22 noviembre 2011

Reyes magos y otros misterios navideños


Reyes magos y otros misterios navideños

Hola amigos, en estas fechas es normal que nos asalten muchas dudas ante los grandes misterios navideños, porque aunque nos creamos adultos, realmente nos han quedado en el subconsciente preguntas sin resolver.

-¿Por qué pegamos a un tronco con un palo  para que cague turrones? ¿son turrones aglomerados? Es más ¿venderán turrones en el ikea? tendrían  tres sabores: 
turrón Bengue de chocolate, turrón macizo con almendras y turrón con tornillos scronjol

-Otro misterio es ¿Cómo viste Papa Noel el resto del año?  ¿le pasa como Espinete que iba desnudo pero se ponía el pijama para dormir?

-¿Por qué hay que poner una figurita cagando en el belén? ¿tenemos que poner también pastores que vomiten la última bota de vino apoyados en una palmera?

-¿Por qué los son magos los reyes? Seguro que alguien dirá ‘Porque están en muchos sitios a la vez’. ¿Realmente eso es magia? ¿Eso convierte a Jesus vázquez en Mago?

Además es curioso cómo cambian en matices de un pueblo a otro, la escala cromática de su piel,la longitud de las barbas, bueno es lo que tienen los reyes, ya que no se sabe por qué siguen siendo de la realeza ...

Y este señores y señoras es el autentico misterio de la navidad. Es como preguntarle a Heman dónde ha estudiado para sacarse el máster del universo.

Indagando un poco más en el asunto de los Reyes magos
¿Tienen descendencia?
¿Existen los príncipes Magos?
¿Existen las Reinas?
¿Son magas también?

Conozco a más de uno no le importaría que en medio de la noche una reina maga le fuera a dejar un regalo.  Y si por una de esas casualidades, se diera el caso que como quien no quiere la cosa hubiera estado despierto... agazapado en la oscuridad cual felino vigilando a una gacela esperando el momento justo para abalanzarse a la presa...
Y claro una vez destapada la trampa ya es el momento en que  la Reina dice...
'uy!! no no no! este año has sido un niño muy malo....' y ahí empieza a sonar la música... y los gemidos...
Ay perdón, creo que me he confundido con una película... ‘Las reinas majas’ creo que se llamaba... con un giro inesperado al final...

Volviendo al asunto en cuestión, resulta que los reyes magos pueden ir a cualquier sitio del mundo en el mismo instante pero no se sabe la razón, parece ser que están mas presentes los países latinos.
De hecho recuerdo que en una entrevista de Eduardo Punset le preguntaba a un experto en física cuántica americano cual era su teoría sobre la aparición de los Reyes magos en múltiples sitios al mismo tiempo y el experto que no conocía a estos personajes le pregunto más información.
Entonces Punset le explicó que era una tradición de los países hispanohablantes  y que son unos reyes que van con su séquito y entran en las casas para dejar paquetede la gente... y entonces el experto dijo …. aaaah of course !! the latin kings!!! y punset le dijo no no no!! the magician kings!!

Bueno,¿Cuando sabremos si nos encontramos con un Rey mago? Si os parece vamos a repasar los puntos característicos de los Reyes magos para que no haya dudas:
  • Son tres y se llaman: Melchor, Gaspar y Baltasar se desconocen apellidos, linaje, parentesco y reinado....
  • Tienen Coronas: como cualquier rey que se precie, menos los Borbones.
  • Tienen Capa: como los superhéroes: como Superman, como Batman, como Spiderman cuando tiene frío...
  • Tienen Barba: a excepción de Baltasar (que por cierto todo el mundo sabe quien es Baltasar pero no los otros... que si melchor es el de la barba rubia....que no es el de la blanca...en este caso concreto y sin que sirva de precedente para identificar a la persona por el nombre podemos decir que Baltasar es un blanco perfecto)
  • viajan en Camellos: que tienen que ser camellos con agallas. con muchas agallas vamos. Camellos anfibios para poder  atravesar los mares y océanos...
  • Tienen Pajes: Que les hacen el trabajo duro. Que por lo que se dice sólo trabajan pajes ‘hombres’, ya que las mujeres se negaron a feminizar el nombre.
    Es por esto que Nadie quiere oír: ‘Eh!! Mirar!! Ya vienen los reyes magos con sus pajas reales!!’ no.... imaginaros que lo ponen en su curriculum. un hombre entra en un bar y lanza su caña para ver qué pesca. y suelta la frase:
    - ¿estudias o trabajas guapa?.
    - Trabajo, soy una paja Real...
    - Sí que lo eres, sí...
  • qué más: traen Regalos: existen tres opciones: el regalo deseado, el sucedáneo o marca blanca y carbón que normalmente es de azúcar. Porque ¿existe el carbón para diabéticos? ¿un Carbón sacaroso...?
  • Carrozas: a parte de que lo sean, viajan en ellas y también sus pajes.
    Si ves una cabalgata en la que por cierto no hay caballos... verás que las carrozas están fuertemente protegidas por los pajes. parecen niños, inocentes criaturas pero en realidad son militares formados y preparados para la guerra. Dicen que si no has estado en la legión no puedes ser paje, es un requisito de PajesJobs para dejar el currículum.

    Si te acercas a la carroza te tiran caramelos, pero para que te los comas lo hacen a maldad. Tiran a dar. y si es en el ojo premio...  

Una cosa es cierta, con la llegada de Internet  a nuestras vidas, ya no sabemos escribir cartas... Bueno... pues estas tradiciones ancladas en el pasado nos llevan a preguntarnos. ¿por qué no se han actualizado los Reyes Magos y se crean por fin una cuenta de correo electrónico en hotmail? que es gratis por si no lo sabían.

Podemos plantear que se monten una línea 902 para atender llamadas, con un buzón de voz del tipo: en estos momentos todos nuestros pajes están ocupados, por favor permanezca a la espera y sea bueno que si no, no habrá regalos.pulse 1 para pedir su regalo, 2 para denunciar el allanamiento de morada del 6 de Enero, para hablar con un paje por favor espere...

También podrían crearse una cuenta en Facebook o Twitter. así sabríamos  que hacen el resto del año. porque trabajar ...lo que se dice trabajar... trabajan menos que el sastre de Tarzán...
Así leeríamos actualizaciones  del tipo:

Melchor le enviado un Toque a Gaspar
Gaspar le devuelto el Toque a Melchor
Baltasar comentó el estado de Melchor: “Pelea!!  Pelea!!”
A Baltasar le gusta el estado de Gaspar: “Tengo mal el ojo pero tendrías que ver cómo quedó al otro”
A Baltasar le gusta el Humor negro.
“Melchor ha sido etiquetado en el  Burger king“ : Título de la foto ‘Visitando a mi primo”

“Cansado después de la planificación para este año. Ha sido una dura reunión de pajas”

Pero de entre todas las dudas siempre he tenido una ¿puedo enviarle un Burofax a un Rey mago?
Puede parecer gracioso, pero cuando envías la carta a los reyes no tienes la certeza de que le haya llegado.a veces la confirmación la tienes el día que vienen y te dejan calcetines en lugar de lo escrito en la carta y dices: una de dos o no la han leído o se ha perdido...

Porque eso es otra, con la cantidad de cartas que reciben, que para leerlas tienen que hacer como la guardia civil en la frontera con Andorra parando coches con un claro patrón matemático: el pito pito gorgorito...
y ¿los buzones cómo tienen que ser? como para poder recibir todas las cartas del mundo, y eso sin contar cartas de los bancos, propaganda, facturas del móvil,  las cartas de los pajes... etc...

Esta claro que todos mantenemos la ilusión de que llegue ese día para dejar nuestros calcetines al lado del árbol de navidad o del belén. Y les ponemos las típicas galletas, la leche... hay gente que les pone licores... y llegados a este punto, creo que les estamos llamando borrachos en su cara. Porque hay casas en las que en vez de ponerles un vaso de leche al lado del microondas para que la puedan calentar y hacerse un cola cao, y poder mojar las galletas, pues no!!, le plantan la botella de anís del mono o wisky 12 años y encima dicen “es que es por si vienen cansados del viaje para que se recuperen”
Pero de qué van a recuperarse, si aún están relamiéndose de la copa de coñac que les han puesto en la casa del vecino. Que llegan a la quinta casa y ya no saben si tienen que dejar regalos o usar el servicio para evacuar...


