y será fácil coger algo para ella.
Entro por la puerta de atrás, un guardia descuidado mira la televisión, esta vez lo encuentro dormido y solo tengo que sedarlo, le inyecto una pequeña dosis de tranquilizante y tengo todo el almacén a mi disposición.
Mientras busco la joya adecuada para ella, me sorprende vernos en las noticias, no puedo creer hasta donde han llegado sus padres en sus intentos por separarnos, debieron aceptar hace tiempo nuestro amor, ella los dejó para irse conmigo, por favor ¡compréndanlo!
Me encuentro con un diario y me doy con la sorpresa de que nuestros rostros también están en él, pienso que Isabel tiene que ver eso y llevo la página conmigo.
Ahora ya estoy en casa, a Isabel le encanto lo que le traje, es un collar de plata hermoso, combina perfecto con su vestido, y aunque su piel esta algo malherida por su enfermedad, le cae muy bien.
-No me creerás pero hoy vi nuestros rostros en la televisión Isabel, ya no saben qué inventar para separarnos, mira hasta estamos en los diarios-
Le alcanzo a Isabel la página del diario que recogí en que éramos noticia, pero Isabel no me la recibe, tan solo se ríe, me dice que no haga caso, que inventaran cualquier cosa por encontrarnos, y por separarnos.
Hoy hemos pasado una velada inolvidable, después de cenar, de reírnos y de acordarnos cómo nos conocimos en el hospital, la lleve a la cama e hicimos el amor a la luz de las velas y de la música, y aunque todos los días lo hacemos esta vez fue maravilloso, siempre me pide que lo hagamos todos los días, ella es insaciable, y yo siempre la complazco. Todos los días.
Isabel no se mueve mucho, siempre soy yo el que toma el control, quizá por su enfermedad, o por las inyecciones que siempre necesita para que no se vea tan mal, pero así la amo, desde el primer día que la conocí supe que tendríamos que estar juntos siempre.
Isabel me pregunta que decía el diario sobre nosotros, le digo que cosas feas, sin sentido.
-Como me dijiste ya no saben ni que inventar- mira te lo leo:
Hoy se cumple un año de la desaparición de Isabel Tello, hija de un reconocido político regional, cuyo cadáver fue robado del hospital municipal por Alonso Clemente, ex estudiante de medicina que sufría de alteraciones mentales, y que se desenvolvía como trabajador de limpieza del mismo, quien presuntamente escapó y desapareció con el cadáver de Isabel, hasta ahora la policía lo busca y nadie sabe su paradero
Isabel me mira, me sonríe, me dice que no crea nada de eso, y por supuesto que yo no les creo, la abrazo con mucha fuerza, siento su olor putrefacto debido a su enfermedad, ella descansa sobre mi pecho, la beso, me acerco a su oído y le digo:
-Tú no estás muerta mi amor, tú vives, estás aquí conmigo y nos amamos-
-Y te prometo que nadie nos va a separar nunca Isabel-

-Te lo prometo, nunca-

Relato enviado por Carlos Ruiz
Gracias Carlos por enviar tu relato ;)

25 junio 2014

'La gota de agua' de Nanci Lorena Bordón

'La gota de agua' de Nanci Lorena Bordón

Salió del mar y se encontró en la nube..
después la nube se alejó con el viento...
y por fin, al llover, la gota de agua
se encontró en la raíz del duraznero..
Otras gotas quedaron en las ramas,
y al verse tan arriba, se rieron de la pobre gotita
que en la tierra, tan lejos y oscura, yacía  muerta..
pero al final, la gota no había muerto...
la gotita se transformó en el jugo un durazno nuevo...

Relato enviado por Nanci Lorena Bordón
Gracias Nanci Lorena por enviar tu relato ;)

18 junio 2014

'El escritor aficionado' de Antonio Rodríguez

'El escritor aficionado' de Antonio Rodríguez
Cuando llegó su turno el sujeto “C” empezó a leer con parsimonia. La clase en silencio le observaba:
Decía así:
Josefina Sánchez tenia ochenta y dos años a todos los efectos. Es decir, más que bajar, deslizaba cuidadosamente los pies por la escalera cuando iba en busca del pan y la leche de todos los días.
La proeza de comprar una baguette distante 300 Mts. del 3º A, significaba una aventura combinada.

