30 enero 2007

"¡Cortadle la cabeza!" de Luis Bermer

¡CORTADLE LA CABEZA!
La plaza era una turba enajenada, sucia y vociferante, un mar embravecido por corrientes de odio. Y en su centro -como una isla de madera- se levantaba el cadalso. La guillotina ya estaba lista para la siguiente ejecución.
-¡CORTADLE LA CABEZA! ¡CORTADLE LA CABEZA! –se escuchaba como un eco que iba y venía, entre otros de inhumana ferocidad.
La muchedumbre apenas se abría para dar paso al carro tirado por caballos que se adentraba en la plaza. Con las manos atadas a la espalda y recostado en un lateral, el noble mantenía su mirada en la distancia, indiferente a la ventisca de insultos, frutas y huevos podridos que arreciaba sobre él. Los guardianes empujaban con sus lanzas a los exaltados que se acercaban al carro para escupirle en la cara, aunque muchos lo conseguían. Vio en lo alto al verdugo limpiarse las manos con un trapo, como un carnicero. Tenía el honor de ser el último ejecutado en este día de terror. Por el suplicio ya habían pasado sus cortesanos, sus amigos, sus familiares…a lo largo de las horas previas.

Le habían obligado a contemplarlo todo.

Lentamente, fue conducido por las escaleras hasta la plataforma de la guillotina. Aquello era un lodazal de sangre y el hedor le produjo arcadas que apenas pudo contener. Desvió la vista del montón de cuerpos amontonados a un lado, donde pronto caería el suyo. La sucia hoja de acero le pareció suspendida a increíble altura. Desde la lejanía se le había antojado más baja.

La negra capucha del verdugo le preguntó:

-¿Últimas palabras?

El noble negó con un fugaz movimiento de cabeza; entonces fue cuando el experimentado verdugo le recostó -sin la menor ceremonia- sobre el tablón, para pasar a ajustar las piezas de la máquina que aprisionaron su cuello. Cerró los ojos y el griterío inundó sus oídos, su oscuridad.

Una atmósfera de silencio expectante crecía acallando toda voz por encima del rumor. Quedaban segundos, lo sabía. Imaginaba al corpulento verdugo dirigiendo sus ojos invisibles a la masa, a un lado y luego hacia el otro, esperando el respeto de la mínima dignidad para el condenado y su muerte. El fin había llegado.

Captó el segundo justo. Un crujido en la madera al accionar el mando. Una vibración grave y…

Un clamor de júbilo reventó la plaza.

La cabeza había caído en el cesto ensangrentado, junto a las demás.

Hombres, mujeres y niños mostraban su obscena alegría. Había sido un día grande para ellos y, ahora que todo había acabado, se resistían a abandonar el lugar. Durante horas celebraron la muerte y las futuras muertes que estaban por llegar. De repente, entre la algarabía general, se alzó un coro de gritos aterrorizados que, desde la zona más próxima al cadalso, cruzó la plaza como un cuchillo.

El bullicio cesó, y la atención se dirigió hacia el arco de plebe temblorosa que se iba formando en torno a la guillotina. Por el borde del cesto de cabezas habían surgido tres descomunales patas de tarántula. Otras dos salieron para agarrarse por el otro extremo; la gente retrocedió chillando y la masa se desplazó como un campo de trigo azotado por el viento. Poco a poco, la cabeza sangrienta del noble emergió, erguida sobre aquellas patas que nacían en su cuello seccionado.

El terror convulsionó a los presentes de mil maneras, iniciando oleadas de pánico. Muchos corrieron desencajados, implorando al dios misericordioso, otros cayeron desmayados para ser pisoteados por los que huían, mientras algunos quedaron paralizados, movidos sólo por los empujones, observando lívidos como la cabeza descendía sobre la plataforma con un balanceo espasmódico en su cara.

-Os espero abajo... –dijo entre espumajos sanguinolentos; su voz era un fuelle rasgado-...todos tenéis vuestro sitio abajo...TODOS...

El caos inundó la plaza, un pozo de locura.

Nadie recogió aquella cabeza de sonrisa grotesca.
Y sus ocho patas de tarántula.


Más relatos en: www1.webng.com/luisbermer/

Gracias por enviar tu relato Luis.

23 noviembre 2006

'Viaje a la isla de los placeres' de Joja

'Viaje a la isla de los placeres' de Joja
Después de haber viajado largo tiempo por el Pacífico, Antón (pescador) y su ayudante Alibeo divisaron desde lejos una isla de azúcar, con montañas de compota, rocas de azúcar y caramelo, y arroyos de jarabe, que fluían por la campiña. Los habitantes, que por cierto, eran muy golosos, siempre tenían la costumbre de lamer los caminos y chuparse los dedos, después de haberlos introducido en las corrientes. Había allí bosques de regaliz y árboles de miel. Para suerte de los viajeros, a diez leguas de allí, existía otra isla con minas de jamón, embutidos y guisados. Se hallaban allí ríos con salsa de cebollino. Los muros de las casas eran de pato. Llovía vino tinto cuando el cielo se cargaba, etc. A ésta segunda isla decidieron ir nuestros personajes. Llegando al puerto, encontráronse con mercaderes que vendían apetito, otros, sin embargo, vendían sueños, los sueños hermosos eran los más caros. Antón y Alibeo compraron los sueños más agradables, y cuando, iban a echarse a dormir, apareció un ruido estremecedor, tenían miedo. Los habitantes los calmaron, era la Tierra que se abría, saliendo del interior ríos de hirviente chocolate y licores helados de todas las clases.

Apenas al despertarse, se acercó un mercader a Antón y le preguntó de qué quería tener hambre, finalmente compró doce saquitos, que equivalían a doce banquetes. Quedó tan lleno, que no cenó ni desayunó, sólo se alimentó de buenos olores. A la comida, Alibeo le comentó a su patrón (Antón) que le habían ofrecido un viaje, juntos se embarcaron hacia otra villa. Se montaron en una especie de cesta de madera, donde cuatro grandes aves tiraban de ella por medio de cuerdas de seda. Se encaminaron en un viaje por las montañas, hasta llegar a una ciudad hecha completamente de mármol, todos los habitantes vivían en un enorme palacio con gigantescos patios. Allí no había criados ni gente baja; cada cual se servía a sí mismo. Cuando llegaron, dos espíritus recibieron a nuestros personajes e hicieron que al instante de desear algo lo consiguieran. Al caminar por la ciudad se dieron cuenta de que sus habitantes jamás hablaban entre sí, leían en los ojos de los demás lo que pensaban. Los dos marineros fueron invitados a un gran salón lleno de perfumes, pues para ellos, eran igual que sonidos. Un conjunto de fragancias dulces y fuertes daban lugar a una armonía. En aquel lugar las mujeres gobernaban por encima de los hombres. Éstos son los que hilan, cosen, bordan. Incluso existían escuelas donde se perfeccionaban a las mujeres mejor dispuestas.
Después de tantos festines y fatigas, Antón y Alibeo deciden alejarse de aquellas tierras, llegando a la conclusión de que los placeres de los sentidos quitan la felicidad de los hombres. Y, de retorno a casa encontraron una villa marinera lejana de placeres y manjares; donde sus gentes realizaban duros trabajos en la mar, y tenían unas costumbres puras. A pesar de sus numerosos viajes, en su concejo no habían desaparecido la amabilidad de sus habitantes, sus fiestas tan folclóricas y sus supersticiones. Llegaron a la conclusión de que:

“Allí donde hay alguien a quien se quiere muchísimo y donde hay alguien que nos quiere de veras, ése es el lugar más bonito del mundo”

Relato de Joja 23-11-06
Gracias Joja por enviar tu Relato. ;)

23 octubre 2006

El Arroyo del Tiempo. (Principio y fin 2)

La cuchilla rasura la parte izquierda de mi mentón, mientras a través del espejo empañado intento ver lo que queda por afeitar.
Una gota de agua condensada baja por la esquina creando el húmedo camino por el cual mi mente se embarca en la interminable reflexión.

Me gustaría por una vez acabar lo que he empezado.
Me apunté a clases guitarra pero al poco dejé de ir. Todavía sigo en casa intentando buscar tiempo para dedicarle.
Empecé a ir al gimnasio y no acabe ni el primer semestre. Pero sigo buscando ese par de horas sueltas para dedicarle a mi cuerpo.
Empiezo algo que me gusta y, o bien dura poco tiempo, o lo acabo dejando sin acabar.

Mis manos realizan movimientos automáticos, repasando comisuras y patillas mientras mi conciencia sigue perdida en ese camino.

Toda mi vida llevo arrastrando ideas que no he terminado y que, por orgullo, quiero acabar y no convertirme en una persona olvidadiza que no sabe terminar lo que empieza.
¡Cuantos proyectos amontonados a falta de un final!
¿Acaso es culpa del tiempo? Ese fondo numérico que evapora su contenido si no es usado.
¿Acaso no se administrar esos ochenta y seis mil cuatrocientos segundos que se me asignan cada día?
Una vez empecé a escribir una historia sin esperar más de ella y me gustó la idea.
Decidí entonces hacer un boceto y en un futuro escribir una novela.
Empecé y sigo buscando ese tiempo que dedicarle o…
¿Quizás es que lo he querido terminar?

Una señal roja me devuelve a la sangrienta realidad, parece que mis manos no conozcan mi rostro.
Otro camino se forma en mi cara teñida parcialmente de blanco con pigmentos rojos.

Quizás soy yo, pero creo que mis pensamientos son como gotas y se mezclan las unas con las otras, las nuevas con las viejas, creando arroyos por inescrutables terrenos.
Y sólo los que pasan de la memoria temporal a la memoria general, son los afluentes que desembocan en el río de mi mente y tienen su final.

Quizás no acabo lo que empiezo, porque ya pienso que ha terminado justo en ese mismo momento que pienso empezar otra cosa.
Seguramente no tiene sentido lo que digo o que el sentido lo vea yo sólo.
Que difícil es expresar en palabras lo que a uno le pasa por la cabeza tan rápidamente.

Otra sensación de dolor me retorna a la aromatizada realidad. El after-shave cumple su cometido pero escuece.
Se que debo cambiar, pero ¿He de dedicarle tiempo a esa decisión?
El espejo ahora sin senderos muestra mi reflejo abandonando el baño, mientras en el aire flota una pregunta:
¿Realmente he acabado este relato?

09 octubre 2006

¿Estás solo, ‘Solo32’?