Para finalizar y con esto termino, un consejo muy importante.
Si un día veis un camello de rey mago y os ofrece algo simplemente decid: no.
Muchas gracias.

18 noviembre 2011

'Horóscopo' de Veyron


Horóscopo
 
Soy una persona que lee cada dia "La Vanguardia". A salto de mata entre horas y momentos durante el dia, empezando con los titulares y dandole la vuelta y empezar a leerlo de atras hacia adelante. Como todo el mundo hace. 

No voy a negar que cuando llego a las páginas centrales de "Vivir" me paro en la columna de Astrología. Sí, Astrología porque ya no se titula Horóscopo. Parece que Astrología le dá un aire más cientifico. 
La verdad es que siempre me ha dado la impresión de que se inventan las frases en unas cartulinas, las barajan y luego reparten al azar. 
Esta para Tauroooo, ésta para Géminiiiiis, esta para Sagitariooooo........y al que le toque le ha tocado. 

También pienso que si por ejemplo leyendo la noticia de páginas de economía "La prima de riesgo se desploma y supera los 400 puntos". A mi me da por pensar que debe ser algo parecido a lo que le pasó a la prima de Miguel, que se cayó y le dieron 14 puntos de sutura en la cabeza 
Como comprenderán, menos voy a interpretar bien lo que dice el horóscopo. 

Aún así, incauto de mi, busco mi signo: 

LEO: Mercurio en Leo hasta el 9 de Septiembre alienta su renovación psíquica anual. Pero atención a una relación. 

Bueno, en epoca de cambios si estoy, pero vamos, viendo las noticias lo que creo que está cambiando es todo el mundo!. 
Londres ardiendo, Obama quedándose blanco....el pelo. ¿Se han fijado qué cantidad de canas? 

Lo que no me queda claro del horóscopo es la coletilla final "Pero atención a una relación" ¿Que querrá decir? 

Pues señoras y señores la "relación" apareció, bueno, mejor dicho, no apareció porque me plantó con un sms así que por mucha atención que hubiera puesto, el plantón me lo hubiera llevado igualmente. 
A todo esto el dueño del restaurante donde tenía mesa reservada para dos, pienso que debía ser Géminis visto lo que dice de este signo: 

Géminis: Podría sufrir una pérdida economica repentina, sobre todo relacionada con una técnica vanguardista. Mucha cautela. 

Lo de "vanguardista" debía ser por el pastel en forma de corazón que le encargué, con fresas en forma de pétalos alrededor, cubierto de milhojas de chocolate y unas bengalas encendidas para cuando lo trajera a la mesa. Prefiero no saberlo y en todo caso espero y deseo que hubiera leído él su propio horoscopo. Más que nada lo de "Mucha cautela" con segun que encargos con florituras. 

Así que hoy, a primera hora de la mañana, abro directamente la página de Astrología y ...... 

LEO: Agudización de problemas recientes. No debe abordarlos, sino resistir con gran prudencia. 

¿Pero que puñetas dice? ¿Más? ¿resistir? Si no paro de pensar en qué le voy a escribir en el sms de vuelta que le voy a enviar a la que me dio el desplante !!!. Y yo que me contengo lo justo y necesario.....sms de vuelta: 
"Me tienes harto" 

Y no contesta la puñetera. Van pasando las horas y sigue sin contestar. Me preocupo. Voy a ver que dice su horoscopo. 

Virgo: Podrían volver algunas dificultades amorosas justo cuando su signo tiende a un tono psíquico algo bajo para afrontarlas. 

Claro!, la pobre debe estar hecha polvo en un mar de líos e inseguridades. 
La llamo. No me lo coge. Voy a enviarle un sms más conciliador: 
-Llamaba para saber si estás bien...... físicamente quiero decir. Emocionalmente ya se que hecha un trapo.

Respuesta: Estoy bien. Me marcho unos días y cuando vuelva ya hablaremos. 

¿Que quiere decir con "ya hablaremos"? 

Qué ganas tengo de llegar mañana al trabajo y me traigan La Vanguardia , leer el horóscopo y despejar esta incognita......o liarla más, como siempre. 
Relato enviado por VEYRON
Gracias VEYRON por enviar tu relato ;)

16 noviembre 2011

'Última vez' de Karina Olivera

Última vez.


Salí a quemarle las ruedas a ese trasto inútil que me llevaba siempre ,bajo las mismas condiciones: limarle la bujía contra el cemento,regarla de nafta y esperar a que haga el chispazo…

No le gustaba a mi vieja, mi novia nunca quiso subirse,decía que le daba miedo.
Con Ariel ,mi hermano habíamos pensado venderla,aunque mas no fuera ,por sacarle unos pesos .

Unos pibes que conozco del bloque 28 me dieron un dato, un tipo que cobraba un seguro en Avellaneda…,
Estaba todo bien, menos por un detalle: el tipo era cana,retirado.
No quería comerme ese garrón de vuelta, mi vieja había vendido hasta la mesa de planchar la última vez para pagarle al boga…

Me subí a la moto,después del ritual de la bujía y encaré la ruta,se venía una tormenta, mala señal,pensé…
Yo ,que nunca le tuve miedo a nadie, pude ver a alguien, una sombra ,agazapada y esperándome con una cámara.

la puta madre!, como supo? Alguien me vendió?
Pensé en mi vieja, pensé en mi novia,embarazada,pensé en el flaco del bloque 28 y la re… de su madre…
Ya estaba, había perdido.

Más adelante la moto se paró, la bujía dijo basta y yo me salvé de mi estupidez gracias a eso.
Hoy cuando acompaño a Leo , mi hijo a terminar la tarea ,me acuerdo de todo eso y me río solo… Nunca vendí la moto y nunca más fuí hasta Corina…



Relato enviado por Karina Olivera 
Gracias Karina por enviar tu relato ;)

12 noviembre 2011

'Buenas noches cariño ' de Yoan Valladares


Buenas noches cariño.

Me encontraba caminando más allá de una avenida central, eran las nueve de la noche aunque debido al horario de verano todavía era de día. 
Dos mujeres caminaban delante de mí, las reconocí y me fijé en ellas. Las dos se habían puesto tacones feos y más altos de la cuenta, sus vestidos no me parecieron nada especial.

-¡Buenas tardes chicas!- Dos caras envejecidas y repletas de maquillaje se giraron hacia mí.
-¡Hola Yoan! ¿Sabes dónde queda el restaurante? Llevamos un rato buscándolo y estamos perdidísimas.
-Claro que sí, es por aquí.-Me puse al frente y ellas me siguieron.

Yo no tenía mucha idea de dónde era, lo había buscado en Internet, utilizando el Google maps para meterme por las calles, me acordaba de que era cerca de una farmacia…
Había quedado aquella noche con esas mujeres y unas 20 personas más para cenar, era una cena para celebrar que habíamos terminado el máster. Yo no sé por qué fui, la mayoría de mis compañeros me parecían idiotas; aunque algunos, o más bien algunas, me caían bien.