Primero espeleología: Bajar los escalones. Después marcha: Acera, bordillo, paso de peatones, calle cuesta arriba y abrir la pesadísima puerta del comercio. A continuación lucha libre con momentos ocasionales de esgrima: Consistía en conseguir la barra sin que nadie se colara, con levantamiento
de la garrota a la primera intentona. Alcanzado el objetivo empezaba otro fatigoso treaking hasta el portal y para terminar una inacabable sesión de alpinismo hasta coronar la cima del tercero A.
La ergonomía de unas zapatillas a cuadros con las taloneras desgastadas y una protección superior consistente en llevar el dedo gordo asomando por el frente, aquel día pudo con el cuerpo de Josefina. A la altura de la segunda etapa o segundo piso, mientras descendía la maldita escalera, el
bastón se trabó en los huecos metálicos de la barandilla.. Fue como si a un espeleólogo se le soltara la escala. Su silueta describió una curva nada graciosa en el aire y se precipitó en caída libre hasta el rellano del primero.

Amaneció en la UCI impoluta del Gregorio Marañón rodeada de tubos, monitores que hacían “Pip” y con una esplendorosa escayola color blanco brillante desde el hombro hasta donde le alcanzaba la vista. En dos minutos cuadró sus pensamientos recordando el vuelo en picado con aterrizaje forzoso.

Un doctor embatado en verde se le acercó con sonrisa de hielo:
.-Señora ,como se encuentra?.
Josefina respondió con voz apagada .Las palabras le parecían lija en la garganta:
.-Bueno… bien ¿Qué me ha pasado?
.-Ha tenido Vd. un accidente grave.
.-Y que tengo doctor?
.- ¿Quiere saberlo de verdad? Pues mire rotura del fémur a la altura de la cadera, humero derecho astillado, traumatismo cráneo-encefálico leve y contusiones diversas en todo el cuerpo. Tiene para unos tres meses.

Entonces Josefina empezó a reír sin parar, todo lo que se puede reír con un cuerpo hecho trizas.
Le rodearon rápidamente tres enfermeras, dos auxiliares, seis médicos y hasta el jefe de planta se personó en el caso. Se estremecían las escayolas, vibraban los tubos del suero y el monitor emprendió una loca carrera al ritmo de las carcajadas. Mientras que hablaban de un scanner, doble ración de tranquilizantes o un derrame cerebral, la accidentada levantó una mano color mercromina y entre espasmos de risa dijo:

.-Miren Vds., yo me tiré por la escalera. No tendré que bajar para comprar el puñetero pan durante noventa días. Le debo a la portera diecisiete recibos de alquiler que se iban a ejecutar hoy por vía judicial con desahucio incluido.. No los pagaré. El sieso del primero me puso una denuncia cuando le destrocé la puerta a garrotazos por pegarle a mi gato. Mañana el carpintero venia a cobrarme la factura. También se irá en blanco. No tengo hijos ni familiares conocidos, por lo que como nadie me puede acoger, acabaré en un asilo estatal comiendo la sopa boba cuando salga de aquí .Mientras tanto me considero de vacaciones durante tres meses.

Josefina se excitaba contándolo hasta casi sentarse en los ataques de risa.
.-¡!Que cambio Dios mío ,que cambio, soy rica!!.Cama limpia ,comida caliente puesta en la boca, medicinas, silencio por la noche ,calefacción, gente amable que me cuida, que me cambia de ropa y todo gratis. Y en la habitación luego…!!Televisión para ver la novela! ¡ Oiga Dr. serán tres meses de
verdad, eh? No me estará Vd. engañando?.
Unos lloraban, otros reían, el jefe de planta miraba a Josefina como el que descubre que tiene un
marciano por paciente. Poco a poco, cada uno con sus sentimientos volvió al trabajo comentando.
A las diez de la noche la aplicaron un tranquilizante porque los contusionados vecinos de cama empezaban a revolverse en sus vendas ante las risas de Josefina.
El sujeto “C” dio por concluido el escrito y cerró la carpeta.
A los diez segundos el sujeto “A XL” (profesor de relato) dijo:
.-Bueno…como lo veis?.
“B” respondió:.”Esta bien…pero yo creo que le falta profundidad. No deja de ser una anécdota. Por otra parte, quién le trae el resto de la compra?.”
“J” habló a continuación: “Yo no veo el argumento, el final si, pero entre la presentación y lo del hospital está bastante vacío. Yo describiría un poco más la parte intermedia. La de comprar la barra.”
“C” sacó una libretita verde y empezó a tomar notas según hablaban los demás.
“D” dijo :” No se puede tramar una cosa así ,se podía haber matado. No creo que haya nadie capaz
de calcular los riesgos”.
“E” continuó: “Creo que la historia quedaría mejor si fuera un joven con problemas económicos .Lo
veo mas factible”.
“C” Seguía tomando notas ya de manera nerviosa. Sus trazos eran muy rápidos. Casi taladraba el
papel por la presión con el bolígrafo.
“F” prosiguió: “Yo hubiera hecho que la atropellaran en el paso de peatones. Le daría una dinámica
diferente”.
“C” empezaba a revolverse en la silla pero seguía escribiendo atento a la libreta.
Hubo un pequeño silencio.
Entonces “G” dijo: “Yo lo hubiera montado de tal manera que a la abuela la dispararan en un atraco
a un banco”.
“C” quedó inmóvil con la mirada perdida y dijo: “Un momento”.