La ducha y el desodorante se habían ido al garete.
Mi primera cita tras dos años, justo el tiempo que hacía que conocía a ‘Leia32’.
Todo empezó con una simple crítica hacia “El ataque de los clones” en un Chat del IRC, que nos mantuvo toda la noche absorbidos y en vela; intercambiando opiniones, gustos musicales y demás temas personales.
‘Solo32’. Así es como ella me conocía.
Dos años de Ciber-relación y al fin hoy nos habíamos brindado la oportunidad de conocernos en persona, como en todas esas películas que tanto nos han influenciado, para mal, supongo.
¿Y por qué quedar hoy? Pues la respuesta irracional sería: ¿Y por que no?
La respuesta racional es que esa tarde en la filmoteca se proyectaba la segunda trilogía de la saga de ‘Star Wars’ en versión original subtitulada.
La saga que originó todo lo nuestro y nos inspira cada día.
Esa tarde nos veríamos las caras pero sin el disfraz que siempre nos poníamos por la Web-Cam. Y si nos enviábamos fotos, retocábamos previamente nuestras caras para aumentar ese morbo y misterio que tanto nos gusta a los dos.
Yo se que ella es más bien rellenita, puede que un poco más alta que yo y siempre viste de negro.
Le apasiona el cine y todo el mundo ‘Star Wars’: libros, pósters, muñecos, naves, puzzles, juegos y escucha el rock duro y el heavy de los 80.
Prácticamente somos almas gemelas.
Por otro lado ella sabe que tengo barriga, que soy un poco bajito y siempre visto de negro, pero desconoce mi verdadero rostro plagado de pecas, mi avanzada alopecia y mi perilla anaranjada. Ya me gustaría parecerme a mi alter ego ‘Han Solo’.
Lo cierto es que temo ser rechazado de nuevo, por eso dudé si ir o no a la cita.
Tan metido estaba en mi decisión que cuando estuve convencido, ya había pasado la media hora que nos habíamos dado de tiempo para que uno llegara antes que el otro a la cita y así no cruzarnos en la puerta, sólo para hacerlo más misterioso si cabe.
Quizás una cita un poco especial, quizás no.
En lugar de cafetería, un cibercafé.
En lugar de un café, un Colacao, ya que los dos odiamos la cafeína.
Y en lugar de una conversación en una mesa, un Chat y una partida al ‘Star Wars Battleground’, antes de ir a la filmoteca.
Reconozco que soy muy tímido y me cuesta expresarme y tartamudeo, por eso prefiero escribir aunque suene un poco paranoico. Ella también.

Así pues con las prisas, fui corriendo tres manzanas para no llegar más tarde pero lamentablemente lo acabé haciendo apestando a sudor y jadeando.
Al llegar vi veinte puestos de ordenador, dieciséis de ellos ocupados.
Doce chicos y cuatro chicas. Ninguna vestida de negro. ¿Había llegado pronto?
Pedí mi colacao, una hora de Internet y me senté en el fondo de la sala en el ‘pc’ que estaba tocando la pared.
Me conecté al IRC y allí estaba ‘Leia32’ esperando. Los Pelos se me pusieron como escarpias. Sentí como si ‘Jabba el Hut’ me hubiera congelado en carbonita.
La pantalla mostró los saludos habituales:
- ¿Estás Solo, ‘Solo32’?
- Si, pero busco a la ‘Princesa Leia Organa’, Leia32.
El resto fueron frases de rigor, emoticonos y largos silencios provocados por el nerviosismo de la situación.

- Te he visto llegar. Jejeje.
Al leer la frase mi corazón aceleró su ritmo. La estrella de la muerte apuntaba su rayo directamente hacia mi pecho.
- ¿Estás aquí? No he visto a nadie con tu ‘look’.
- Hoy he improvisado. - Dijo la Princesa Rebelde.
Por mucho que intentara mirar disimuladamente las otras pantallas no conseguía ver ningún rasgo familiar en el resto de usuarios del cibercafé.

- Que te parece si echamos una partida rápida antes de ir a la filmoteca, total está a dos manzanas de aquí y así rompemos un poco el hielo. ¿No?

Pensé en el frío y sólido bloque de carbonita en el que estaba metido y como ella me iba liberando, dejándome con el temblor en las piernas y un sudor frío por la cara.

Era tan rara la sensación de poner definitivamente forma humana a esas palabras que aparecían en mi pantalla todas las noches. A esas largas conversaciones con esa desconocida persona que sentía y disfrutaba con las mismas cosas que yo.

La partida comenzó como de costumbre. Como en todo juego de estrategia en tiempo real, cada jugador se preparaba para abastecerse de un ejército mientras se recogen los recursos necesarios para subsistir.
La Alianza Rebelde contra mis ‘Wookies’.
Lo cierto es que no estuve pendiente de la partida en ningún momento, mis pensamientos me ofuscaban.

Ella avanzaba con las tropas rebeldes mientras que mis pobres ‘Ewooks’ se defendían como podían, pero irremediablemente caían como chinches.
Un extraño nerviosismo me invadió cuando me di cuenta de lo que realmente residía en el centro de mi poblado.
Lo que defendía a toda costa.
Lo que protegía con barricadas y torretas de vigilancia.
Y no era otra cosa que mi ‘solitario’ corazón de 32 años.

Las barricadas ardían, las torretas de vigilancia caían rendidas a sus pies y mis granjas eran arrasadas.
Sus palabras entraban como guerreros estelares y ordenaban todo mi caos, ponían sentido a las cosas y destruían a la vez el ‘Halcón Milenario’ que me protegía y me mantenía ajeno de los otros mundos, sensaciones y personas.

Lo intentaba defender con las pocas fuerzas que disponía pero definitivamente acabó conquistando mi mundo en todos los sentidos cuando sus manos rodearon mi cabeza, cubrieron mis ojos y repitieron esa frase que tantas veces había leído y me moría por escuchar.
- ¿Estás solo, ‘Solo32’?

02 octubre 2006

'ANTARTIDA' de Juan Carlos

'ANTARTIDA' de Juan Carlos
Te levantas demasiado temprano, y piensas en que de nuevo comienza un nuevo día, que tendrá desde el principio al final una connotación un poco litúrgica y repetitiva como casi todos los que, a tu edad ya se convierten casi sin querer en una sucesión de fotogramas con la misma imagen, con la idéntica y desesperante escena.

Acudes a la estación, tomas el mismo tren de todas la mañanas, con el sueño crónico que siempre te acompaña, montas en él y miras a tu alrededor.

También las mismas caras abotargadas de puro cansancio.
La gente recostada en los asientos intentando prolongar la somnolencia, el letargo roto bruscamente por el ruido insidioso del despertador, dudas entre unirte al numeroso grupo de durmientes o seguir leyendo ese libro que te dejaron, ese 'best-seller' que trata de crónicas medievales y detectivescas que te resulta difícil de asimilar y que también consideras tan rutinario y uniforme como tu vida, porque lo está leyendo todo el mundo.

El viaje ha sido relativamente corto y te cuesta levantarte cuando has llegado a tu destino, te abres paso como puedes para poder bajar del tren porque los que esperan en el andén, no dan tregua y si te descuidas te introducen de nuevo dentro, porque ya no se respeta nada y el civismo es algo que poco a poco va desapareciendo.

Llegas al metro, y lo haces avanzando como un "zombi", formando parte de la gran pasta humana que a esas horas también se desplaza a cualquier destino o a su trabajo, que me imagino será tan rutinario como el tuyo, insertas tu billete en el torniquete y una alarma se dispara, como también lo hace tu corazón, que golpea con fuerza tu pecho, y temes haber incurrido en un fraude, te educaron en el miedo y en el estricto cumplimiento de las normas, pero lo que pasa es que lo has introducido al revés, y eso te alivia y te descarga de un peso que por un momento se te ha adherido a tu cuerpo y que has soliviantado enmendando el error de tu torpeza.

El viaje es también corto y a esas horas parece como si el vagón transportara a una sola criatura sideral, compuesta por decenas de extremidades y cabezas, como una mutación producida por algún escape radiactivo, un conglomerado orgánico que poco a poco se va descomponiendo conforme el tren va parando en las sucesivas estaciones de su recorrido, hasta que yo mismo me desprendo de él.

Caminas en busca de la salida entre el tumulto de la gente, pisas a alguien sin querer y éste te mira con una cara de estar perdonándote la vida, no media una contestación a mi disculpa, solo una mirada de reprobación y odio.

Sales al exterior y compruebas que aún sigue siendo de noche y que sopla un viento gélido que te atraviesa el cuerpo y llega a lo más profundo de tus huesos, miras a un lado y a otro y a esas horas hay tanta gente pululando por las calles como habitantes tiene el pueblo que dejaste hace unos años en busca de un futuro mejor, y que cuando llegaste a la gran ciudad creías equivocadamente haber encontrado.

Piensas en todo eso, mientras caminas cabizbajo y pesaroso lamentándote en que todo fue un error, miras a los demás y estás convencido de que ellos, en el interior de sus cabezas albergan la misma percepción de sus vidas que tienes tú de la tuya, o eso crees...
Llegas a la misma oficina y contemplas las mismas caras, empiezas tu trabajo y empiezas la misma rutina, eres el mismo engranaje que durante demasiados años se pone en marcha y se acopla irremediablemente a otro, como una maquinaria perfecta, que aunque quieras no puedes abandonar.

Oyes las mismas estupideces, los mismos comentarios machistas cuando se deja ver una mujer atractiva, la misma vacuidad, las mismas conversaciones circulares que no te reportan nada en absoluto, las vidas de los demás y sus inquietudes que huelen a habitación cerrada de enfermo, y de repente, te paras un momento y la imagen de un paisaje helado aparece en tu mente, y lo identificas con la lejana Antártida y por un momento, te encuentras a gusto pensando en aquella inmensidad gélida y reconoces que a pesar del frío, mucho más que el que está haciendo ahora, te gustaría estar allí, completamente solo.

Oyendo soplar el viento ante tanta grandeza que te hace sentir libre, temeroso de aquel paisaje todavía inhóspito, pensando en el misterio de aquellas montañas que hace que tu imaginación puedas ver en el horizonte lejano, como también las vislumbró Lovecraft, pero ante todo sentir el gozo de no ver a nadie, sin la presencia funesta del ser humano, de llegar a la conclusión de que el estar allí, es la verdadera metáfora de la Libertad en su estado más puro.

Pero todo se diluye y tu fantasía desaparece en el ambiente que cada día se te hace más asfixiante a pesar del frío de Noviembre, vuelves a la realidad y tu viaje mental hacia aquel continente helado finaliza con la esperanza de estar algún día allí y de experimentar en persona las sensaciones que por un momento has sentido y que tanto anhelas, miras a tu alrededor y no ves ninguna emanación de energía, y si siempre has creído que el alma es pura tenacidad, que cuando abandona el cuerpo inicia su viaje hacia la Eternidad, te convences que toda esa gente que te rodea, cuando mueran se convertirán en materia inerte y putrefacta, sustancia inerte y sin vida.

Sales del trabajo y no te paras un rato con los compañeros, te notan raro y distante, cada día que pasa más, porque en el fondo ya nadie te interesa, nadie o casi nadie merece la pena, te das cuenta que aunque lo pretendas no encajas y que vas dando tumbos por la vida, sin una ubicación emocional fija.

Coges de vuelta el metro y de nuevo formas parte de ese monstruo de cien cabezas, cien brazos y cien piernas, llegas de nuevo a la estación de tren, y ahora eres tú el que tienes que esperar y como aún te queda algo de respeto, dejas que la gente salga antes de tú entrar, aunque por tu buenas maneras te haya tocado ir de pie como casi siempre, vas mirando el paisaje, el mismo de todos los días, envuelto en una niebla fantasmal que lo inunda todo, cierras los ojos y en tu cabeza suena el Anillo de los Nibelungos de R.Wagner con su melodía de misterio y vértigo, y de nuevo en tu mente se deja ver allá a lo lejos las primeras estribaciones de tierra helada y sublimes icebergs que te indican que ya no llegas a tu casa, en esa ciudad dormitorio que elegiste forzosamente para vivir, sino que pronto tu pié, como toda tu vida, se posarán para siempre en tu añorada Antártida y habrás conseguido por fin tu Libertad.