Las dos mujeres que me seguían eran del grupo de los idiotas, eran las dos bastante maduras, yo me preguntaba para qué coño querrían un máster, y se habían arreglado en exceso para la ocasión, sin mucho éxito. Una de ellas tenía un trozo de una ramita en el pelo, probablemente le había caído de un árbol, esperé un rato, hice varias teorías sobre por qué la otra no se lo había avisado y luego se lo dije y se la quité amablemente. Estaba a punto de confesarle a mis seguidoras que estábamos perdidos cuando vi la farmacia.
-Ahora por aquí, ya casi estamos- Doblamos la esquina, avanzamos un poco más y llegamos.
Algunos de nuestros compañeros ya habían llegado, todos del grupo de los idiotas, me dieron ganas de irme. Una de las chicas que había llegado era Luisa, una chica de piel blanca, pelo negro, la cara un poco marcada por el acné pasado, y algo rellenita. Había hablado bastante con ella a lo largo del curso, pero realmente no me caía demasiado bien y me parecía fea aunque sospechaba que yo le gustaba a ella. Fue la primera en saludarme y hablar conmigo.
Tuve unas cuantas conversaciones aburridas y deprimentes, luego llegaron algunas de las que me caían bien, concretamente Sara y Cristina, las dos estaban buenísimas. Sara era delgada, con el pelo castaño claro tenía unos labios preciosos y me encantaba como se ponía roja cuando hablaba con los profesores, durante el curso se sentaba a mi izquierda aunque nuestras mesas estaban separadas. Durante las clases yo me había imaginado muchas veces como sería follármela, y me parecía algo bastante posible. Cristina me parecía incluso más guapa, yo tenía un gusto un poco peculiar para las mujeres y me había dado cuenta de que probablemente muchos discreparían conmigo en cuanto a cual era más guapa, que les follen. 
Cristina era incluso más guapa, tenía el pelo largo negro y ondulado, muy buenas curvas y una cara peculiar, con la nariz y los ojos grandes, era preciosa. Pero no me transmitía la sensación de que pudiese follármela, incluso me costaba imaginármelo. Durante el curso no había hablado con ellas, solo hola y adiós, esta vez sí hablamos. Tuvimos más conversaciones aburridas y deprimentes y finalmente entramos dentro.
El sitio estaba bien aunque no me tocó al lado de ninguna de las que me caía bien, y sí al lado de Luisa. Pedimos la comida y empezamos a beber. Yo me bebí bastante más y más rápido que mis compañeros.
Conforme íbamos bebiendo las conversaciones eran más divertidas y agradables. Un rato más tarde crucé la mirada con Xenia y me llamó, yo ya estaba un poco borracho. Xenia era otra de las que me caía bien, era jugadora de volleyball y estaba también buenísima, con sus piernas perfectamente tonificadas y el culito respingón. Tenía las paletas bastante separadas pero eso no la afeaba para nada, que les follen a los que piensen lo contrario.
-Aquí hay un hueco libre- Me dijo señalando el asiento a su lado.
Fui hasta ella con más ansias de las que me hubiera gustado aparentar. Me senté muy cerca de ella.
-¿Qué, como te lo estás pasando?-Me dijo.
-Muy bien Xenia, gracias por organizar la cena, sin tu esfuerzo esto no hubiera sido posible.
-Jaja, no seas pelota, anda.
-Al final –dijo ella- me instaló el Contaplus el informático, me hizo el favor.
-Quería que le hicieras tú un favor más bien. Joder con el súper esfuerzo que hice para grabártelo y así me lo pagas, ignorándolo completamente… encima escribí un manual especial comprensible para chicas norteñas como tú.
-Jaja, gilipollas, no te metas con las norteñas.
Seguimos hablando un rato más, yo no paraba de imaginarme besándola, pero al igual que Cristina, no me transmitía sexualidad hacia mí, no tenía posibilidades con ella. Entonces llegó la otra Cristina, casi cuando habíamos terminado de comer. La otra Cristina era guapísima también y lo que más me gustaba de ella eran sus tetas, tenía unas tetas grandes y preciosas. Aunque nunca la había visto con escote. Hiciera el calor que hiciera durante el curso ella nunca se había puesto un escote, yo me preguntaba por qué sería pero aún así sabía que tenía unas tetas grandes y bonitas, se notaba.
Hoy si se había puesto escote. Me dirigí a mear al baño y me crucé con ella
-Hola Cristina, casi no llegas.
-Sí jaja, es que se me había olvidado que teníamos cena hoy.
No sonó nada convincente. No le miré las tetas, no hacía falta, ya sabía perfectamente como eran.
Cuando terminamos de cenar el grupo se reunió en la entrada del bar para pagar y tomar unos chupitos. Sacaron uno para cada uno y  estaban bastante buenos, como con un toque a caramelo. Yo me bebí tres. Sara estaba al lado mío y tenía un paquete de cigarrillos en la mano.
-Ey Sara, vamos fuera a fumar.
Casi sin dejarme terminar la frase se encaminó a la puerta sin decirme nada.
-Me dijo Abdul que a finales de mes hay una fiesta de García, ¿vas a ir? –dije yo
Abdul era uno de mis compañeros de piso, y había sido compañero de trabajo de ella, García era el nombre de la empresa. Una empresa de auditoría explotadora, ella había sido lista yéndose, Abdul era demasiado adicto al trabajo como para irse.
-Sí, me cogieron para que haga un striptease. Es una sorpresa, no se lo digas a Abdul.
-Qué atrevida tú, ¿no?
-Qué va, es sólo un simulacro de striptease para reírnos y eso.
-Ah, que mierda.
En seguida salieron el resto de compañeros y nos dirigimos a un bar a seguir con la fiesta. Xenia se ofreció a llevarme en coche aunque no era muy lejos. Acepté. Ella no había probado una copa de alcohol ni un cigarro en su vida, una buena chica. Intenté convencerla a lo largo del recorrido pero no cedió. Una buena chica.
Una vez en el bar seguimos bebiendo, yo ya estaba bastante borracho. Cuando me emborrachaba me gustaba hacer preguntas indiscretas, me resultaba bastante divertido, así que empecé con el repertorio.
-Patri, ¿por qué nunca te pones escote? ¿Tienes miedo a resfriarte?
-Jaja, es que tengo mucho que esconder.
¿Esconder por qué? Me parecía absurdo.
-¿Esconder? ¿A qué tienes miedo?
-Jaja, es que tengo mucho que esconder.
Ella también estaba un poco borracha. La otra Cristina estaba unos metros más a la izquierda, pegando en el hombro de Sara un tatuaje que le había venido en un paquete de papas.
-Eso te dará un toque sexy en tu striptease. –dije yo.
Ambas se rieron.
-Cristina, ¿por qué llegas siempre media hora antes a clase? ¿Tantas ganas tienes de verme?
-Jaja, es que si no me cuesta conseguir aparcamiento, prefiero aparcar antes aunque luego tenga que esperar.
-Ah, qué divertido.
-Sara, vamos a fumar fuera.
Reaccionó igual que la anterior vez. Fuera había bastante gente, debido a la prohibición de fumar dentro de los bares, miré a mi alrededor y vi una chica subiendo calle arriba, llevaba de la mano a lo que parecía una niña de 3 años, pero si te fijabas bien era una mujer adulta enana, medio calva y con una cara horrible. Llevaba un vestidito con un lazo. Al lado mío había otra chica fumando, que cuando vio pasar a la enana dijo “Ooohh qué mona la niña”, luego se fijó un poco más, se quedó parada un segundo y se empezó a descojonar ella sola, se reía y se reía, estuvo a punto de asfixiarse. Sólo yo me había dado cuenta, le lancé una mirada cómplice y le dije “vas a ir al infierno”.
Cambiamos de bar unas cuantas veces. Hablé bastante con Sara y las dos Cristinas, me caían muy bien, yo aprovechaba para abrazarlas y agarrarlas por la parte baja de la cintura. Empecé a llamar a Sara querida mía y ella me decía marido. Yo estaba bastante cachondo.
Finalmente se fueron, Xenia también se fue, una vez más sin probar ni gota. Quedamos yo, unos cuantos idiotas que ya no me parecían tan idiotas, Luisa y Ruth. Ruth era otra compañera del master que por lo visto se apuntó a la fiesta bastante más tarde. Era una de las chicas más flacas que había visto en mi vida, aún así me parecía mona tenía un cierto morbillo. Decidimos ir a un último bar, yo no sé por qué acepté, tenía ganas de irme a dormir.
De camino a este nuevo bar me quedé un poco rezagado, ya empezaba a tambalearme. Luisa se dio cuenta y vino a mi lado.
-¿Y tu novia? – me preguntó
-¿Qué novia?
-¿No tienes novia?
-Claro que no.
Me miró con una sonrisa. Era una sonrisa bastante fea, como de chica mala cutre.
-La acabas de liar diciendo que no tienes novia.
Se acercó y me besó. Me metió con fuerza la lengua, parecía desesperada. Yo dejé que me devorara. Seguimos caminando y cada veinte pasos me volvía a besar, yo le toqué el culo y el conejo por encima de los vaqueros. Cuando llegamos a la puerta del bar oí que Ruth le decía “¡Felicidades Luisa!”. No sé muy bien si en ese momento Ruth perdió o ganó atractivo para mí.
Dentro del bar intenté despejarme dando vueltas y alejándome de ella. Una chica rubia grande y un poco gorda le dijo a su amiga, “mira que chico más mono”. No me parecía nada atractiva así que sonreí, le di un beso en la mejilla y seguí dando vueltas. Luisa me seguía, me acorralaba y me volvía a besar. Yo me sentía muy presionado, quería escapar.
-Si quieres que pase algo vámonos ya a tu piso.- dije
-No. Espera, todavía no.
Aproveché que estaba cerca de la puerta y me dirigí a la salida para irme. Justo cuando iba a salir, Luisa me agarró del brazo.
-¿Dónde vas?
-Me voy.
-No te vallas todavía.
Intenté soltarme, ella me agarraba con una fuerza titánica. Finalmente me concentré, di un tirón y conseguí escapar. Me encaminé hacia mi piso, medio tambaleante. Pensé que era agradable tener el piso cerca de la zona de bares y poder ir caminando, además no hacía mucho frío. Era una noche agradable.
Cuando llegué meé, me lavé los dientes, me quité la ropa, la tiré en el sillón y entré en mi cuarto.
-Buenas noches cariño, ¿Se lo pasó bien?- dijo una voz femenina y dulce desde la cama.
-Más o menos.
Me metí a la cama y me quedé dormido junto a mi novia.