Dejó la libreta a un lado y se agachó.
De debajo de la mesa extrajo un portafolios negro. Las manos le temblaban ostensiblemente.
Lo abrió con lentitud y extrajo un grueso tomo en cuyas pastas se leía: “Manual del escritor aficionado”.”H” lo cogió con cuidado y notó que los dedos penetraban en el formato por la parte de atrás, como si estuviera vacío. Al darle la vuelta comprobó que en vez de páginas había el molde de
un arma vista en numerosas películas.
No dio tiempo a más. Una ametralladora modelo UZI con silenciador tronaba suavemente en las manos de “C”.Saltaban astillas de la mesa,de las paredes, volaban bolígrafos, bolsos y apuntes y entre el estrépito de las sillas volcándose, todos los presentes iban cayendo al suelo en diferentes
posturas.
Hubo un largo silencio cuando se cortó la ráfaga Entre el humo, solo una botella de espumoso siseaba en el estante de la clase de Enología.
“C” guardó lentamente el libro y la UZI. Cuando tocaba las cerraduras del portafolio se oyó un quejido y un brazo ensangrentado se levantó al otro lado de la mesa con un bolígrafo entre los dedos:
Sonó una voz de ultratumba “Oye “C”…Soy “H”… que a mi me ha gustado mucho..”.
La mano cayó pesadamente mientras “C” cerraba la puerta del aula con cuidado.

Relato enviado por Antonio Rodríguez
Gracias Antonio por enviar tu relato ;)

11 junio 2014

'La misión fue un fracaso' de Emilio Rodríguez

'La misión fue un fracaso' de Emilio Rodríguez

La misión fue un fracaso desde el principio.
Pero la corporación, como siempre, se empeñó en creer que iban a sacar una buena tajada. Como siempre.
El proyecto era simple. Frente a la escasez de agua deuterada en la Tierra y las ingentes cantidades que usaba la actual industria metaloláctica el negocio era redondo. Ir, coger el agua y volver.

Hay que reconocer que sin los avances en compresión cuántica la idea hubiera sido inviable. Como imaginar hace sólo unas décadas que 0,3 hectómetros cúbicos de agua, se pudieran comprimir hasta el tamaño de un terrón de azúcar.

Al teniente Bob le daba igual que fuera agua deuterada o plátanos de Canarias, siempre que al final le pagaran lo convenido.

Todos le llamaban teniente, pero todos sabían que le echaron del ejército por un oscuro asunto de sexo con alienígenas. Un tipo de pocas palabras, botas sucias y gorra gastada.

Él dijo que no habría problemas siempre que buscaran alguien que "supiera bien lo que hacia con un compresor." La última vez, estuvieron un mes encontrándose pequeños pedazos del operario por el casco de la nave.

Llegaron a ZxY en el tiempo esperado. No tan poco ?? Como las nuevas naves hiperlumínicas pero no estaba mal para un cascajo de más de 20 años.

Almorzando antes de pisar la superficie de ZxY, el segundo de abordo dijo :" Joder las zanahorias están asquerosas, a quién se le ocurre mandarlas en un viaje hipercinético? Todo el mundo sabe que no aguantan!!". El teniente Bob contestó con resignación :" Éstos chupatintas!! Siempre piensan las cosas desde su escritorio. Y claro luego pasa lo que pasa".

Se acercaron pesadamente a uno de los mares principales de ZxY con todo el material. El compresor cuántico, las enormes gomas de succión, los racores y el pequeño módulo de almacenamiento. El mar estaba en total calma reflejando las dos lunas del planeta.