Relato de Juan Carlos 02-10-06
Gracias Juan Carlos por enviar tu Relato. ;)

26 enero 2006

'Cartas a dos metros bajo tierra' de Dolores

Carta nº 12- (3 semanas sin ti)

El día de ayer fue bien duro. Un cúmulo de sensaciones odiosas que no se van de mi cuerpo, un aire de melancolía que no dejo de respirar. Una ausencia que nunca se va a cubrir, un hueco que nadie nunca podrá llenar.

¿Sabes que hice a mediodía? Dios! me da vergüenza solo recordarlo, que estupidez tan grande.
Hice la comida como cada día, uno de tus platos favoritos, de los que me encantaba hacer para ti. Y puse la mesa: dos platos, dos vasos, dos cubiertos de cada…
Será una tontería pero para mi era una forma de volver a tenerte, yo ahí sentada en silencio, mirando tu plato vacío, y imaginando como me decías lo bueno que estaba todo. Y así, después de comer sopa de lágrimas, recogí el mismo estúpido plato vacío y lo fregué junto al mío, como si hubieras hecho uso de él. Quería mantener todo como estaba, hacer las mismas cosas, como si nada hubiera pasado. Después me senté en el sofá. Llevé tu bata puesta toda la tarde, me queda horrorosa, lo sé, y sonrío al recordarme con ella. Pero es la que más suple tus abrazos, porque al llevarla puesta me abraza tu olor que sigue perenne en su tejido.
Me quedé un rato viendo la tele sin atenderla, solo veía imágenes, y nos imaginaba a los dos acurrucados en el sofá como todas las tardes criticando a los personajes que aparecen en los programas. De vez en cuando un anuncio me dejaba paralizada…esa canción… esa canción te encantaba. Me cabreé: ¿Por qué todo está relacionado a ti? ¿Por que todo me tiene que recordar a ti? Que tonta, pensé, si eras el centro de mi vida, pues claro que cada minúsculo detalle de ella me recuerda a ti, cada instante que he vivido contigo ha dejado millones de recuerdos que golpean mi mente continuamente.
Momentos maravillosos que al revivirlos, tu ausencia los devuelve amargos.

Y después te vi.
Apareciste mientras me peinaba. Yo estaba con la mirada ausente sin darme cuenta que me cepillaba el mismo mechón una y otra vez, y de repente un frío inesperado atravesó todo mi cuerpo, es una sensación que ya me es familiar, me acompaña desde hace tiempo y ocurre cada vez que noto tu presencia, es como si de repente el termómetro marcara diez grados menos.
Bajó la temperatura de golpe y entonces, al reaccionar enfoqué la mirada y seguí peinándome, y allí estabas tu, reflejado en el espejo, tu cuerpo asomaba por encima de mi hombro. Me giré velozmente pero no estabas, volví a mirar al espejo pero ya habías desaparecido. Me derrumbé, y grité en silencio sentada en la cama, ¿porqué me martirizas de esta manera?, no ves que así es imposible seguir adelante?
Me vestí corriendo y salí a la calle. Mientras paseaba despacio recordaba aquel momento. Tu cara…. Tenías una expresión tan tranquila, tan serena… quizás solo querías acompañarme en silencio pero te descubrí y te escabulliste. Puede que quisieras acercarte con disimulo y acariciar mi pelo como siempre hacías, me encantaba como enrollabas un mechón de mi cabello con tu dedo queriendo hacer un rizo, ese gesto me resultaba entrañable y hacia que te amara más y más.
Sí, quizás solo fue eso, me dije a mi misma, y tomé el camino de vuelta a casa.
Cuando llegué fui directamente a la habitación y me acosté sin cenar, quería que acabara ya el día, había vivido demasiadas sensaciones y estaba agotada de dolor, ese dolor que no se cuenta y duele en lo mas profundo del corazón, ese dolor que produce sangre en mi alma y sale al exterior en forma de lágrima.
Y con ese dolor me metí en nuestra cama, demasiado grande ya para mi sola, y apagué la luz.
Allí estaba yo una noche más, desconsolada y sola. Sin querer creerme que iba a tener que ser así eternamente, que ya nunca ibas a volver, y te maldije por irte sin dejarme despedirme de ti, en ese momento hubiera vendido mi alma al diablo si solo me dejara sentirte una última vez, abrazarte y notar los latidos de tu corazón por ultima vez, ver tus ojos brillantes diciéndome te amo por ultima vez. Maldita sea ¿Por qué me has abandonado? ¿Cómo se supone que debo seguir viviendo sin ti?
Entonces llena de ira, me levanté y saqué nuestro cajón de fotos, cada vez que veía una el dolor se hacia más y mas grande y quise romperlas todas porque ya había perdido la paciencia (…) La esperanza.
Pero enseguida te pedí perdón y las abracé todas y allí creo que quedé rendida en el suelo con el cajón tirado y las fotos esparcidas por todo el suelo de la habitación. Digo creo porque hasta ese punto es donde alcanza mi recuerdo.
Y hoy nada más levantarme y me he puesto a escribirte como así acordé que te escribiría cada día mi vida. Cuando termine recogeré las fotos que aún están en el suelo y empezaré un día más sin ti.

Te amo.

Hola cielo, hoy han pasado dos años desde que escribí esta carta, la encontré esta mañana mientras veía unas fotos que guardo de nosotros. Nunca te la llegué a mandar así que creo que hoy voy a ir a llevártela, hace mucho que no te escribo, desde que el guarda me dijo que no estaba bien que enterrara cosas al lado de tu tumba, pero como si no voy a hacértelas llegar?
Sabes que, mi vida?
Que ya no me duele recordarte. Desde que te fuiste he tenido momentos de locura, desesperación, angustia…otros de calma, de aceptación…
Ahora sigo adelante sin ti y a veces me siento un monstruo cuando te recuerdo y no lloro, pero creo que el mismo dolor ha sido el que me ha hecho más fuerte. No sé como ha sido, alguien me dijo un día que todos tenemos unos ángeles silenciosos que nos ayudan a ponernos de pie cuando nuestras alas ya no recuerdan como volar.

Relato de Dolores 26-01-06
Gracias Dolores por enviar tu relato ;)

06 septiembre 2005

'El Libro de la Rosa' de Marcel

El Libro de la Rosa
Había una isla remota muy especial en la cual sus gentes nunca habían visto una flor.
No había una sola flor en toda la isla, y nadie sabía de su existencia.
Les fue entregado por un viajero un libro titulado “El libro de la Rosa”, donde se explicaba en mil formas lo que era una rosa:
su forma, su fragancia, su tacto, su simbología, etc.
Cientos de páginas en forma de poemas, escritos inspirados, etc.
La gente se quedó conmovida con ese libro, y se entusiasmaron al compartir su experiencia.
Al poco tiempo, empezaron a hablar de que les gustaría ver una rosa y cada uno exponía su imagen mental, su interpretación.
Unos decían que la rosa era tan grande como un árbol, otros que tenía un tronco con espadas, otros que olía a miel, otros que era frágil como la nieve...
Y empezaron a discutir para defender cada uno su teoría, y se formaron varios grupos.
Con el paso del tiempo se enseñaba en la escuela lo que era una rosa, desde el punto de vista del grupo mayoritario y se hacía referencia al libro sagrado,
pero pocos lo leían, y los que lo hacían, bien podía pasar que tuvieran una imagen innovadora de la rosa, pero como no encajaba con la visión de ningun grupo amoldaban su interpretación para no ser rechazados.
Otros, ya muy pocos, se atrevían a enfrentarse a los grupos y al Gran Consejo de Grupos, manifestando su propia visión de la rosa.
Finalmente, hubo un hombre que nunca creyó del todo lo que los grupos decían; él se decía: “no sé.. falta algo, algo no encaja”.
Con el paso del tiempo buscó por sí mismo en el libro sagrado, desdeñó lo que decían los grupos y el Gran Consejo, pero lo hacía en secreto, porque no le interesaba pelearse con nadie.
Se sentía solo por dentro, nadie le hubiera entendido.
Y seguía la vida, y un día se levantó, y al salir al camino, miró y vio un fulgor que salía de detrás de una roca.
Se acercó y vio la rosa más bella que podía haber concebido su imaginación, olió su fragancia y quedó extasiado al acariciarla con sus dedos y apreciar su tacto y fragilidad.
Corriendo se fue al pueblo a dar la buena noticia, pero nadie le creyó.
Algunos, no obstante, le siguieron, pero la rosa ya se había ido.
Él estaba felicísimo por haber tenido esa oportunidad, pero nadie le comprendió, y se apiadó de ellos...
Marcel 06-09-05
Gracias Marcel por enviar tu relato ;)

09 junio 2005

"Dios Cruel" de Jose powell

“Dios Cruel”

Black observaba aterrado el estado del campo de batalla… por aquí y por allá cuerpos diseminados eran mudos testigos de la dureza del combate, que aun no había terminado. La infantería, de la cual formaba parte, había sido drásticamente diezmada y no lejos de su posición actual podía ver a unos jinetes que intentaban asaltar la torre de defensa que les quedaba. Los blancos estandartes que lucían sus rivales oteaban al viento y sus gritos se oían resonando por doquier. Cerca de su posición uno de los sacerdotes ayudaba en su último viaje a los caídos, amenazado a su vez por el enemigo, que con una hábil maniobra de distracción había conseguido hacerlos caer en una sofisticada trampa, que había acabado con toda la caballería del ejército de Black.

Finalmente la torre se derrumbó con gran estruendo aniquilando a los soldados que aun se hallaban en su interior. Todo parecía perdido. El ejército del Blanco ganaría aquella batalla sumiendo el mundo que Black conocía en el caos y la desesperación. Una desesperación que invadía la mente del soldado y al resto de sus compañeros que aun permanecían en pie. En aquellos momentos la batalla se detuvo. Para Black era una pausa antes del ataque final. Se giró buscando a su majestad. Una mirada suya o de la princesa bastaban para subir el ánimo de los combatientes y elevar su moral. Haciendo que perder su vida por ellos no pareciese tan malo. Buscó y rebuscó entre la retaguardia, mas no podía dar con ellos. El ejército del Blanco parecía replegarse momentáneamente. El no podía retroceder… no podía retroceder. Siempre avanzar, solamente avanzar, era lo que le habían enseñado y para lo que estaba preparado, pero siempre podía volver la vista atrás para consolarse. Vio un puñado de hombres de la infantería protegiendo al rey, que había perdido el caballo y estaba de pie, entre ellos, blandiendo su magnifica espada en lo alto, también observo una herida en uno de sus muslos, que sangraba profusamente reduciendo drásticamente su movilidad. En aquellos momentos le pareció que su majestad había perdido parte de su magia, y que ni siquiera su mirada podía hacer que se volviera a lanzar a una batalla perdida.