Relato enviado por Yoan Valladares
Gracias Yoan por enviar tu relato ;)

30 mayo 2011

'El congreso' de Alexis Cattini

El congreso

En el corazón humano se llevó a cabo un congreso. Era el congreso que reunía a los malos sentimientos y las malas acciones. A dicho evento asistieron todos los malos sentimientos y todas las malas acciones habidas y por haber. Concurrieron el resentimiento, el rencor, el miedo, la corrupción, la violencia, la ira, el egoísmo, la soberbia, la avaricia, la envidia, la infidelidad, la ingratitud, la venganza, la ambición desmedida, entre otros.
El presidente del congreso era el odio, el mayor y más fuerte de los malos sentimientos. Cuando todos los concurrentes ya habían tomado su lugar en sus respectivos asientos, el odio subió al escenario de adelante para comenzar con su discurso. El odio acomodó el micrófono, se acomodó en el atril, miró a sus compañeros y empezó la locución.
El odio dijo: “Queridos hermanos, les doy la bienvenida a este congreso y les agradezco su presencia. Estamos aquí reunidos con el propósito de idear una forma de expulsar del corazón humano al amor. Si, escucharon bien, debemos expulsar al amor definitivamente. El amor es un sentimiento no grato para nosotros, es un sentimiento que estorba nuestros planes y que hagamos lo que hagamos siempre resurge como el ave fénix. A lo largo de los años, las décadas y los siglos nosotros hemos conducido al hombre a guerras, enfrentamientos, contaminación, hambre, explotación de unos a otros y si bien, hemos tenido éxito en algunas cosas, todavía no dominamos al hombre totalmente. ¿Y porque todavía no lo dominamos totalmente?, la respuesta es muy fácil, porque el hombre todavía conserva en su corazón al amor. Y el amor es un enemigo muy difícil de combatir porque se manifiesta de muchas maneras, como por ejemplo: el amor hacia otra persona (pareja, familiar, amigo, compañero, etc.), el amor hacia los animales, el amor hacia las plantas, el amor hacia la naturaleza y el medio ambiente y hasta el amor hacia un bien material.
Por todo esto y más, les pido que entre todos pensemos la manera definitiva de acabar con el amor. Muchas gracias”.

Después de emitidas estas palabras por el odio, los concurrentes al congreso aplaudieron fervientemente al unísono durante unos minutos. Todos los integrantes del congreso se tomaron un breve descanso para hablar distendidamente entre ellos para después retomar dicho evento. Después de descansar y distenderse durante unos minutos, todos volvieron a su sitio. El odio volvió a tomar la palabra y les preguntó a los demás si se les ocurría algo para acabar con el amor. Varios hicieron uso de la palabra, pero ninguna exposición le convenció al odio. Hasta que de repente, alguien, sentado en la última fila, levantó la mano. Era un ser oscuro, misterioso y pidió la palabra.
Ese ser tomó el micrófono y dijo: “Señor odio y miembros restantes de este congreso. Los saludo cordialmente y me presento ante ustedes. Yo soy la traición. Yo he destruido personas, familias y hasta naciones enteras. Millones se han peleado por mi culpa durante siglos y siglos… jajaja. Pero no me quiero extender mucho. En concreto, quiero decirles que tengo una gran idea para acabar con el amor. Mi idea consiste en que alguien salga de aquí disfrazado de un sentimiento bueno y convenza al estúpido del amor a que venga aquí, que se llevará a cabo una reunión de buenos sentimientos y buenas acciones. Entonces cuando el amor entre se va a encontrar con todos nosotros y en ese momento lo expulsamos del corazón humano”.
El odio y el resto de los concurrentes quedaron fascinados con la idea de la traición y en seguida pusieron el plan en marcha. El rencor (fiel secuaz del odio) se disfrazó de la sinceridad y salió del congreso en busca del amor. Un rato después, el rencor encontró al amor. Le dijo todo lo que la traición había dictado y el amor, creído que era la sinceridad y que todo era verdad, accedió a acompañar al rencor al congreso. Cuando entraron al recinto, el rencor mostró su verdadera cara y el amor vio a todos los malos sentimientos y las malas acciones reunidas.
De pronto, se presentó el odio y la traición frente al amor y le dijeron que ellos querían expulsarlo del corazón humano. El amor, abucheado por todos los congresistas, miró al odio a los ojos y le dijo: “Antes que me digan su postura, quiero decir algunas palabras, ¿puedo?” y el odio le dijo: “Si, está bien, pero que sea breve… jajaja”.
Entonces el amor
subió al escenario, tomó el micrófono, se acomodó en el atril y dijo: “Durante siglos, todos ustedes han convivido conmigo en el corazón humano. El hombre guarda en su corazón buenos y malos sentimientos y realiza buenas y malas acciones. Todo hombre posee su lado bueno y de luz y su lado malo y de oscuridad, y cada persona sabe a qué lado escuchar y seguir. Yo no obligo nada a nadie, por eso cada persona es libre de escoger. Yo no soy como ustedes, ustedes siempre están intentando expulsarme mientras que a mí no me interesa expulsarlos. Por mi, pueden seguir conviviendo conmigo en el corazón humano. Y algo más, sepan que ustedes nunca me van a destruir, yo soy eterno y mientras sigan existiendo personas de luz y buenas de corazón y alma, yo siempre viviré”. Después de esto, todos los concurrentes empezaron a irse del congreso sin emitir ni una sola palabra. El único que se quedó fue el odio, que se acercó al amor y le dijo: “Siempre seremos enemigos pero por ahora no intentaré nada contra ti” y el amor le contestó: “Por mí, haz lo que quieras tú y tus súbditos, y claro que siempre seremos enemigos. Además, la lucha entre la luz y la oscuridad continuará en el corazón humano”.

Relato enviado por Alexis Cattini

Gracias Alexis por enviar tu relato ;)

10 mayo 2011

'EL AMOR DEL LIBRO' de Andrés Alcalá

EL AMOR DEL LIBRO

El amor, ese extraño compañero que nos hace voltear el corazón siempre que puede y muchas veces sin esperarlo. Jamás había pensado en ella, y siempre la veía pasar con su aire seguro, discreto pero desprendiendo gran sosiego y sin reclamar nunca tu atención, se mostraba como un lugar seguro donde acudir.