El técnico montó el equipo y cuando fue a introducir la goma en el agua sonó "Clonk".¿ Quién iba a imaginar que los mares de ZxY estaban congelados? Todos se quedaron atónitos frente a la situación.

El teniente Bob se atrevió a romper el silencio con resignación :" Estos chupatintas!! Siempre piensan las cosas desde su escritorio. Y claro luego pasa lo que pasa".


Relato enviado por Emilio Rodríguez 
 Gracias Emilio  por enviar tu relato ;)

04 junio 2014

'Palabras' de Anónimo

El fuego que llevaba en las venas se convertía en palabras cuando pasaba por la delicada  musicalidad de su fiel pluma, que tan increíbles historias había escrito. Cuentos de  príncipes de Oriente, de damas y caballeros, que conseguía crear una realidad al  margen del mundo que vemos y tocamos, que consigue que al leer sus palabras se nos erice el vello; porque nos lleva a sentir aquello que sus personajes sienten, a ser héroes y villanos, a ser nosotros y a no ser nadie. Que conseguía que la tinta se convirtiese en  el olor del azahar y en el lugar más bonito del mundo.

 Las palabras surgen a borbotones de mi pensamiento, vibrante e inquieto. Aunque son solo palabras, vacías de significado, que ilustran la locura de un joven  que ha perdido la ilusión de vivir. Su escritura era solo una manera de hacer creer a  los infames en cuentos que convierten la realidad en algo de lo que puedan sentirse orgullosos de participar. Sentía la pluma rasgando el papel, escribiendo, trazo a trazo, líneas de amor, de odio y de codicia, palabras perdidas en el viento, solo sangre sobre el cristal, algo que no merecía la pena observar, un último atisbo de la cordura de alguna persona a la que no merece la pena recordar, porque las palabras son solo eso, palabras, nada más. Formas confusas carentes de materialidad, efímeras, fugaces, inestables, pedazos de la memoria de alguien que quiere ser recordado, un rastro de la existencia de algo ya olvidado hace tiempo , que componen poesía , escritura y arte, el arte de las palabras nos enseña el valor de la cultura como algo que nos compone, que nos define y nos dirige,¿ porqué sin cultura ,que nos queda?

No nos queda nada, solo somos hojas barridas por el viento. Somos las cenizas arrasadas por el fuego, el fuego que corría por sus venas y se convertía en tinta, tinta capaz de escribir un bonito cuento infantil o la sentencia de muerte de un hombre, capaz de ser maldad, de romper corazones, de  arrebatarle la esperanza a aquellos que ya lo habían perdido todo, de acabar lo que las  espadas empezaron y comenzar lo que los hombres finalizan. Porque al final es fuego lo que nos acaba consumiendo, nos oscurece, nos hace ser infinitamente peores de lo que deseamos, que saca la maldad de nuestros puros corazones, porque la maldad de los hombres es capaz de tapar la luz del sol al igual que nuestra imaginación nos puede hacer volar, ser por fin libres, ver el final del camino, vivir el último capítulo de nuestra historia, notar como el agua , poco a poco discurre por nuestro cuerpo .Las olas y la suave brisa salina mecen la cálida arena de la playa , donde un náufrago yace tumbado en la arena, ese náufrago soy yo , feliz , de haber encontrado por fin tierra firme.


Relato enviado por Anónimo
Gracias Anónimo por enviar tu relato ;)

28 mayo 2014

'Historia de un suicida.' de Anónimo

'Historia de un suicida.' de Anónimo

Suspiro una vez lentamente el aire escapa de mis pulmones mientras miro el atardecer
desde el balcón, el sol se esconde entre las puntas de los edificios que me rodean, se
despide del hoy, y barre el cielo con su dorada luz.
Pienso que está dejándolo limpio para que la suave Luna de plata baile toda la noche por
el estrellado firmamento.

Ella, melancólica, fría y apagada, ilumina, con una tenue luz a un caminante solitario.
Con las manos dentro de los bolsillos de su cazadora va andando por la calle recitando
en un tono casi inaudible versos de amor, de abandono y de soledad.
Sus palabras contienen fuego, sus letras vibran, quebrando el aire que llenan, sube el
tono, levanta la cabeza y canta, furioso. Su público son los gatos y el hormigón.