Alzando su rostro al cielo, se dirigió a su dios, “Oh dios de la guerra, oh dios poderoso, dios de la muerte y la destrucción siempre que muestras tus señales tu pueblo sufre, dime ¿eres un dios o un demonio? ¿Cuantas generaciones de nuestros hijos deben sufrir tu sed de sangre? Muéstrate de nuevo, ayúdanos en esta batalla y estaremos preparados para la siguiente, como siempre ha sido, pero no permitas que nos derroten y sufrir la vergüenza y la humillación. No nos abandones en este momento”

Como en respuesta a sus palabras, el ejercito enemigo empezó a gritar de nuevo, se preparaban para el asalto final. Prestando atención, aquellos gritos eran más de terror que de exaltación o furia asesina, así que Black alzó levemente la cabeza del pequeño charco en que se había tendido y pudo ver la respuesta de aquel dios cruel. La princesa, se hallaba entre las líneas enemigas, montada en su corcel repartiendo muerte entre las filas del ejército del Blanco. Su visión era como la de una santa guerrera con su negro estandarte alzado sobre la silla del caballo y su espada, invisible de tan veloz como la princesa la manejaba. Provocando el pánico entre las huestes blancas. Black observó al resto de sus compañeros, todos habían visto a la princesa en medio de la refriega y de nuevo alzaron sus espadas sobre sus cabezas. Entonando vítores y cantos, iniciaron una carga desesperada intentando alcanzar a al princesa y ayudarla o protegerla, con su vida si era necesario… esas imágenes recordaron a Black el comienzo de la batalla. Que poderoso parecía su ejército, todos en formación, sin brechas, sin fallos. La infantería al frente, con Black entre ellos, orgulloso de sus hermanos de sangre preparados para vencer al invasor y regresar de nuevo a su tranquila vida tras la batalla. Durante siglos el ejercito del Blanco les había atacado e intentado invadir sus tierras, cuando lo conseguían se establecía un periodo de paz, la Paz Blanca, en la que los paisanos de Black sufrían constantes humillaciones y eran tratados como esclavos por el ejercito del Blanco, hasta que un día, Black nunca se había preguntado como era posible aquello, el dios de la guerra volvía a dar muestras de su poder haciendo aparecer a un nuevo rey, descendiente de la generación anterior, al cual nadie ponía en duda, puesto que era el designio de dios y los ejércitos volvían a armarse. Siempre la misma batalla, siempre en el mismo campo de batalla, aquellas tierras baldías que separaban los territorios del Blanco de los suyos. Incontables cadáveres, incontables muertes, huesos, despojos, armas rotas… todo quedaba en aquellas tierras, esperando un nuevo desenlace, a favor de uno o de los otros. Cuando el ejército al cual pertenecía Black ganaba, no había paz…. Simplemente un compás de espera en el cual sabían que el ejército del blanco volviera, como había hecho desde incontables generaciones atrás. Siempre volvían y siempre eran ellos quien daba el primer paso. Siempre iniciaban ellos las hostilidades, y Black rezaba y rogaba por que aquello acabara algún día, pero el dios al cual oraba, únicamente aparecía para lanzarlos a la guerra. Y si sobrevivía, Black estaba seguro, la historia se repetiría.

Cargando desesperadamente hacia el enemigo, Black y sus compañeros iniciaron un nuevo ataque. Intentarían acabar con los magos del blanco. Llegaron hasta él más fácilmente de lo que habían imaginado y el combate fue rápido y sangriento. Dos de los hermanos de armas de Black cayeron ante la magia del terrible enemigo, que no pudo soportar el envite de Black y otro soldado. Con el mago derrotado y a sus pies, llegar hasta la princesa era tarea fácil, y cuando volvieron a buscarla con la mirada, la vieron frente al Blanco, con la espada alzada y dispuesta a dar el golpe de gracia a su mortal enemigo. En aquel momento el tiempo pareció detenerse. Todos los combatientes detuvieron sus ataques. El cielo se encapotó como por arte de magia en un instante y la oscuridad cubrió el campo de batalla. Rayos y truenos hicieron su aparición y todos los presentes alzaron temerosos sus rostros. Por entre el claro que se abrió entre las negras nubes despuntó una luz, tan brillante que momentáneamente cegó a todos los presentes. La luz transmitía una pureza y una claridad tal que Black imagino que debía ser el dios del Blanco y que finalmente había llegado su hora.

En vez de la muerte que Black esperaba, de aquella luz, surgió una voz atronadora que pronunció tan solo dos palabras. Dos palabras que cesaron al momento las hostilidades y que anunciaron que el ejército de Black había ganado aquella guerra.

Black vivió muchos años mas, recordando por siempre aquellas palabras que había oído pronunciar a un dios. Y ya en su lecho de muerte, se las transmitió a sus hijos y nietos que rodeaban su cama. Una gran expectación los inundó mientras esperaban que su anciano patriarca las pronunciara, conscientes del gran secreto que las había envuelto y de lo poderosas que podían llegar a ser. Finalmente, con su último suspiro, el anciano abrió la boca y las musito: “Jaque Mate”.

Jose powell

Mataró 29-6-04


Gracias Jose por enviar tu relato ;)

18 abril 2005

Gregy, la ardilla

Érase una vez una pequeña ardilla llamada Gregy.
Gregy era muy trabajadora, pero muy tímida. Trabajaba todo el verano recolectando semillas y frutos para el duro inverno.
Con su nariz pequeñita, detectaba donde debía buscar las semillas verdes y gracias a sus patas pequeñas, pero fuertes, podía saltar hasta las ramas más altas.
El color anaranjado de su piel, la hacía vistosa e inconfundible.
Todas las demás ardillas se reían de ella por su color y ella siempre se ponía a triste. A Gregy no le gustaba ser así. Siempre corría y se ocultaba en su madriguera, evitando que la vieran.
Corría tan rápido, que en ocasiones parecía que una mandarina, estuviera danzando de árbol en árbol.
Y así pasaba los días, saltando de rama en rama, transportando frutos hasta su madriguera, situada en un hermoso roble que estaba cubierto de una capa de hojas de enredadera.
Vivía en un pequeño bosque que estaba al lado de un gran lago azul.
Como cada año, llegó la época de migración y los pájaros vinieron al lago.
Entre todos los pájaros, dos cuervos negros se pararon a beber y saciar su sed cerca del roble.

- Tantos kilómetros volando cansan a uno. Dijo el cuervo gordinflón a su alado compañero.
- Cansan y además hacen doler el buche. Dijo el otro cuervo barbudo, mientras señalaba su estómago, que rugía como un león.
- No te preocupes que ya se como llenarlo. Cada año la madriguera de ese estúpido animal naranja esta lleno de semillas….Tiene que estar por aquí…
- ¿Y si nos descubre?
- Si nos descubre, no nos hará nada. Las ardillas son bichos tontos, que le tienen miedo a todo. Hasta a un par de viejos cuervos que están en los huesos.


Los dos cuervos comenzaron a volar entre carcajadas y buscaron la madriguera.
Al no dar con ella esperaron que la ardillita Gregy saliera a coger más alimentos y así poder comerse toda la cosecha.

Mientras tanto en su madriguera, Gregy llevaba su recuento diario de semillas y las separaba por tipo, color y forma. Al hacer un poco de sitio, se dio cuenta de que aún le faltaban unas pocas para llenar su almacén .Una vez lleno podría disfrutar de lo que quedaba de verano.
Gregy sabía que todos los años, un cuervo gordinflón, venía y se comía casi toda su cosecha.
¡Todo el trabajo de un mes para nada! Y su almacén, sin una semilla.

Por más que lo intentara, no había forma de que se marchara hasta que el ave se hartaba de comer.
Cada año intentaba una nueva forma de evitar que se comieran sus provisiones, pero hiciera lo que hiciera, siempre acababan en el buche del cuervo.
Este año había esperado que las hojas de enredadera crecieran hasta camuflar su madriguera y de esta forma evitar que acabara su cosecha en estómagos alados.
El ruido de unas carcajadas le llamó la atención y decidió asomar la cabecita por la madriguera. Quería saber quién provocaba tanto estruendo.
Al asomarse vio a un cuervo gordinflón, que parecía estar buscando algo.
El miedo le invadió y se quedó sin poder hacer nada en su madriguera.
<<¡Era el mismo cuervo de todos los años!>>
Tenía pensado salir a por más semillas, pero sabía que si le veían salir de allí, localizarían su escondite y acabarían con su almacén. Así que esperó a ver que sucedía.

Los dos cuervos revoloteaban la zona esperando ver algo naranja correteando por las ramas que les indicara el sitio exacto, pero no veían nada. Así que decidieron esperar.

Pasaron las horas y los cuervos seguían esperando en las ramas altas de los robles cercanos.

De pronto, algo sucedió. De entre unas ramas, apareció una naricita marrón de ardilla.
Le siguió unos ojos grandes y brillantes, y unas orejitas que apuntaban el cielo.
Pero no era naranja, si no de un precioso color canela. Era la ardillita más bonita que Gregy había visto nunca.
Estaba enamorado de ella desde la primera vez que la vio.
Se llamaba Lucy y vivía en el mismo roble que ella pero cinco ramas más arriba.
Lucy había salido a tomar el sol y a beber un poco de agua, y no se percató de la existencia de las aves.
Los dos cuervos estaban esperando a más de cuatro árboles de allí. Esperaban a la ardilla naranja, pero cualquier madriguera sin su dueño presente valía. Al fin de al cabo, lo único que querían era llenar el estómago.
Cuando vieron que Lucy ya había bajado dos ramas, sigilosamente planearon hasta su madriguera y comenzaron a degustar el delicioso manjar que se albergaba en su interior.
Cuando Lucy pasaba justo delante de la madriguera de Gregy, éste salió para detener su alegre salida matutina.
- Hola L..Lucy.
- ¡OH! ¡Que susto me has dado Gregy!- dijo Lucy mientras daba un salto hacia atrás.
- Per..Perdóname L…Lucy. <> Deberías volver a tu casa. No has visto a esos estúpidos cuervos, parece que estén esperando que…
- ¡OH, cielos! Lucy empezó a subir rauda y veloz hacia su madriguera, pero ya era demasiado tarde.
Dos cuervos ocupaban la totalidad de la mohosa rama de roble y devoraban su fantástica reserva de semillas. Lucy gritó y gritó, pero ninguna ardilla salió a ayudarla. Todas se escondían aterrorizadas en sus madrigueras.
Lucy volvió a bajar hasta la madriguera de Gregy y le pidió ayuda con lágrimas en sus grandes ojos brillantes.
- Por favor Gregy. ¡Ayúdame! Se están comiendo todas mis semillas y nadie me ayuda.
Gregy estaba paralizado por el miedo. Recordaba que todos los años, la victima era él y nunca nadie le había ayudado por mucho que gritara.
“Si no fueras tan llamativa, no te habría pasado…” le decían entre risas las demás ardillas.
De pronto Gregy tuvo una idea y subió veloz el roble hasta llegar a la copa.