Mi vida corría tranquila, en la cotidiana quietud de quien, a sus cuarenta y algo ve la vida de otra forma, más pausada y sosegada. Pero en algún momento esa chispa salta, no hay razón que pueda explicarlo, pero ahí está. Ahora la ves pasar pero ya no es de la misma forma, ahora la sigues con la mirada algo más. Pero, no puedes acercarte.

Todos tenemos nuestro sitio y no podemos salirnos del guión que nuestras vidas ya ha marcado. Sin embargo, el ruido de fondo sigue.

Las conversaciones anodinas, de trabajo casi siempre y de la familia (bien, gracias). Nada más. Pero una luz sale a relucir, los libros.

Siempre nos permite las conversaciones. Ese será mi vehículo, mi cadena de transmisión sin delatarme. Pero no sólo la conversación, se precisa además algo material. El libro en sí.

Cuando prestas un libro, es un material, una historia. Pero es ese acto, el prestar, el que transmite algo más. Si sabes que el libro va destinado a esa persona en concreto, recibes o das algo más. Y algo distinto. No sólo lees el libro, lo tocas casi de forma reverencial.

Ese cauce de comunicación es solo unilateral, pero es un cauce. Además, si recibes uno también, puede significar un proceso similar al que sientes cuando das. Así, al tema del trabajo y la familia, unimos el de los libros. Gustos más o menos iguales, pero la correa invisible que nos une pervive mientras se prosiga el intercambio.

Eso me obliga a leer de forma compulsiva, a reclamar y a esperar. Es una sutil forma de amor, solo en mí conocida y solo en mi disfrutada. Cuando palpas el libro te imaginas que hay alguna pizca, átomo o restos mínimos de esa otra persona que ha pasado por sus manos. Pero también, que ha pensado lo que tú, que ha sentido lo que tú has sentido.

Siempre llega el tiempo del intercambio. ¿Y ahora qué libro? Es un salto al vacío, es una apuesta a lo desconocido. No existe el sondeo, no hay pruebas, nada. Lo debes ajustar a los gustos que sutilmente han aparecido, que vislumbras levemente y que sospechas, pero nada más.

Ahora recibes uno. Te asaltan las mismas dudas, en especial si ha sido el mismo ritual que tú has llevado a cabo, repasas, miras indicios de la más mínima alteración del orden natural del libro, de su ser. Pero claro, nada. Afortunadamente, así el juego continúa.

El círculo que no se cierra, la carrera del depredador y de su presa. Esa es la sensación.

Ese el motivo, es una forma de amar.


Relato enviado por Andrés Alcalá
Gracias Andrés por enviar tu relato ;)

07 mayo 2009

'EL HOMBRE SABIO' de Fermín Vidales

EL HOMBRE SABIO

Dicen que a mediados del siglo veinte vivía en lo más alto del Cerrillo un hombre sabio que se llamaba Feliciano. Salía muy temprano al patio trasero de su casa y se acomodaba debajo de un limonero, con una taza humeante de café entre las manos, para entregarse a la meditación. Cuando su mujer entraba en el patio para barrer el suelo y regar las macetas Feliciano ya tenía desenmarañado gran parte de su mar de dudas diario, y se entregaba a la contemplación de la fila de hormigas que corría por la suave corteza del limonero.

- Hoy has madrugado, mujer.

- Más me vale. Cada vez empiezan a llegar más pronto y no tengo tiempo para nada.

Feliciano tenía la piel cetrina del campesino malagueño y el gesto hosco de los ateos. Porque Feliciano, a pesar de gastar muchas horas enzarzado en laberintos doctrinales, no creía en dioses ni demiurgos. Un ejemplo de esto son sus reflexiones sobre las bodas de Caná.

- Un amigo te asegura que todo lo suyo es tuyo. Y pongamos que todo lo tuyo es de él. Así que si yo tengo dos panes, mi amigo tiene dos panes, y de siempre es sabido que dos más dos son cuatro. Ahí tenemos el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, obrado por la mera fórmula alquímica de la amistad.

Al padre Marcelino se le llenaba la boca literalmente de espuma cada vez que le oía decir que el creador del hombre verdadero, si no la casualidad, había sido Lucifer.

- Estás jugando con fuego, Feliciano- le advertía mosén Marcelino.- Sólo el demonio te ha podido meter esa barbaridad en la cabeza.

- Se equivoca, padre. Esta locura la he sacado de ustedes mismos, que dicen tantas y tantas cosas que luego no saben ni lo que han dicho. El hombre tal y como nosotros lo entendemos, con su vergüenza y su orgullo y su generosidad y demás vicios y virtudes, no empezó hasta después de la manzana. Por tanto la manzana es el fuego de Prometeo. La Iglesia de ustedes ha sido descuidada incluso eligiendo nombres. Fíjese que Lucifer significa el que trae la luz.

- Mira Feliciano, hace mucho que sé que eres un alma perdida sin remedio. Arderás en el infierno eternamente y parece que ambos lo tenemos asumido. Lo único que te pido es que no infestes a los demás con estas patrañas comunistas.

- Tranquilo, señor cura, que no le alborotaría el redil aunque quisiera. A cada uno le hablo de lo que le interesa. Estas perlas filosóficas me las guardo para usted.

Feliciano no mentía. El resto de los villaorugueños no le consultaba acerca de otra cosa que no fueran remedios para la calentura o estímulos para la siembra.

- Los asuntos de la política y la religión son como el cigarro puro. Sólo sientan bien después de llenar la tripa.

- Yo sólo te digo que te andes con cuidado. Corren malos tiempos para ir dando consejos de lo que sea a la gente.

- Lo sé, padre, pero ya me importa poco. Este año habrá poca almendra y alguien buscará culpables.

Dicen que una noche de finales de agosto fueron a buscarle a casa para tomarle declaración.

- Espere que le de la chaqueta- pidió su mujer a uno de los guardias.

- Tranquila, no tendrá frío.

- Haz caso, mujer- contestó Feliciano.- ¿No ves que la noche está buena? Y dile al cura que rece por todos los hambrientos.

A la mañana siguiente las hormigas salieron a trabajar por el tronco del limonero como si nada.



Relato enviado por Fermín Vidales
Gracias Fermín por enviar tu relato ;)

09 mayo 2008

'Ya nada es lo que parece' de Andrés López Muñiz

Ya nada es lo que parece de Andrés López Muñiz

Aquella noche no se celebraba nada especial; no era festivo, nadie había acabado la carrera ni cobrado su primer sueldo. Salimos de copas sin esperar encontrar a la mujer de nuestra vida al lado o detrás de las barras de los bares que poco a poco íbamos cerrando. El sabor amargo del whisky se mezclaba con las risa y el humo denso de los cigarros, jurando que cada uno que fumásemos sería el último antes de abandonar el vicio. Las tres, las cuatro, las cinco, las seis, las siete... cada giro de muñeca para mirar el reloj se convertía en un desafío al tiempo que nos quedaba juntos. Porque nadie de los que estaban allí se podía imaginar que no me volvería a ver en siete años tras despedirse a la salida de aquel after que olía a sudor y cerveza.

Ni siquiera yo.

El portero nos obligó a vaciar nuestras copas calientes en un vaso de plástico; Jaime, como siempre, se negó, y después de compartir unas palabras nada amistosas, decidió tragársela de penalti, con su arcada correspondiente. Susana y Pablo seguían a su rollo; tenían una relación muy peculiar, porque transcurría en paralelo a las estaciones: caliente en verano, se le caían las hojas en otoño y se congelaba en invierno; lo que sucedería en primavera estaba por ver. David, como siempre, había hecho un amigo con el que discutía del calentamiento global y las energías renovables, un tema interesantísimo a esas horas de la madrugada. Buscando su abrigo entre una montaña de chaquetones, chupas y bolsos estaba Gero; era bastante gracioso ver como acusaba a un grupo de tíos de haberle robado su cazadora. Antes de buscarnos un problema tonto , lo agarré por el brazo y me lo llevé a la fuerza convenciéndole de que esa noche había salido sin nada para resguardarse de la lluvia, aunque la verdad es que lo hacía para no perderla, como le ocurría cada vez que salía. Media ciudad estaba vestida con su ropa, sin exagerar.