Salta y cae, el suelo siente su fuerza, su energía y su desesperación, los ojos le
brillan , su color, sobrenaturalmente intenso se ve desde la otra punta de la calle, le
miro mientras él baila, no se qué pasa , yo sólo veo su melena mecerse al ritmo de esa
inexistente música que el crea con su aullido gutural, que es canto de ángeles. Sus venas
se abren, su sangre emana de las heridas abiertas , cae por sus brazos , formando hilos
de suave color vino por toda su piel, gotas de vida roja caen al suelo, convirtiéndose
al instante en negro líquido de dioses. Empieza a decaer, baja la cabeza, se agacha,
chasquea los dedos haciendo volar la sangre que los bañaba, vuelve a saltar, mueve los
brazos mientras hace recorrer a sus piernas líneas de blanco y añil.
La capucha de su cazadora le tapa la cara.

En ese momento me mira, y esos ojos, brillantes, me suplican piedad, pero yo no debo
intervenir en esa danza que no cesa, no obstante soy incapaz de dejar de mirarlos desde
el final de la calle. De pronto su expresión se suaviza, sonríe, y me enseña una hilera de
dientes amarillentos, planta una rodilla en tierra, me hace una reverencia burlona y se
desploma.

Cierro los ojos, y cuando vuelvo a abrirlos el hombre que bailaba soy yo, tirado en
medio de la calle, con una navaja en mi mano izquierda y un charco de sangre a mi
alrededor.

Relato enviado por Anónimo
Gracias Anónimo por enviar tu relato ;)

31 marzo 2014

"Drug's Soul" de José Sánchez

"Drug's Soul" de José Sánchez

Se sentía desgarrado por dentro, sentía, la música de discoteca penetrar sus oídos, el miedo recorría su espalda perlada por el sudor, sus ojos, rojos, dejaban ver la desesperación de aquel que pierde la verdad de sus palabras y la esperanza de sus oídos.

Caminaba, de día, por las calles, sin nada que hacer, para él todo eran ya desconocidos a los que mirar con miedo y aprensión, clavaba sus pupilas, verde muerto,  en los tímidos ojos de aquellos que gozaban aún de algo de paz en su psique; su mente, sin embargo era un cúmulo de paranoia, rabia y confusión. Se paró, detrás de un contenedor, suavemente se deslizó hasta el suelo y allí, escondido a los ojos de la sociedad encendió con una temblorosa y raquítica mano un cigarro envuelto en papel amarillento. Sentía el suave humo recorrer sus pulmones, su cabeza daba vueltas, ya no tenía control sobre nada; por lo menos ahora no sufría los tormentos que le acompañaban cuando era solo él, sentía que aquello que poblaba sus nervios y alteraba sus sentidos era lo único dispuesto de darle algo de cariño, que era lo único que no iba a juzgarle.

Padres, hermanos, amigos, familia y conocidos, todos creían ayudarle, pero se cansaron de él, todos lo hacen, los sentía distantes, ellos no le comprendían, ellos no eran suficiente…. Sus visión se difuminó y sintió la tensión aumentar en sus venas, creía que la sangre iba a acabar huyendo de él a través del delicado papel de su piel, marcado por las colillas y tejido por pinchazos y tatuajes. Una bonita rosa desafiaba con su belleza la triste figura de una pierna desfigurada por la delgadez, sus espinas se clavaban en los músculos de la desgastada articulación.
Caminaba, vacilante, se tambaleaba, apenas pudo llegar a una desvencijada puerta de metal cobrizo, tocó, con la poca fuerza que le quedaba, hasta que la puerta se abrió, deslizó la mano por el bolsillo de su sudadera, le entregó un arrugado billete al hombre negro que le miraba con cara de desprecio y masculló un gutural ruido exigiendo una dosis, sin mediar palabra y tras un breve instante salió con una pequeña bolsa de plástico cogió mirándola con recelo, para luego observar como la cortina celeste caía, ocultando con su negro telón salpicado de estrellas las calles de una ciudad sin rumbo , siempre a la deriva. Deambuló, sintiéndose dueño de las calles, inclinando la cabeza mirando con desdén al que era su mundo queriendo dormir, más tarde que temprano llegó a un parque donde habitaba un ruiseñor, se tumbó en la hierba y abrió una bolsa, con cuidado sacó la jeringa con su plateada punta, introdujo el frío líquido en sus venas, sonrió y saludó a Morfeo.