Recordó a sus pequeñas amigas, hacía menos de seis meses le pidieron un favor. Su casa estaba a punto de caerse y gritaban desesperadas. La ardilla escuchó sus gritos y subió en dirección a ellos. Al llegar vio una escena terrible. Una Colmena de avispas estaba a punto de caerse, y Gregy no vio otra opción que la de poner ramas justo debajo para evitar que cayera al suelo. Estuvo casi toda la tarde de un lado a otro llevando ramas y hojas secas hasta que hizo un colchón. Justo cuando puso la última rama, la colmena cayó y se detuvo encima del colchón. Había salvado a la Reina y eso era un honor muy grande.

Ahora Gregy subía hacia la copa, al llegar vio que habían construido otra colmena en el árbol y habían abandonado la otra que todavía yacía en el somier de hojas y ramas.
- Amigas, necesito vuestra ayuda.
Gregy les explicó el problema y entonces, todos juntos, decidieron un plan.

Mientras tanto Lucy, pensó que Gregy había salido huyendo, como un cobarde, y sin nada que perder, se dirigió hacia los dos cuervos que todavía seguían engullendo el trabajo de los últimos meses de recolecta.
Lucy intentaba que la miraran y dejaran de comer, pero las aves, ni siquiera le dirigían un simple vistazo. Con una pata la empujaron. Lucy resbaló y se quedó colgando de la rama intentando no caerse.
Cuando sólo le quedaba un brazo aferrado a la rama, Lucy flaqueó sus fuerzas y no aguantó más.
Su brazo se deslizó de la rama y Lucy cayó en el vacío…Era el fin…

Su cuerpo chocó en una cama blanda de hojas y ramas improvisada. El colchón cedió y Lucy volvió a estar sujeta de una rama con sus dos bracitos.
No tenía más fuerzas y poco a poco se iba resbalando. Dos patitas de ardilla aparecieron de arriba y consiguieron hacer subir a Lucy que por fin se encontraba sana y a salvo en la madriguera de Gregy.
Gregy no había huido, incluso había podido preparar un colchón de hojas, aunque poco resistente, que impidió que Lucy chocara contra el suelo.
La ardilla hizo una señal y la "Armada Avispera" atacó con fuerza a los dos cuervos que no se habían enterado de nada.
Llenos de picotazos, los dos cuervos tuvieron su escarmiento y nunca más volvieron a pasarse por ese lugar...
Cuando Lucy volvió a su madriguera, la encontró vacía, sin una sola semilla.
Con los picos de los cuervos, también habían destrozado la entrada y las paredes y en los futuros días de invierno, el frío se colaría por los agujeros. Ya no podía vivir allí, había de buscarse otra casa.
- Si quieres puedes quedarte aquí, por un tiempo…Dijo Gregy ruborizado.
- Pero… no tendremos suficiente comida para los dos….
- Yo tengo el almacén lleno y ahora podemos llenarlo más…si tú quieres…
Y así se acaba esta historia, sólo os puedo contar que Lucy y Gregy vivieron en la misma madriguera y un día se casaron y tuvieron una hermosa ardillita, mitad naranja mitad canela. Y por fin todos juntos vivieron felices y comieron semillas…

21 marzo 2005

Su Tabaco, Garcias (Parte 6)

Parte 6

Pocos días harían falta para que la empresa “ENAXTAB”, denunciara a la empresa “NICRONIX”, al hallar una caja “ESTX” marcada en una máquina de su propiedad. Esto quería decir que hubo manipulación.

Lógicamente sólo un técnico de la empresa podría manipularla, pero los únicos que tenían acceso a las cajas éramos Jose y yo.

Estaba claro que mi jefe ya sabía quien, cuando, donde y como, pero lo que no tenía claro era por que lo había hecho.

Toda la mañana estuve pensando y planeando el problema, y la culminación de mi trabajo, había de ser algo sincero pero directo. No había segundas oportunidades.

Sabía que si Eva en algún momento pensaba que me estaba burlando de ella, todo mi trabajo se habría ido al traste.

Era ese gran final. El esperado. El que tienen todos los buenos libros.

Pero este no era un libro y si lo hubiera sido, no sería ni siquiera bueno.

La vida real esta plagada de luchas, dilemas y decisiones diarias.

Y aunque siempre esperas que venga algún súper héroe a salvarte, nunca llega, y el problema lo tienes que solucionar tú. “Lo que no te mata, te hace más fuerte”, pero…

Nunca sabes si eso alguna vez te matará…

Cuando era pequeño veía la vida desde mi punto de vista, muy difícil. Mis padres, siempre trabajando y siempre discutiendo. En navidad era mi hermano el que compraba los regalos para todos y luego me decía que eran de mis padres. Como si no lo supiera…pero me daba igual.

Cuando cumplí 11 años ocurrió una tragedia.

Todo es basura. La vida es basura y en basura nos convertimos.

Un inmenso camión chocó con el coche que llevaba mi hermano, dejándome sin madre, sin hermano, un padre deprimido hasta su muerte y la calle llena de basura.

Mi padre mal vivió su corta existencia, arrepintiéndose de pedirle a su hijo que corriera un poco más, para poder llegar antes al trabajo. Nueve meses después me quedé, definitivamente, sin familia.

En el orfanato pase mi corta juventud y fue allí donde conocí a Francisco, hijo del decano de un orfanato del OPUS DEI. Su padre prefería educar a su hijo igual que a todos y Fran se sentaba a mi lado. Desde entonces nos hicimos inseparables.

Los dos nos hicimos monaguillos, hicimos la comunión, la confirmación…

Y en el momento que él se dispuso a seguir a cristo en el mundo de los estudios, yo me decidí por estudiar el mundo de la electrónica.

Siete años más tarde nos volvimos a encontrar, poco antes de que Fran conociera a Eva.

Fran dejó los estudios por cuestiones personales y se decidió por la abogacía.

Eva era estudiante de filología inglesa en la misma universidad donde estábamos Fran y yo. El destino nos unió en el bar. Y entre ellos surgió una historia de la cual yo sólo podría participar dejándome a un lado.

Lo cierto es que nunca estuve interesado por Eva, era demasiado prepotente. Pero ellos estaban hechos el uno para el otro.

Por aquel entonces Fran ya fumaba los tres paquetes al día.

El hábito no hace al monje, lo que hace… es la tumba. Y así fue.

Desde pocos meses después de la boda, no lo volví a ver, hasta que un día sonó el teléfono.

Eva me dijo que Fran estaba muy enfermo y quería verme urgentemente.

Cuando llegué ya no pude hablar con él. La enfermedad había corrido más que yo.

Un cáncer se apoderó de él, y lo destruyó en menos de dos meses. Hasta la última semana no sintió ninguna molestia, pero esa, fue la decisiva.

Uno de los grandes problemas de Eva, era que su marido había invertido el valor de la

casa en unas acciones que no había visto su fruto, y un día, todo el dinero despareció justo una semana antes de su muerte.

Fran era un buen abogado y eso le permitía pagar la elevada hipoteca que llevaba arrastrando. Su sueldo también permitía que Eva se quedara en casa sin trabajar, cosa que tuvo que hacer después de que su marido la abandonase por los ángeles.

Ahora trabajaba de profesora de ingles en un colegio de primaria, y el agua cada vez estaba más cerca de su cuello y sus bolsillos cada vez más vacíos.

Ella pensaba vender la casa y sacar algo pero… ¿Dónde ir?

Cuatro meses después de su muerte, aquí me encontraba: Con una pantalla en mi mano derecha y en la otra mano una vieja amiga. En medio, yo. Y ese era el principal problema, que “yo” era el encargado de juntar las manos y no sabía como.

- No se que hacer Fran! ¿Qué le digo? ¿Qué Hago?

“DEBES LLEVARME ANTE ELLA…”,”EVA LO ENTENDERA”,”ME NECESITA A MI PERO…”, “PERO SOBRETODO….”,”TE NECESITA A TI…”

La bombilla se encendió, no por el efecto del interruptor, si no por una aleación de mis neuronas que al fusionarse dieron el paso a seguir en este trabalenguas mental.

Sólo necesité buscar un poco, y allí estaba, tal y como yo pensaba.

Un par de retoques y ya estaría. Destornillar, soldar, pegar, atornillar, pintar y secar. Esta vez mi plan iría sobre ruedas, concretamente cuatro las de mi coche, que aparqué justo en frente de la casa de Eva.

La casa era enorme, con jardín y garaje. Una casa adosada en una muy buena zona.

Mi traje gris no hacía juego con la caja de color negro que llevaba en las manos.

El timbre resonaba por toda la casa y al tercer aviso, por fin la protagonista de la hazaña apareció ante mis ojos.

- ¿Si, quién es?

- Hola Eva, soy G…

- OH Garcías, que sorpresa! ¡Pasa! Perdona pero la casa está hecha un desastre….

- No importa Eva, tengo algo muy importante que decirte…

De mi frente empezaron a salir, como una reacción alérgica, gotas de sudor del tamaño de una lenteja, que resbalaban por la nariz dando la falsa sensación de un constipado.

Ella se quedó sorprendida al escuchar mis palabras y al ver mi pose febril. La pupila de sus ojos azules iba cambiando de tamaño como una cámara “REFLEX”.

- ¿De que se trata? ¿Qué te ocurre Garci?

- No, no es a mi es tu … Te explicaré. Dije dejando el paquete oscuro sobre la mesa.

- Fran, tu marido, antes de morir dejo escrito en el testamento que a los cuatro meses se me entregara esta caja con instrucciones para que te la entregase a ti Eva.

- ¿Pero cómo es posible? Yo misma leí el testamento, no ponía nada de una caja y menos de ti… ¿De donde has sacado eso? ¿Qué clase de broma es esta?

- No, no por favor Eva, no te enfades.

La cosa empezaba a complicarse y a salirse de mis manos. Tenía que controlar la situación, si no, no valdría de nada todo mi esfuerzo.

- Eva… No era un testamento… “Real”. El paquete lo dejó en una casilla de correos con órdenes expresas de que se me entregará a mí con estas instrucciones.

- Y ¿Qué instrucciones son esas?

Sus lágrimas le resbalaban por la cara y el temblor de sus ojos me hizo un nudo en la garganta.

- Las instrucciones dicen que he de entregarte a ti el paquete.

Eva se enjuagó las lágrimas en un pañuelo de papel, se levantó de la silla y con dos manos sostuvo cada uno de los extremos de la caja negra.

Un pequeño esfuerzo hacia arriba y la sorpresa se convirtió en asombro y después, decepción.

En el interior yacía un aparato inactivo, inmóvil, inerte y sin vida, pero en su interior un corazón digital palpitaba bit a bit, y un sentimiento más fuerte que el amor hizo que el corazón de la señora Almoneda vibrara en su misma frecuencia.

Su mano se deslizó por encima de las teclas, acariciando con las yemas de los dedos los números, los signos, las palancas, el papel, la pantalla y en el botón de encendido se detuvieron con dudas.


- ¿Qué es esto?¿Que broma de mal gusto es esta, Garcias?

- Eva… Es tu… Es una máquina contable… Tiene un mensaje para ti. Enciéndela. Todas tus respuestas están ahí. Si me disculpas, te dejaré sola..