El amanecer amenazaba. Los despertadores sonaban; las duchas de agua caliente comenzaban a correr; el café con leche y galletas; en la radio Iñaki Gabilondo; bajar al garaje, coger el coche y entrar a trabajar con las caras largas y el pelo mojado. La rutina. Y yo saliendo de aquel antro, apestando a alcohol, demacrado y acompañado de los que supuestamente fueron mis amigos durante cinco años de carrera. Alguien dijo de tomar la última, y su voz sonó como la nada de la historia interminable. Nos despedimos como tantas otras veces habíamos hecho, edulcorando la amistad con abrazos y besos, y nos separamos, cada uno por su camino, por su camino en la vida. Comencé a andar, notando que no era capaz de mantener una línea recta ni de sostener la cabeza erguida; al cruzarme con la gente sentía vergüenza de mi mismo, porque debía tener un aspecto como para darme de comer aparte, y al mirarme en los reflejos de los escaparates me entraba la risa floja, porque no me extrañaba que acabase la noche sólo con las pintas que tenía. Pasé por delante de una panadería, y el olor a bollos recién hechos hizo que mi estómago suspirase de hambre; metí las manos en los bolsillos y encontré las sobras del alcohol: un par de euros que serían los mejor invertidos de la juerga. La dependienta era una chica de unos treinta años, morena y de ojos claros; la verdad es que no estaba nada mal, aunque creo que mi balbuceo para pedir una empanadilla no fue de lo más seductor que he dicho en mi vida. Ni siquiera me sonrió, y esa es una de las pocas cosas que casi siempre soy capaz de arrancar de una mujer. Estaba claro que tenía que irme a dormir.

Llovía; de los portales comenzaban a salir niños de uniforme con mochilas que parecían losas a sus espaldas; los parabrisas de los coches que comenzaban a circular componían en el pentagrama del asfalto la banda sonora de la mañana. Semáforos en ámbar. Las ocho y cuarto. Barrenderos mirándome con cara de asesino mientras recogían botellas rotas del suelo, y algún universitario con la carpeta brazo dirigiéndose a la biblioteca pensaría que ya llegaría su turno. El camino que había recorrido tantas veces, algunas acompañado pero la mayoría sólo, se hacía eterno, y en mi cabeza empezaba a resonar el eco de una resaca muy madrugadora. Y aquella canción que no podía apartar de mi cabeza; la había escuchado tantas veces y ahora no recordaba el autor, por más que lo intentaba. El quiosco de la esquina ya estaba abierto, y los periódicos colocados unos encima de otros. Los observé detenidamente, porque todos tenían algo en común: Viernes 3 de febrero. Mi cumpleaños había terminado. Y nadie se había acordado. Ella tampoco.

Nos conocimos sin conocernos; coincidimos durante un par de años en unas cuantas clases de la facultad, pero nunca llegamos a hablar ni a intercambiar frases de circunstancia en los pasillos. Recuerdo que un día nos cruzamos por la calle; llovía, como no. Ella llevaba un abrigo rojo que llamaba mucho la atención, y un paraguas verde claro muy gracioso. Yo caminaba bajo los soportales, haciendo malabarismos para no empaparme. Nuestras miradas se cruzaron, y nos saludamos con un hola muy tímido. En ese momento me di cuenta de que la chica estaba bastante bien. Una hora después entré en una cafetería a comprar tabaco, y la encontré sentada de frente al lado de la máquina, hablando con un tío de esos que parecen que desayunan ocho claras de huevo todos los días. Esta vez nos sonreímos. Al intentar meter las monedas del cambio en el vaquero, se me cayó una, que fue rodando hasta llegar a sus pies. Ella se inclinó suavemente para cogerla y me la dio, acariciándome la mano de una forma muy sensual, mientras me miraba fijamente con sus grandes ojos marrones. Olía a chocolate. Creo que nunca nadie consiguió ponerme tan nervioso; de hecho, no fui capaz de darle las gracias con palabras; sólo con una media sonrisa tonta y un ligero movimento de labios sin voz tras ellos. Desde aquel instante supe que algún día dormiría a mi lado. Ocurrió en octubre del año siguiente; acabábamos de comenzar el curso. Yo había pasado encerrado en casa casi un mes, y no por estudiar, sino porque una mononucleosis me había dejado hecho polvo. Así que la primera noche de fiesta tras la lesión, estaba convencido de que me iba a comer el mundo; por eso precisamente no ocurrió nada, salvo que acabé vomitando en el fregadero de mi casa. Una semana después, un jueves cálido de otoño, en un pub en el que todavía no me conocían los camareros, me volvió a sonreír a lo lejos; esperé un par de minutos haciéndome el despistado dejándome llevar por la corriente humana y de pronto nos encontramos cara a cara; yo le dije hola. Ella me respondió a la mañana siguiente con un beso bajo las sábanas de mi cama.

Por fin había llegado al portal de mi casa; cogí las llaves del bolsillo derecho de los vaqueros empapados y tras unos segundos eligiendo la correcta, la puse en la cerradura. Estaba vieja y oxidada, así que tardé un par de minutos y unos cuantos giros de muñeca en abrir la puerta. Caminé hasta el ascensor, y comprobé con resignación que todavía no lo habían arreglado, y eso es una putada cuando no vives en el primero, así que antes de iniciar el ascenso, me senté tranquilamente a fumar un cigarro en las escaleras. Miré a los buzones, y me levanté para abrir el mío. Séptimo B. Publicidad, facturas de luz y agua, una misiva de una especie de secta, una carta equivocada...y una postal que me sorprendió como a un niño la mañana de Reyes. Era de un atardecer en el Bratislava. Sonreí. Habían pasado casi ocho meses desde la última vez que nos habíamos visto, y desde entonces no volvimos a saber nada el uno del otro. La leí en la penumbra del rellano:

Hola!

Sabes? Estar en esta ciudad es un estado de ánimo.

Extraño adivinar lo que piensas.

Ven a verme

Besos

Lena

No sé cuanto tiempo estuvimos juntos desde aquella noche de octubre, porque nunca nos comprometimos en serio. Ninguno de los dos estaba dispuesto a tener una relación de cafeterías, cines y paseos por la tarde. Solíamos hablar de viajar juntos, de coger de un tren que no nos llevase a ningún sitio esperado, y de vivir la vida sin preocuparse por lo que dejas atrás, aunque en el fondo sabíamos que eso nunca ocurriría; es mejor quedarse con un viaje imaginado que con una realidad típica. Nunca hasta entonces había conocido a alguien que tuviese los mismos sueños, las mismas preocupaciones y que completase mis frases inacabadas; cuando nos encontrábamos en una conversación con más gente, era frecuente que dijésemos al mismo tiempo nuestra opinión, o un simple comentario absurdo, pero lo curioso es que coincidían, como una ecuación sin incógnitas, en tiempo y en espacio. Era tan perfecto que asustaba. Por eso, cuando una mañana de domingo me desperté sólo en mi habitación, sin ella a mi lado, no me hice preguntas. Se había marchado el día anterior, sin despedirse. Seguí mi vida sin darle importancia, porque cada vez que algo me recordaba a ella no lo podía soportar, y apartando su imagen de mi cabeza conseguí guardar su cara y su cuerpo en un baúl anclado en lo más profundo de mis recuerdos. Porque el recuerdo es el inicio del olvido.

Durante todos estos meses había estado esperando este momento; sabía que algún día me pediría que me fuese con ella, porque yo no podía estar tan equivocado en algo tan evidente como que nos completábamos el uno al otro. Pero es que en estos momentos, a las nueve de la mañana, lo único que sentía era la última copa de garrafa en mi estómago pidiendo la libertad a gritos. Siete pisos andando y ganas de vomitar? El resultado está claro: regalito en el rellano del segundo. Y también en el quinto. Dicen que lo que te sienta mal es la última copa, y no las nueve mil que te bebiste antes. En fin...