Le dijo buenas noches al bosque y buenos días a sus sueños, era un niño, corría descalzo, sentía, húmedas y vivas a las plantas que pisaba, el barro, empapaba sus  pies, los rayos de tímida luz nocturna se filtraban entre las copas de los árboles, giró y dio vueltas, rió, bailó y abrazó a las estrellas, sonrió, y su corazón dejó de latir.


Relato enviado por José Sánchez
Gracias José por enviar tu relato ;)

09 febrero 2014

'El viejo eucalipto' de Marcos tenorio márquez

'El viejo eucalipto' de Marcos tenorio márquez

El viejo eucalipto se nos muere,con más de un siglo de antiguedad,ha comtemplado desde su
privilegiado enclave,el paso de los años,desde que fuera plantado a principios de siglo,ha resistido todo tipo de vendavales,temporales y borrascas.
Sobre su copa han anidado,gorriones,jilgueros y cárabos,solitario,apartado del resto de congéneres creció de forma desmedida,elevandose,sobre el resto,vanidoso,orgulloso,altivo y arrogante presume que sobre su copa,preciosos jilgueros de colores,emitan preciosas melodias anunciando el nuevo día.
Adolescentes enamorados se han besado bajo tus ramas,abuelos y nietos han disfrutado en el sofocante calor del verano,de sus generosas sombras contando historias y relatos de tiempos pasados, aspirantes a poetas,han compuesto bellas poesias, contemplando las bulliciosas esquinas,repletas de vida,sobre tu robusto tronco se han dibujado corazones,que el tiempo ha borrado,se ha llorado y tambien reído,se han contado secretos confesados e inconfesables,se ha mentido,maldecido,cuestionado pero siempre has permanecido en silencio y cúando tus ramas y hojas comienzan a morir,lentamente,tu savia ya no fluye por tus venas con la misma fuerza de antaño,te resistes a morir cómo el bravo guerrero en el fragor de la batalla,cómo el toro con la estocada dada,cómo la madre,enferma,que se resiste a abandonar sus hijos.
Cuando mueras,tus cenizas iran al cielo,aunque nunca te olvidaremos,en nuestra memoria perdurarás para siempre,y en mi casa vivirás eternamente,colgado de un lienzo realizado con esmero,aunque no sienta la fragancia de tus flores,ni el tacto de tus hojas,en mi memoria te recordaré y en mis sueños,me inspiraré para rendirte este bonito homenaje.


Relato enviado por Marcos tenorio márquez
Gracias Marcos por enviar tu relato ;)