- No por favor. Quédate. Sola no podría soportarlo…

Me levanté y me dirigí hacia ella, quedándome a medio metro entre ella y la máquina.


Toda una vida pasaría sobre sus ojos llorosos, cuando al encender el aparato las letras pasaron lentamente por la pantalla.


“HOLA AMOR MIO“, “SI LEES ESTO… ES QUE YA NO ESTOY A TU LADO”

“NO CULPES AL MENSAJERO”, “GARGIAS FUE MI MEJOR AMIGO”, “Y LE ENCARGUE ESTA PEQUEÑA MISION”,”PARA QUE TU RECIBIERAS ESTO…”

“DEBO DECIRTE UNA COSA MUY IMPORTANTE…”

La pantalla detalló lo necesario para que Eva recuperara todo el dinero de las acciones para tapar el inmenso agujero que éstas habían hecho.

Una semana antes, Fran las había conseguido vender al broker de una empresa, a un precio muy jugoso. Luego sacó ese dinero y lo guardó en la caja fuerte situada en su estudio, una planta por encima, justo detrás del cuadro de “la Venus desnuda”. Después de decir la numeración de la pantalla escribió sus últimas palabras.

“HASTA QUE VOLVAMOS A VERNOS”,”TE QUIERO EVA”

“QUE DIOS TE BENDIGA”, “SE FELIZ….”,”…………..”

La poca luz que despedía la pantalla se apagó para siempre, y ese gran nudo en mi garganta se deshizo, para dejarme un sabor amargo de tristeza y el dulzor de saber que había hecho lo correcto.

Entre lágrimas subimos un piso y descubrimos la caja fuerte.

En su interior reposaban tres cheques a nombre de Francisco Almoneda, con la solución a todos sus problemas.

Es curioso que cuando consigues resolver un problema grande, te queda ese mismo vacío en el corazón, dejando por un momento a un lado, el resto de problemas.


La mezcla entre risas de felicidad y lagrimas amargas de soledad, salieron en forma de agradecimiento hacia mi por parte de Eva y de esta forma partí con la promesa de volvernos a ver un futuro no muy lejano. Y así fue, pero eso, es otra larga y aburrida historia que no voy a contar…

No Continuara…

FIN


28 febrero 2005

Su Tabaco, Garcias (Parte 5)

Parte 5

Que fría está una casa si no hay nadie viviendo en ella. Pero yo tengo una ventaja: mi pisito se calienta rápido.

30 metros cuadrados no dan para correr pero si para tenerlo todo donde hace falta.

Una sola habitación y un lavabo, el resto, la famosa distribución por cortinas. No os podéis imaginar lo que una conocida marca de muebles y decoración puede hacer por vosotros si estáis en la misma situación...

El “estudio”, es decir, el rincón donde estudio, está formado por una mesa de 50 centímetros y una silla y da codo con codo con la cocina, un fogón con horno, una mini nevera siempre vacía y una mesita con bisagras a la pared.

Sobre el estudio una televisión con DVD y una cadena de música hacían equilibrio en una estantería hasta el techo. Detrás del estudio, la cama, ahora escondida tras un armario, y seguramente con las sábanas arrugadas.

Al la derecha de la cama el lavabo, con su mini taza, su mini plato de ducha y su mini pica. Y a la izquierda la puerta de la casa, por donde entré con prisas.

La estufa de butano se encendió, tras unos toques maestros de mis manos, y en cinco minutos ya tenía aclimatado el mini apartamento, aunque peor es el dolor de cabeza que da ese calor.

De mi mochila saqué la caja “ESTX” y la deposité sobre la mesa.

Me subí a la silla e intenté localizar la caja de herramientas “buena”. Una caja de herramientas “buena”, es aquella que sólo utilizas para ocasiones especiales, como el güisqui “bueno”, aunque la mayoría de las herramientas hayan salido del trabajo, donde tratas con materiales de calidad.

Pesaba mucho, había mucha calidad dentro.

Saqué una pila de petaca de 12 voltios a medio cargar, el destornillador CX, alicates, soldador y estaño.

Con cuidado abrí la caja y allí estaba la memoria.

Dos terminaciones eran las que recibían la energía y encajaban en la ranura de la máquina preparada para tal efecto. Sólo era necesario soldar dos cables cada uno a un borne y soldarlo a la pila, eso lo podía hacer hasta un mono.

El display mostró una ristra de ochos, el número universal de todo aparato, con el ocho se pueden hacer todos los números y la mayoría de las letras.

Eso me indicaba que iba por buen camino, aunque no mostraba ningún mensaje especial a excepción de la hora y el día.

“11:48 01-12-2004”

Por mucho que preguntara, no recibía contestación. Los minutos iban pasando y a medida que incrementaban también crecía mi nerviosismo.

Empecé a gritar su nombre muy alto, realmente lo podía decir más claro, pero no más alto.

“11:52 01-12-2004”

El pánico me invadió.

Habría cogido la caja buena, si es que realmente la llegué a cambiar. Todo fue tan rápido. Pero no quería volver a ese sitio, la fama la tenía por los suelos.

Me imaginaba al dueño echándome los garbanzos al rojo vivo por la cabeza, por haberle estropeado la máquina.

Tenía que volver. Me había dejado la caja buena puesta….Que cabeza…

- ¡Dios mío! Exclamé. Lo que es peor, me he vuelto totalmente paranoico.

Está todo en mi cabeza. No hay espíritus en máquinas de tabaco. Además nunca he creído en esas cosas….mañana voy a un psiquiatra….

Con el soldador volví a quitar las soldaduras hechas es las terminaciones, y entonces vi una marca en la parte de atrás de la caja.

Una equis blanca, me indicaba que esa era propiedad de mi empresa, realmente había cometido un error garrafal.

Cerré la caja y la volví a meter en la mochila tirándola con rabia. El sonido fue el de un impacto plástico con plástico.

- Que tonto soy, me he equivocado. ¡Claro! Dije quitándome de nuevo la cartera.

Lo que no recordé fue que de mi empresa había cogido dos cajas en lugar de una y en vez de sacar la caja titular, había sacado la suplente, que definitivamente se quedaría en el banquillo.

Con gran velocidad saque la “ESTX” buena y repetí la operación.

La pantalla se plagó de ochos y mi alegría volvió de la misma forma que las palabras recorrían la pequeña pantalla de derecha a izquierda.

“BENDITO SEAS SI QUE HAS TARDADO”, “NO ESPERABA MENOS DE TI”

Mi risa rebotaba en las paredes, como una pelota de frontón y una de dos posibles cosas era cierta. Me había vuelto loco definitivamente, o mi amigo estaba hablándome a través de un pequeño aparato…

- ¿Como es posible? ¿Por qué puedes comunicarte?

“NO LO SE”, “PERO DEJE ALGO PENDIENTE QUE DEBO ACABAR”

- ¿Has visto a dios? ¿Cómo es el cielo? ¿Has visto la luz al final del túnel?

-

“ESO……”, ”… NO TE LO PUEDO DECIR……”, “CUANDO ESTES PREPARADO LO SABRAS”

- ¿Y cuando estaré preparado? ¿Has vuelto por mí? ¿Voy a morir?

-

“NO… NO HE VUELTO POR TI”, “LO OTRO… SOLO DIOS LO SABE”

- ¿Pero porque una máquina de tabaco? ¿Por qué no en una persona? Yo pensé que las almas sólo se reencarnan en seres vivos….

“YO NO ELEGI ESTA FORMA”, “COMO YA HE DICHO EL SEÑOR TIENE MUCHO SENTIDO DEL HUMOR”, “AMIGO……”, “EN EL PURGATORIO HAY MUCHAS…… MUCHISIMAS ALMAS”, “Y CADA VEZ HAY MENOS SERES VIVOS”, “HAN DESAPARECIDO MUCHAS ESPECIES”,”Y MAS QUE ESTAN EN PELIGRO DE EXTINCION”, “PERO…HAY QUE ADAPTARSE A LOS NUEVOS TIEMPOS”, “…HE SUSTITUIDO PULMONES, CORAZÓN, MANOS Y RIÑONES… “,”POR BOBINAS, RESISTENCIAS, BOTONES Y CONDENSADORES…”, “GARCIAS……ME QUEDA MUY POCO TIEMPO…..”, “NECESITO TU AYUDA…..”

- Claro amigo. Perdona. Cuéntame.

“NO SE COMO PODRE AGRADECERTE TODO ESTO”,”AHORA TIENES QUE…….”

- No te preocupes por mí. Dime, cuéntame…

-

“TIENES QUE LLEVARME ANTE MI MUJER”, “HE DE DECIRLE ALGO MUY IMPORTANTE”

Mis manos puse sobre la cabeza y el labio inferior se quedó agarrotado por la sorpresa.

- Una cosa es que te saque de un restaurante y otra que vaya a tu… mujer y le diga que su difunto esposo está reencarnado en una pantallita electrónica. Le diré: “Tranquila que no muerde, puedes tocarle…”…

-

“TU ERES EL EXPERTO”,”NECESITO…..”, “ME QUEDA MUY POCO TIEMPO….”,”………………….”

El silencio visual se hizo y un soplo imaginario en el corazón me hizo estremecer.

- Pero ¿Qué puedo hacer?

Continuara…

24 febrero 2005

Su Tabaco, Garcias (Parte 4)

Parte 4

- Buenos días. ¡Documentación! El agente no dejaba de mirarme de arriba a abajo.

- Buenos días .Si tome. Saqué la cartera y de ella cayó el carné falso de ENAXTAB que había estado “fabricando” el día anterior.

- Y esto ¿Qué es? El agente miró con incredulidad el carné.

- Es que… Yo…bar…. amigo… máquina…tabaco… Dios…

Miles de palabras salieron de mi boca. Ninguna con sentido.

- Y ¿Va a tardar mucho? Preguntó el policía.

- Eeem... No... Poco.... Diez minutos. ¿Pasa algo agente? ¿He hecho algún delito?

- Aún No.¿Tiene monedas sueltas? El policía extendió su mano derecha, entregándome el carné.

- ¡Claro! Dije sacando dos monedas de veinte céntimos. Sólo tenia de veinte, las que tenía de dos euros estaban en la ranura de la máquina…

- ¡Mire ahí está la máquina! El horario de la Zona azul empieza a las 10:00, y son las 10:30. Saque un ticket para el tiempo que quiera. Y si después no viene a ampliar ese tiempo, le pondré una multa de 5 euros. Usted sabrá….

Y el agente se marchó calle abajo para revisar los papelitos que había en los coches, y supongo que a ver si caía alguna multa… y cayó...

En ese mismo momento me di cuenta de que el sol lo tenía a mis espaldas y era imposible que el agente hubiera visto nada en el interior.

Fui corriendo a la máquina e introduje las dos monedas.

“10:32 estacionamiento para las 10:52”, “Recoja su ticket. Gracias”

Y me cercioré de que realmente ponía “Gracias”.

Habían pasado veinticinco minutos, no iba tan mal de tiempo, pero aún quedaba lo peor…

Vísteme despacio que voy con prisa….Pensé mientras empezaba a caminar cada vez más deprisa.