Abrí la puerta con sigilo. Mis dos compañeros de piso estarían durmiendo o follando, una de dos. Eran buenos tíos, lo que pasa es que llevaba viviendo con ellos demasiado tiempo, y eso al final acaba deteriorando todo tipo de relación. Hasta la amistad más sincera y profunda se quema con la convivencia, por eso siempre pensé que tener lejos a las personas que te importan significa echarlas de menos, y echarlas de menos significa que te importan. La distancia a veces significa estar cerca.

Caminé por el pasillo apoyando la mano en la pared, y el sudor frío que recorría mi cara me indicaba insistentemente mi destino, al fondo. Mientras vomitaba con la cabeza metida en el váter, me preguntaba si era amor el sabor amargo que inundaba mi boca, y si todo estos meses convenciéndome de que ella no existió nunca realmente eran una espera impaciente de volver a su lado. Conseguir engañarse a uno mismo resulta más sencillo que a los demás, como cuando te convences de una historia que no has vivido y poco a poco la vas integrando entre tus recuerdos, hasta el punto de convertirla en real. Me levanté tras tres intentos fallidos, abrí el grifo y me eché agua por la cara. Levanté la vista, y el espejo me desveló que estaba llorando. Me sequé en la única esquina de la toalla que parecía estar limpia, apagué la luz y entré en mi habitación. Me fui desvistiendo poco a poco, de la manera menos torpe que mi estado me permitía, hasta quedarme completamente desnudo. Me metí en la cama deshecha, y recuerdo quedarme dormido antes de apoyar mi cabeza sobre la almohada.

El sonido de una canción brasileña envolvía la casa, mezclándose con el crujido de las olas del mar que penetraban por dos grandes ventanas, acompañando a la luz clara y brillante de la mañana. Olía a madera y a jazmín, y una brisa suave hacía bailar las cortinas. Era una cabaña de madera clara, con varios cuadros de colores colgados de la pared y un grabado de una pareja mirándose a los ojos sobre una gran cama deshecha. En una esquina una planta con flores amarillas trepaba hasta el techo, dibujando una sinuosa silueta en el rincón.. La puerta estaba abierta, y tras ella una pequeña terraza con dos asientos de mimbre desde los que se contemplaba la inmensidad del océano azul. Un libro de fotografía y un par de copas con un cóctel anaranjado, de los que sobresalían unas sombrillitas amarillas, reposaban sobre una pequeña mesa con las patas talladas en cobre. Ella llevaba un vestido blanco escotado, con una falda de volantes, y un gran collar de perlas marrones que le llegaba hasta el ombligo; estaba apoyada en la barandilla, y el viento alborotaba delicadamente su pelo castaño, mientras movía sus caderas al ritmo del sonido de los tambores tribales y de una voz portuguesa rasgada e inocente. Yo me acercaba sigilosamente por detrás, cogía una copa y la abrazaba mientras le besaba el cuello, con la felicidad por testigo.

Me desperté aturdido sin saber si estaba, como en otras ocasiones, en el sofá de una casa ajena o en la cama de una chica engañada. Miré el despertador. Las once y media de la mañana. Apenas había dormido un par de horas, pero algo en mi interior me decía que tenía que levantarme. El cuerpo dolorido, como si me hubiesen pegado una paliza, el dolor de cabeza y las náuseas eran las palabras por las que comenzaba el arrepentimiento de una noche muy extraña. Estaba desnudo, y la ventana que me había dejado abierta permitía entrar los grados bajo cero del invierno, además del ruido de coches y trasiego de gente en la calle. Al incorporarme y sentarme en la cama, comenzaron a girar los objetos de una forma horrorosa; tras cinco minutos con la cabeza apoyada sobre mis manos, conseguí levantar la mirada. En el suelo, sobre la selva de ropa que había dejado tirada se encontraba la postal. La cogí, y la comencé a leer una vez detrás de otra, intentando encontrar una explicación a todo lo que me decía, hasta que me di cuenta de que lo único que verdaderamente tenía sentido era la necesidad de marcharme. La única constante de mi vida.

Estuve bajo la ducha una media hora, con los ojos cerrados y la mente en blanco, porque no quería pensar en las consecuencias de mi impulso, y dejarme llevar de una vez por todas en mi puta vida, olvidando todo aquello que me había llevado a ser la persona en la que nunca quise convertirme: alguien precavido, cobarde y arrogante. Me sequé de nuevo con la única esquina de la toalla que parecía estar limpia y me puse unos vaqueros viejos y una camiseta negra que tenía What Ever escrito grandes letras rosas y blancas. Saqué del armario mi vieja mochila verde, y comencé a llenarla: ropa, un walkman, unas cuantas cintas de música, un neceser, una libreta de tapas amarillas y un lápiz apenas usado. Con esto tendría suficiente. Cogí un par de cajas grandes de un armario de la terraza y coloqué en ellas el resto de mis cosas, que no eran muchas, la verdad. En la habitación comenzaba a sentirse el eco del vacío.

Me puse mi gastada chupa de cuero, la mochila al hombro y me deslicé sigilosamente por el pasillo, porque no quería despertar a mis compañeros; si lo hacía, tendría que dar explicaciones o inventarme una excusa tonta, y la verdad es que ya tenía bastantes dudas en lo que estaba haciendo como para que alguien tuviese que reprochar mi actitud; no necesitaba otro estás loco en mi vida.

Dejé las llaves encima del recibidor, y abrí la puerta; antes de darme cuenta había atravesado el umbral, y al encontrarme sólo en el silencio del pasillo supe que no volvería a entrar en esa casa en la que había pasado momentos de todo tipo, buenos y malos, como la primera vez que después de una noche de juerga ella vino a dormir, o la cantidad de gritos y risas que destilé con mis amigos en las largas noches de primavera, entre cervezas y humo de tabaco.

La calle estaba llena de vida; furgonetas aparcadas delante del supermercado realizando el reparto del día, señoras cogidas del brazo, parejas tonteando en las esquinas, coches en doble fila...era la ciudad en la que viví muy buenos momentos, la verdad, pero ahora estaba dispuesto a largarme a cualquier precio. Este precio me recordó que no tenía nada en la cartera, y que tendría que sacar dinero, aquel que había ahorrado los últimos dos años para comprarme una guitarra eléctrica. No es que supiese tocar, es decir, no tenía ni puta idea, pero de aprender quería hacerlo a lo grande y no con una española que suena como a cascabel y mandolina. Cuatrocientos euros de golpe en el bolsillo; jamás había dispuesto de tal cantidad. Caminé bajo los soportales, porque aunque no llovía, los restos de la tormenta de la noche goteaban por las cañerías, empapando la acera y dejando en el ambiento un olor de polvo mojado.

La estación de tren no se encontraba muy lejos, a unos cinco minutos en línea recta desde mi casa. Mientras caminaba, intenté recordar el sonido de su voz, pero no era capaz de lograrlo; dicen que cuando tratas de olvidar a una persona, lo primero que se borra es eso; sin embargo podía reproducir perfectamente su risa; de hecho, desde que se marchó, revoloteaba todos los días por los lugares más recónditos de mi memoria, y cada vez que se posaba, era capaz de arrancarme una sonrisa a mi también.

Entré por la puerta giratoria en la estación: un gran reloj dominaba el hall, y un panel electrónico indicaba las próximas salidas y llegadas, todas ellas con retraso. Prácticamente estaba vacía; una mujer con una niña pequeña sentadas en los bancos azules de la sala de espera, y un hombre de unos cuarenta años apoyado en una columna con una gran maleta a sus pies hablando por el móvil y fumando un cigarro eran las únicas personas que estaban esperando el inicio su viaje, o el regreso de alguien querido. Se anunció por megafonía la salida del próximo tren en un par de minutos; me dirigí rápidamente a la taquilla, y compré un billete. Andén número cuatro, justo el que se encontraba más lejos. Salí hacia las vías, y corrí por las escaleras y los pasillos que pasaban por debajo, hasta encontrarme cara a cara con el inicio de mi viaje. Subí al tren y me senté en un vagón en el que no había nadie. Las puertas se cerraron. Sonó un silbato muy cercano y comenzó a moverse. Cogí el walkman y comencé a escuchar la que un día no muy lejano fue nuestra canción. Miré por la ventana llena de gotas como poco a poco me iba alejando de mi ciudad, y un escalofrío recorrió mi cuerpo ante el temor de enfrentarme a lo desconocido, a una nueva vida...