02 febrero 2014

'Dos palabras' de Israel Martínez

'Dos palabras' de Israel Martínez

Cuando Seilou despertó se quedó un rato tumbado en la cama mirando al techo fijamente pensando, hoy iba a ser el día más importante desde que llegó a España desde su Gambia natal hace ya más de ocho años, iba a ser el día más importante de toda su vida; se levantó, se duchó, y se quedó delante del espejo mirándolo atentamente, en silencio, solamente pronunció dos palabras, dos palabras que repitió varias veces, las dos palabras que cambiarían su vida para siembre.
María salió de la oficina de inmigración donde trabajaba, en realidad, estaba realizando unas prácticas, remuneradas, pero prácticas al fin y al cabo, sólo que le gustaba considerarlas como un trabajo normal y bien pagado para no cabrearse. Hacía algunos meses que había terminado en Madrid un máster titulado Cooperación al Desarrollo, aunque las prácticas las estaba realizando en Alicante, pues le surgió la oportunidad y no quiso desaprovecharla, allí contaba con algunos buenos amigos con los que convivió aquel inolvidable verano en las Azores. Cuando terminase el periodo de prácticas deseaba volver a Madrid y montar una consultora de formación e investigación con sus   compañeros de máster, de hecho, ya habían comenzado con los  trámites, pero la lentitud de la burocracia española es algo capaz de agotar la paciencia a cualquiera. Finalmente, llegó a casa, se dio una ducha, y se tumbó en la cama para reflexionar, llevaba varios días dándole vueltas a la cabeza, intentado analizar todos los aspectos posibles para tomar la decisión correcta, pero, ¿cuál es la decisión correcta?, ¿cómo se puede medir una decisión sin conocer las consecuencias que pueden llegar a producirse?, entonces, ¿quiere eso decir qué todas las decisiones son correctas en sí mismas?, de ser así, ¿entonces no importa qué decisión se tome pues siempre será la correcta?, hasta que, obviamente, el tiempo te quite la razón y te demuestre que te equivocaste.
María era una chica bastante liberal en cuanto a sentimientos se refiere, aunque había tenido relaciones de cierta duración, le agobiaba un poco eso de vivir en pareja, le incomodaba compartir su espacio vital, pero esto era distinto, era mucho más que una simple relación de pareja, de compartir piso o ducha, era su propia filosofía de vida, lo que sentía por ese chico, ¿era real?, o por el contrario, ¿estaba siendo traicionada por ese exótico misterio embriagador que producen otras culturas diferentes a la nuestra?, lo cierto es que esto parecía algo diferente, era una sensación que no había tenido en sus otras relaciones anteriores, ¿estaría dispuesta a llegar hasta el final con todas las consecuencias? Dos palabras, sólo dos palabras pueden cambiar el rumbo de una vida.
Seilou se vistió, se puso sus mejores galas, y se miró una última vez en el espejo, esbozó una amplia sonrisa al verse, la verdad es que no podía ocultar su felicidad, ni mucho menos sus nervios, tan solo esperaba que llegara la hora y que todo saliera bien. En esos momentos le vino a la cabeza la imagen de su madre y de su familia, los echaba mucho de menos, sobre todo a ella, pensó en los difíciles momentos que vivió en su pueblo, pues allí la vida era muy dura, dejar a todos atrás para adentrarse en lo desconocido, pero, pese a todo, Gambia era diferente, hay algo allí que te embauca, algo de lo que carece occidente, «África te cambia la vida», solía decir. Siguió pensando en su madre e imaginó lo orgullosa que se sentiría si pudiera ver a su hijo en ese momento, ojala pudiera ir pronto a verla, mientras tanto tenía que conformarse con evocar sus recuerdos, lo que era seguro era que le mandaría las fotos, junto con algo de dinero, tan pronto como pudiese, y le contaría lo sucedido, hasta el más mínimo detalle. Finalmente salió del piso en el que vivía junto a otros compañeros, también africanos, que había conocido hace un par de años trabajando en la vendimia, bajó a la calle y fue a encontrarse con su destino sin dejar de pensar en esas dos palabras.
María, tras largas noches de profunda meditación, llegó a la conclusión de que debía que aceptar la propuesta, era una cuestión de coherencia consigo misma, y, al mismo tiempo, una muestra de coherencia y respeto hacía él, al fin y al cabo, ¿no estaba enamorada?, si no lo hacía por amor, entonces, qué sentido tenía todo; siempre procuraba ser fiel a sus principios, hacer las cosas que realmente quería hacer, que consideraba justas, que le salían de dentro, jamás haría cosas de las que renegara sólo por interés, despreciaba a quienes lo hacían, aunque, afortunadamente, no había conocido a nadie cercano en su vida que tuviera tales actitudes, renegaba del dinero por el dinero, nunca le interesó la ostentación.
Cuando le comunicó su decisión se sintió aliviada, liberada de la carga que había llevado los últimos días, él la miró con una expresión que María recordaría mientras viviese, su rostro era felicidad, sus ojos reflejaban todos los duros momentos que había atravesado a lo largo de su vida en una mirada de profundo agradecimiento absolutamente conmovedora y escalofriante, ella también le sonrió feliz por la decisión que había tomado, convencida de que ésa era la decisión correcta y que el paso de los años no haría otra cosa sino confirmárselo, no le importaba tener que  renunciar a alguno de sus principios más arraigados, era una situación especial por la que merecía la pena una pequeña concesión, y se fundieron en un abrazo durante el cual los relojes se pararon y la tierra dejó de girar; al fin y al cabo son tan solo dos palabras.