- Vestido estoy, ahora sólo falta correr.

Atravesé las dos manzanas a gran velocidad y justo una puerta antes del bar, me detuve.

Estaba sudando como un cerdo y no sabía si la barba se me había despegado.

La gorra hasta las cejas, una camisa amarilla dos tallas más grandes, una barba completa de “Melchor”…

- ¡Que pinta! Parece que voy a los carnavales. Dije mirando el cristal de la cabina de teléfono que hacía la función de espejo.

Uno se da cuenta de sus propios fallos si los conoce, a no ser que sean muy obvios y los vea todo el mundo...

Cuando me di cuenta tenia todo el mentón irritado por culpa del pegamento de la barba, y lo peor era que no podía rascarme o se despegaría.

Al fin, aspiré profundamente dos veces y adelanté la pierna izquierda para entrar por la puerta.

- ¿Es mejor empezar con la izquierda o con la derecha? Pero si nunca he sido supersticioso… ¿Que estoy diciendo?

No podía detener el temblor de mis piernas.

- ¿Y la voz? ¡Joder! No he caído en ese detalle. Con lo malo que soy haciendo imitaciones.

Miles de dudas atacaron mi cabeza. El pie que había avanzado lo retrasé.

Quería irme a casa. Quitarme esa odiosa barba. Olvidarme del tema.

- ¡Dios como pica! ¡Esto es una mierda!

Una furgoneta color gris pasó por la calle. Lo que me llamó la atención fue la pegatina de la empresa. “ENAXTAB”.

- No. Son ellos… Joder. Joder. Joder. Dije reculando sobre mis pasos.

Habían pasado diez minutos y yo delante de la puerta del bar como un maniquí.

En la calle no había sitio y yo sabía que el único hueco disponible a esa hora, era la zona azul, justo al lado de mi coche. Cinco minutos y ellos estarían aquí.

Di media vuelta y empecé a caminar dirección contraria.

A mi cabeza acudieron pensamientos.

Recuerdo que Fran siempre decía que era un cobarde. Nunca cambiaré.

Además me estaba volviendo loco…

- ¿Cómo es posible que un muerto se reencarne en una máquina de tabaco?

Él siempre me defendía de pequeño… ¿Qué tenia que hacer?

Sólo entrar: Buenos días. Abrir. Sacar. Cambiar. Cerrar. Salir.

La parada del bus mostraba la publicidad del momento.

- “JUST DO IT”… “Sólo Hazlo”. No pienses.

Este era mi momento de demostrarles a todos lo que valía…

Di la vuelta y corrí hacia el bar. La barba arranqué de mi cara y la tiré a una papelera.

Entré en el bar. Berni estaba en la barra.

- Buenos días. Vengo de ENAXTAB. Y dejé el carné sobre el mostrador.

Me dirigí directamente a la máquina y saqué mis herramientas.

- N… ¿Nos Conocemos? Preguntó Berni interrogándome con la mirada.

- No. Siempre viene mi compañero. Pero ahora viene, está aparcando. – Nunca llegaré a saber de donde salió esa voz tan grave.

- ¿Es por el cable no? Dije dirigiéndome hacia el aparato.

- ¿Cómo lo ha sabido? ¡Yo no le dije nada! Dijo Berni, con esa mirada que utiliza para atemorizar a sus victimas. Pero hoy no sería yo la víctima.

- Eeemm. Lo he supuesto. Hay un gamberro por esta zona que es de otra compañía que se dedica a cortar los cables. Un cabronazo. Tiene unas gafas de pasta grandísimas, bajito feo…. Como lo pille un día… lo destrozo. Dije poniendo cara de perro sarnoso.

- A..ah. Creo que tengo una tarjeta de él. Ahora la busco…

Vaya forma de echarse mierda por encima de uno mismo. Éste seguro que llama a la empresa acusándome… pero no tienen pruebas…ya pensaré más tarde en ello.

Abrí la máquina y destornillé la caja de protección de la memoria con los tornillos CX en 5 segundos.

Saqué la otra memoria que había cogido prestada de mi empresa y la reemplacé.

10 segundos más tarde, la caja ya estaba atornillada como si nada hubiera pasado.

Di la vuelta a la máquina y observé el cable en el suelo.

Me dirigí hacia el mostrador y recogí el carné.

- Voy a buscar a mi compañero para que traiga un cable y lo ponga. Enseguida viene. Dije mientras salía por la puerta.

- P.. Pero… ¿Cómo…? Berni se quedó con la boca abierta sin moverse.

Salí del bar y al final de la calle tropecé con el técnico verdadero. Me quité la gorra y me puse las gafas de sol. Que curioso era ver a dos personas en la calle cruzarse con la misma ropa. Camisa amarilla y pantalones azules…

La mejor actuación de mi vida.

Al llegar al coche dos cosas más me asombraron: había pasado un minuto de los veinte que ponía en el ticket de la zona azul y un papelito me informaba de que debía pagar 5 euros de multa.

El guardia pasó por detrás.

- ¡Perdone agente, pero si sólo ha sido un minuto! Dije intentando poner cara de pena.

- Las normas son las normas. Si paga ahora son 2 euros, sino 5. Usted sabrá.

Revisé en mi cartera y volvió a caer el carné falso al suelo.

Sin darle importancia recopilé la colección de monedas de veinte y le serví 10 de ellas en la mano del agente, llegando a la cantidad exacta de dos euros.

- Tome el recibo. Dijo el guardia con cara de satisfacción.

- Gracias. Y me reprimí el comentario de: “Tómese la cervecita a gusto”.

- Oiga. Póngase “After Save” sin alcohol, que tiene toda la cara irritada. Está usted mejor sin barba. ¡Ha hecho bien en afeitarse! El agente que había recogido el carné del suelo, me lo entregó y cerró la conversación con un guiño y una sonrisa.

Ya había conseguido la fuga, pero… ¿Cuanto tiempo resiste un alma sin pilas?

Recordé que tenía a mi supuesto amigo en la mochila, así me metí en el coche y lo saqué pero la pantalla no mostró ningún mensaje.

- Necesito Energía. Dije

Arranqué el coche y me dirigí hacia mi casa. En ella tengo todo lo necesario…

Continuará

23 febrero 2005

Su Tabaco, Garcias (Parte 3)

Parte 3
Llegó la mañana del uno de diciembre, y con ella el gran día.
Llame a Jose, mi jefe, y le dije que me encontraba muy mal…
- ... posiblemente tengo "gastroenteritis "Jose, algo que comí ayer….

Colgué y me dirigí hacia “la Taberni”. Entré, saludé y me senté tres mesas por detrás de la que estaba al lado de la máquina.
Fran me había contado que los miércoles es el día de fiesta de Berni y no estaría en todo el día. En el bar sólo había un camarero joven.
No había nadie así que con un café con leche tuve que esperar a que hubiera otra persona más.
Entró un hombre mayor andando con dificultad. Por la confianza con el joven, parecía que era un cliente fijo y se sentó en la barra de espaldas a mi.
- Un “Sol y sombra”. Gritó con la voz rasposa.
Lo cierto es que estaba esperando la ocasión de que se despistara el camarero para empezar con el plan. Y el momento llegó…
El camarero se había quedado sin anís y se disponía a buscar más en el almacén, que estaba detrás de una cortina de tiras con nudos.
Cuando desapareció, me dirigí como un rayo a la pantalla .
- Lo voy a hacer. Por fin serás libre.
“CONFIO EN TI”, “ME PONGO EN TUS MANOS”
- Aguanta compañero. Dije desplazándome hacia la parte de atrás.
Cuando el camarero volvió, me encontró golpeando la máquina como un loco.

- ¡Eh! ¡Eeeh! ¡Cuidado joder! ¿Que coño pasa? Dijo el joven con enfado.
- ¡Que se me ha quedado los cuatro euros la cabrona!

En la pantalla no marcaba nada. El camarero fue hacia la barra y trajo las llaves.
Cuando la introdujo se extrañó de que la máquina no tuviera la luz encendida y la pantalla no mostrara nada.

- Juraría que la he enchufado esta mañana. Dijo extrañado el joven.
Dio la vuelta a la máquina y cuando se dispuso a coger el enchufe de suelo, lo cogió, pero se le quedó en la mano….
“Alguien” había seccionado el cable desde el principio.
- ¿Quien coño…? Cuando lo sepa Berni me mata…. Una mezcla de angustia y rabia se podía ver en la cara del camarero.
Fue rápidamente hacia la barra y cogió el teléfono.
- ¿Si? Oye Berni, que me he encontrado el cable de la máquina de tabaco…Si, si lo tengo en la mano…Todo…no, no puedo enchufarla, ¿Cómo la voy a enchufar con los dedos?....Diez minutos…Vale te espero.
¡Mierda! No contaba con que llamara a Berni, y encima viene para aquí. Si me ve aquí fijo que sospecha de mí. Y yo que pensaba que llamaría al servicio técnico….Tendría que haberlo planeado…Joder…
Aún y así me pedí un bocadillo de atún y una cerveza. Con la mezcla de leche y cerveza seguro que me entra gastroenteritis...
Berni llegó .Habló con el camarero y fue directamente a ver el daño ocasionado.
Con el cable en la mano, se giró y pude ver en sus ojos acechadores algo que me hizo pensar que sabía que había sido yo.
Un sudor frío me bajo por la sien y las manos me temblaban así tuve que dejar la cerveza porque con el tembleque las gotas salpicaban en la mesa.
Berni fue hacia la barra y buscó en la guía. Descolgó el teléfono y marcó el número que yo estaba esperando.
- ¿ENAXTAB? Hola, soy de “la Taberni". Si, mira que ha pasado algo con su máquina …Si, si, entiendo…Vale, ¿Cuanto? 40 minutos vale. Hasta Luego y gracias.
Acabé el bocadillo y la cerveza. Tengo veinte minutos para hacer una “fuga”.
Me acerqué a la barra para pagar y Berni se dirigió hacia mí.
- ¡Mira! Un cabrón ha cortado el cable de la máquina. ¿Tú no has visto a nadie, no?
- ¿Yo? No, ¿Por qué crees que tenía que haber visto nada? Yo he sido quien se ha dado cuenta. Joder se me ha quedado cuatro euros, el chaval lo sabe, se lo he dicho. Dije nervioso.
- Bien, bien. Tranquilo. Cuando la arreglen, si es que hay dos monedas de dos euros en la rejilla te los devolveré.
Para mi tranquilidad, los había metido previamente. Pagué y me fui del bar. Todavía recuerdo una mirada de odio clavándose en mi nuca.
Seguramente pensaría que lo había hecho para que se cambiara de compañía.
Pero mejor eso, que saber que lo hacia por un amigo muerto, que estaba en esa máquina…

Y ahora ¿Cómo me hago pasar por un técnico? Si me han visto toda la cara. Ya me tienen fichado. No contaba yo con el dueño. ¡Mierda! Esto no puede salir bien…
Pero no puedo esperar ha de ser hoy y ahora mismo, casi no tengo tiempo.
Habían pasado 10 minutos y el reloj avanzaba…
Tenía el coche una manzana por detrás del bar. Dentro había camisa, pantalones y chaqueta. El día anterior compré una barba postiza y estuve haciendo pruebas en casa pero no quedé satisfecho. Quedaba muy a “rey mago”.
Me quité las gafas y me puse las lentillas que me pongo los fines de semana, la camisa, los pantalones y la chaqueta.
¿Me pongo la barba o…? No hay más remedio.
En el retrovisor me retoqué sin mucho afán.
El pegamento de la barba me provocaba un picor insoportable en el mentón.

Cuando salí del coche, era otro. Me di cuenta de que un policía podía haber estado observando toda la transformación y se acercó hacia mí.
¿Me pueden multar por disfrazarme? Pensé

Continuara…

22 febrero 2005

Su Tabaco, Garcias (parte 2)

Parte 2

En vista del ridículo, no volví hasta pasadas dos semanas.
Los cinco euros extras por menú del resto de bares, hicieron que me tragara el orgullo, ya que de la otra manera no podría “tragar” nada más hasta el mes siguiente.

Al entrar, me mordía la curiosidad y me dirigí hacia la máquina.
Un niño jugaba con sus botones.
“14:18 29-11-2004” , “Selección 1 … 2.4…”, “Selección 3 …”, “Selección …”, “Ayudame Garcilaso…”
De un salto me abalancé hacia la máquina y aparté al niño.
El niño sería lo suficiente pequeño para no poder ver la pantalla y además su versión no sería muy creíble.
“Garcias…Ayu…”, ”Su tabaco, Gracias” y cayó un paquete de “CAMEL” y dos monedas de 10 céntimos.
Asombrado me quedé. ¿Es posible que el niño haya encontrado la clave de burlar el sistema de seguridad? O es que alguien había metido dinero y no ha seleccionado…no… si hubiera pasado eso, ahora estaría dándole patadas…pero el niño no llega a introducir las moned…
- ¿Ocurre algo?
La voz provenía de “Berni”, el dueño.
- Pues mire, ya que está usted aquí. Me acaba de dar un paquete de CAMEL, por la cara. Dije mostrando la cajetilla con el cambio.
- ¿Ah si? Dijo sorprendido Berni. Nadie de este bar me hubiera dicho nada si eso fuera cierto.
- Yo no soy nadie. Además no me gusta esta marca…

El dueño fue hacia la barra y trajo lo que parecían las llaves.
Seleccionó una de entre cinco y la introdujo en la cerradura. La máquina se abrió y, no se porque, esperé encontrar a un enano con un teclado en su interior.

El interior estaba impoluto, la pantalla y la memoria programada estaban protegidas con una caja “ESTX” y tornillos de clase CX, que requerían de una herramienta especial que no llevan los instaladores. Sólo un técnico de reparaciones tiene esa herramienta, aunque siempre pueden robarla claro…

Berni cogió la cajetilla de mi mano y la volvió a introducir en la columna correspondiente. Después cerró y volvió hacia la barra.
- ¿Va a comer sólo? Le invitaré a café. Pregunto el dueño sin mirarme.
- Si, como siempre. Gracias.
“Era para ti Garcias”, ”Ayudame Garcías por favor” El aparato volvió a escribir.
- ¿Pero qué está pasando? ¿Realmente se está refiriendo a mi? Dije mirando hacia un señor que comía justo en la mesa de al lado de la máquina.
Éste, que estaba con el café, se levantó y se fue echándome una mirada de desconfianza, como aquel que mira a un loco.
Aproveché la situación y ocupe ese lugar.
Desde esa silla se podía leer perfectamente la pantalla que, ahora volvía a marcar la hora.
Giré la vista hacia el camarero y éste al verme, con un gesto de desagrado se dirigió hacia mí.
- Ahora vengo a tomarle nota. Dijo mientras retiraba los platos sucios y la taza de café.
Y aún se enfadó más cuando vio las dos monedas de 10 céntimos en mi mano medio abierta y el platillo que contenía la factura vacío.

Al volver la vista me centré en la pantalla que ahora estaba apagada. Y de repente…

“NECESITO TU AYUDA GARCIAS”, “TIENES QUE AYUDARME”.

Yo me estoy obsesionando con el trabajo. Pensé.

“GARCILASO GARCIA GARCIA”, “ERES EL UNICO QUE PUEDE AYUDARME”

¿Cómo sabe mi nombre? Pensé mientras intentaba adivinar quien me podía estar tomando el pelo.

“GARCILASO SOLO TU PUEDES AYUD…” y desaparecieron de la pantalla.

- ¿PERO QUE COÑO QUIERES JODER? El grito posiblemente se escuchó hasta en el bar de enfrente.
- Venía a tomarle nota, señor. Si quiere vuelvo más tarde… dijo el camarero asustado.
- ¿Eh? No, no perdona.¿Qué…? ¿Qué tienes en el menú? Dije descolocado.
- De primero: garbanzos, acelgas o cocido madrileño y de segundo: Filete, dorada a la sal y tortilla de habas.
- Eeeeeeeem . Comeré garbanzos y tortilla. Gracias.
El camarero marchó y me quedé pensando en mis cosas, y durante ese momento se me olvidó por completo que la máquina tenía mi nombre en su memoria. Hasta que volví a girar la cabeza.
“SIENTO MOLESTARTE PERO TIENES QUE AYUDARME”
- Pero ¿Que quieres que haga? Dije bajito. Como si pensara que realmente me pudiera entender.
“SACAME DE AQUI POR FAVOR” , “PUEDO PAGARTE…”
- Si hombre, que quieres que te lleve debajo del brazo. Además perteneces a otra compañía. Y tú… ¿Cómo coño sabes mi nombre?…Un momento… Pero ¿Qué hago?¿Le estoy hablando a una máquina de tabaco?, Esto es el colmo…
“POR FAVOR LLEVO MUCHO TIEMPO ESPERANDOTE”
“ERES EL UNICO QUE PUEDE AYUDARME”
“TIENES QUE SACARME DE AQUÍ SOY FRANC….”
La máquina volvió al fundido en negro de su pantalla.
-¿Señor? Preguntó el camarero viendo que tenia los brazos sobre el medio del mantel y no dejaba de mirar al aparato.
- Si. Gracias. Los garbanzos no había quien se los comiera. Recién sacados de la olla, la humareda me nubló las gafas de pasta y por un momento, todo se volvió borroso.

Yo sin gafas no soy nadie. ocho dioptrías en el ojo izquierdo y diez en el derecho. Pesan más mis gafas que mi móvil.

Cuando los cristales estuvieron limpios, volví a mirar con interés la pantalla.
“NECESITO QUE ME CREAS…”, “SACAME DE AQUÍ” “TENGO QUE HACER ALGO”
- Y ¿Qué harás? ¿Ir andando por la calle después de que te saque de aquí? Dije con la intención de seguirle el rollo.
“YO NO ELEGI ESTO”, “CURIOSO DESTINO…”
- ¿Qué quiere decir “curioso destino”? Lo confieso, me picó el gusanillo.
“YO NO ELEGI ESTE CUERPO”, “TODO VIENE IMPUESTO”, “SOY COMO SOY, PORQUE DIOS ASI LO ELIGIO…”, “DICHOSO ES EL SEÑOR”, “LOS CAMINOS DEL SEÑOR SON INEXCRUTABLES…”.
- Lo que me faltaba. ¡Que una máquina me intente hacer creyente! Debe de ser la última moda!
Lo cierto es que me recordó a un buen amigo de creencias cristianas muy profundas. Era hijo de uno de los dirigentes del OPUS DEI. Un hombre muy pesado por cierto, pero con un gran corazón. Murió de cáncer hace ya cuatro meses. Fue una pérdida muy grande y su mujer todavía no lo ha asimilado. Aunque peores fueron las deudas que le dejó….

“GARCILASO POR FAVOR”, “SE QUE TU NO CREES EN ESTAS COSAS”, “PERO HAS DE AYUDARME”, “EVA ME NECESITA…”
- ¿Qué está pasando? Ahora si que creo que estoy loco… Ahora me vas a decir que eres Francisco…
“SI…”
- ¿Francisco Almoneda Mercés?
“PORQUE TE EXTRAÑAS”
- Pero si ni siquiera tú creías en los fantasmas. ¿Qué haces ahí dentro? ¿Qué quieres un vidente? Tu sabes que a mi estas cosas nunca me han gustado…
Me di cuenta de que los garbanzos debían estar más que fríos y que el camarero estaría alucinado al ver como alguien hablaba con una máquina.

- Debo dejar de beber, ya. Dije poniéndome otra copa de vino de la casa.
-
“DEBES DEJAR DE FUMAR”

- Y ¿Quien me lo dice? El que se cascaba tres paquetes diarios…
-
“ESE FUE MI UNICO VICIO Y MI CONDENA”, “CANCER DE PULMON”
“QUE CHISTOSO ES DIOS… MUERTE ES LO QUE SIRVO...”,
“DE VIVO MUERO POR ESTO Y DE MUERTO VIVO DE ELLO”


Dos cucharadas comí de unos cubitos de garbazo y le dije al camarero que retirara el plato y me trajera una infusión. El hambre se me fue, igual que el calor de los garbanzos…

- ¿Cómo quieres que te saque? Eres de otra compañía. Dije.
Las gotas de sudor me resbalaban por la cara.
“TU SABES MAS QUE YO LO QUE DEBES HACER…”

La infusión llegó con 15 minutos de retraso. Tiempo suficiente para poder pensar en la forma de escapar de esa prisión sin rejas...

Ni yo mismo me lo creía. ¡Qué fácil soy de persuadir! Además por un aparato que dice que es un difunto amigo, reencarnado.
¿Qué hago yo planeando una fuga con una máquina de tabaco?
A mi esto de arreglar placas me ha afectado al cerebro. Seguro que el humo del soldador es alucinógeno o algo así.
Se empieza ayudando a una máquina de tabaco y…
Espero que mi madre, que en paz descanse, no se me aparezca en la pantallita del DVD. Me sentiría “vigilado”. De aquí al loquero y del loquero al manicomio, fijo.

“SABES LO QUE TIENES QUE HACER”, “CONFIO EN TI”, “15:48 29-11-2004”

El display volvió a mostrar la hora.

- Pero ¿Seguro que Funcionará… F… Fran? Pensé dos veces si sería apropiado llamarle por su anterior nombre.

Pero no hubo respuesta…sabía lo que tenía que hacer… ¿o no?
Pagué mi cuenta y me marché a casa dispuesto a pensar en lo que iba a hacer. Parecía sencillo. ¿Qué problema podía surgir?
Al día siguiente fui a trabajar como de costumbre.
Una vez en el trabajo, aproveché para “coger prestadas” algunas herramientas, en especial la llave CX y otro importante objeto que me serviría para el plan de fuga.
Durante todo el día actué un poco fingiendo que me dolía el estomago pero pude acabar mi jornada.
Fui a comer a “la Taberna” y mi “amigo” allí seguía.
“LO TIENES TODO”, “CONFIO EN TI GARCIAS”
- Tranquilo, lo tengo todo planeado.espero...
Las lentejas también ardían pero éstas, no dejé que se enfriaran.
Continuará…