Seilou llegó al lugar media hora antes de la hora estipulada, cuando se encontró frente a frente ante aquel edificio el corazón se le subió a la garganta, observó detenidamente su arquitectura, aún no podía creérselo, jamás pensó que algo así pudiera llegar a pasarle; finalmente, subió los siete escalones que iban de la calle a la entrada, antes de entrar al edificio se giró y echó una última mirada rápida a su alrededor, como esperando despertarse y volver a la realidad, finalmente, respiró hondo, abrió la puerta, y subió a la primera planta, donde le habían dicho que se presentase, se sentó y esperó a que llegará el momento; mientras, en su cabeza, resonaban dos palabras.
María se despertó un tanto sorprendida por lo bien que había dormido esa noche, la verdad es que no se lo esperaba, hoy era el gran día, al fin había llegado. Se duchó y se tomó el desayuno, sentía una extraña mezcla de tranquilidad nerviosa, pero eso no le impidió desayunar de manera contundente, tras lavarse los dientes comenzó a prepararse, no quería que se le hiciera tarde en un día tan importante, se maquilló a conciencia, algo que no solía hacer muy a menudo, y se puso el vestido que se había comprado para la ocasión. Al contrario que otras muchas mujeres, María no era una gran entusiasta de eso que llaman ir de compras, de hecho, solía sentirse un tanto agobiada en las tiendas, pero tampoco era cuestión de ir con unos vaqueros, «si lo haces, hazlo bien», se decía; era un vestido más bien sencillo, color azul celeste, no muy escotado, pero le gustaba mucho como le quedaba, cuando finalmente estuvo lista cogió su bolso y se marchó, ya en la calle miró el reloj, iba con el tiempo justo, más bien tarde, como siempre.
Cuando Seilou la vio entrar enfundada en ese vestido azul celeste se quedó impresionado, jamás la había visto tan guapa, casi parecía otra, «hasta lleva tacones», exclamó para sus adentros, se levantó de la silla y le dio dos besos, «estás radiante», le dijo, ella se puso un poco colorada, sabía por propia experiencia que a Seilou le costaba un mundo decir piropos a una chica, era una persona un tanto reservada, de esas a las que le cuesta abrirse a la gente, todavía no se sentía como uno más plenamente integrado pese a llevar ocho años aquí, sentía que en la fiesta era un invitado de compromiso; ella le respondió «tú tampoco estás nada mal con ese traje», se lo dijo con intención de replicar el halago, aunque ella misma se daba cuenta de que el piropo, aunque cierto y sentido, quedaba algo descafeinado, pues había sido ella misma quien le había ayudado a escoger el traje, pero María tampoco era muy buena con los halagos. La verdad es que Seilou gozaba de muy buena planta, era un chico guapo, más bien alto, pero no excesivamente corpulento, se podría decir que físicamente era lo más parecido al tipo de chico ideal que más atraía a María, quien detestaba abiertamente los cuerpos esculpidos a golpe de gimnasio, los aborrecía.
Finalmente, llegó el momento, el teniente alcalde los invitó a entrar al salón donde suelen oficiarse estos actos, iba a ser una ceremonia bastante discreta, apenas había unos pocos familiares y algunas  pocas amigas de ella, tan sólo las más allegadas, allí estaban los dos, puestos en disposición, dos palabras, en ese momento Seilou tuvo un fugaz pensamiento donde recordó toda la gente que lo había ayudado cuando llegó a España, a los que le dieron algún trabajo, algún techo, a todas las ONG, centros de acogida, etc., que le prestaron sus servicios a cambio de nada, pensó en la suerte que había tenido y en los que no la han tenido que, en realidad ,son casi todos, pensó en el momento en el que conoció a María, sentada tras esa mesa en aquella oficina de Alicante, pero, sobre todo, pensó de nuevo en su madre. Por su parte, María pensaba en las ironías de la vida y el destino, un destino en el que, por supuesto, no creía, ella que siempre había renegado de las bodas, a las que considera poco más que un protocolo absurdo e innecesario, el mejor extintor posible para apagar la llama del amor, y allí estaba ella, dispuesta a pronunciar esas dos palabras, dos palabras que juró nunca iba a pronunciar, «al menos», pensó para reconfortarse un poco, «no estoy de blanco subida en un altar».
Dos palabras, toda una vida en dos palabras, pocas veces algo tan escaso, tan breve, puede tener tanta relevancia, dos palabras: «sí, quiero», dos palabras: «sí, quiero», y Seilou besó a la novia, ya lo había hecho otras veces, pero esta vez era diferente, este beso era especial, ya no la besaba pensando que podría ser el último beso, pensando que en cualquier momento lo podrían detener y deportar de nuevo a Gambia, esta vez la besaba como la hubiera besado cualquier otro ciudadano español, sólo que él lo hizo mucho más apasionadamente de lo que lo hubiera hecho cualquier otro ciudadano español, finalmente, tras muchos años de angustias ya podía disponer de papeles de residencia y ser un ciudadano español de pleno derecho, pero lo mejor de todo, era que podía estar con la chica más maravillosa del universo por siempre jamás, el resto… era secundario.
Su madre se sentirá orgullosa.


Relato enviado por Israel Martínez
Gracias Israel por enviar tu relato ;)