Ha pasado mucho tiempo desde aquel día; he vivido cosas que nunca habría imaginado, llorado, reído y conocido gente de todo tipo. Incluso creo que me enamoré otra vez. Pero esta vez las cosas me salieron bien.

Me llamo Andrés. Tengo veintinueve años.

En la sociedad cada uno es un pequeño segundo. Varios pequeños segundos componen un minuto relativo, formando las grandiosas horas que vierten sus aguas cada veinticuatro sueños. Trescientas sesenta y cinco maneras de creer amar. Cada cuatro años, surge una nueva y son trescientas sesenta y seis, Y al final, se esfuman. Porque todo es igual y ya nada es lo que parece.

Relato enviado por Andrés López
Gracias Andrés por enviar tu relato ;)

14 diciembre 2007

'Duelo de Titan-Lux' de Monologo

'Duelo de Titan-Lux' de Monologo

Amigos, he deciros que esta semana ha pasado un drama.

Bueno todo el mundo sabe que no tengo amigos, pero es una forma de hablar, podría decir: Compañeros, compatriotas o sencillamente acompañantes de amistad que es lo que suelo contratar últimamente para engañar a mi madre y fingir que tiene un hijo normal dentro de lo que cabe, aunque mi abuela sospecha un poco ya que siempre me ha visto con dinero en la mano mientras despido a mis supuestos amigos.

Una de dos o piensa que vendo droga o que las compro.

Y no se que es peor. Temo que algún día me venga a pedir algún ‘estasis’ para calmar los achaques de su edad, y poder volver a codearse con sus tan añorados elefantes rosas…

Pero ese, aunque a muchos os interese y queráis mi número de móvil, no es el tema de hoy para eso enviar ‘mañana’ al 5475 XD

Como os contaba, ha pasado un drama, una tragedia, una hecatombe, una calamidad, un verdadero desastre: mi madre también llamada Dolores, ha acabado en la lista negra de todas las editoriales.

-“Bueno, eso es perfecto!”. Pensareis.

Ya no la llamarán los pesados comerciales a venderle ninguna enciclopedia, ninguna fantástica colección de discos, ninguna increíble colección de dvd’s sobre Heidi y Marco, afirmando que eran mejor los dibujos de antes que los de ahora, que tan violentos se han vuelto.

Claro, es mejor ver pasar las miserias ajenas: una niña maltratada que siempre está en las nubes y un niño abandonado que tiene el mono. Si chiste fácil lo se.

Volviendo al tema, me he pasado los últimos tres meses, intentando que mi madre compre alguna enciclopedia, llamando a todas las editoriales fingiendo ser una viejecilla necesitada, aunque en ocasiones engañaba a mi abuela diciendo que le llamaban de ‘el diario de patricia’ sólo para que se pusiera cinco segundos al teléfono y luego fingir autoridad quitándoselo y preguntando con voz viril: “Si, Dígame. Ah perfecto pásese mañana que estará mi mujer…”.

Aunque últimamente mi abuela sospechaba y creo que llegará a la conclusión de que eran posibles clientes…

Mi madre es una persona muy lúcida e inteligente, ha salido a su hijo claro.

Al principio trataba a los comerciales con muy poco tacto, bastaba con un “buenas tardes venimos por lo de la enciclo…” para que recibieran un fuerte portazo en las narices.

Dicha situación reflejaba un pasado truculento y tormentoso con alguna mala transacción, llámese Timo, entre cierto vendedor y cierta mujer.

En otro par de ocasiones incluso llamó a la policía, porque uno de los comerciales había dejado atrancado el pie en la puerta y mi madre trababa con fuerza de cerrarla.

Recuerdo que me gritaba: “Trae el cuchillo jamonero, Manolo, rápido!!”.


Al llegar la policía se encontró a una mujer empujando una puerta con un zapato suelto casi seccionado por la mitad y como excusa empezó a hablar de rumanos y asaltos a casas: "Que les rocían con un espray mientras duermen, agente!!"

Desde ese día, decidió utilizar una nueva táctica: Tenía pensado crear una galería de los horrores comerciales.

El pasillo de la entrada se fue llenando poco a poco con obras dignas del mismísimo MACBA de Barcelona.

Un zapato de ediciones Altalla, la corbata de grupo Vox, una gorra de Pizza Hut, la manga de una chaqueta de Planeta Agostini y un extraño gorro rojo con antenas de la editorial planeta Astraco.

Los muy tontos se pasean por la calle ataviados con un traje rojo y un gorro con antenas, cuando todo el mundo sabe que si fueran verdes venderían más.

Pero bueno acaso ¿Alguien ha visto un extraterrestre rojo?

Bueno mi abuela si, pero eso es otra pastilla..., digo otra historia.


El asunto es que mi madre se cansó de tal horripilante museo y decidió utilizar otra maquiavélica táctica.

Un día cambió el chip y se convirtió en la clienta más amable y detallista que un comercial puede tener, hasta tal punto que salían corriendo despavoridos.

Era tal la pesadez que provocaba que hasta el comercial se sentía incómodo.

Uno incluso llegó a regalar la enciclopedia si mi madre dejaba de decirle lo delgado que estaba y que comiera algo más de la montaña de pastelitos y galletas que a punto estaba de formar una avalancha.

Dolores contraatacó retando que tal vez se lo pensaba si el comercial era capaz de comerse sólo la mitad del plato.

La muy condenada había puesto sal, guindilla y unas extrañas pastillas amarillas que dice que encontró en la habitación de la abuela.Con la tiempo que estuve buscándolas en vano...

Pero como a todo cerdo le llega su san Martín, que debió de ser un santo muy sanguinario, mi madre se encontró con su antónimo.

Era un comercial sumamente orondo y bajito.

Ante mis ojos pude ver un duelo al más puro estilo Western, incluso llegué a oír el silbido de Ennio Morricone acompañando los torpes pasos de tan maño vendedor.

El silbido resultó ser la tetera en el fuego indicando el primer asalto.

El astuto comercial no sólo llegó a zamparse más de la mitad de las provisiones sino que incluso pidió un poco de pan, para acompañar los polvorones.

Mi madre entró en cólera. Poco a poco un extraña protuverancia empezó a brotar de su frente. Una gran vena surcaba por el tejido subcutáneo, revitalizando y alisando las arrugas de su tez.

No era el momento de decirlo, pero mi madre está muy guapa cuando se cabrea. Rejuvenece 10 años.

La maquinaria mental de Dolores comenzó a funcionar a marchas forzadas, tantas horas de sudoku tenían que dar su fruto.

Creí ver un humillo salir por sus orejas pero resultó ser otra vez la tetera indicando el segundo asalto.

El esbelto púgil de la esquina roja pidió un relevo en este extraño duelo como si de pressing catch se tratara y ocupando su puesto intenté no pensar en el posible ‘Tortillazo cobra’ que era capaz de realizar mi oponente.


Mi compañera se perdió por el pasillo, momento que aproveché para jugar al famoso maletín o combate amañado ya que mi idea si que era comprar.


Los reveses del púgil orondo vinieron en forma de relojes Viceroi, un centro de planchado Fagor y un masajeador de pies que recibí con pleno entusiasmo por sólo 180 plazos, de nada más que 30 euros. Una ganga vamos.

Pero eso eran sólo cosas materiales, yo quería mi enciclopedia con sus tomos separados, a ser posible con algún añadido de la historia del arte o pintura.

En el momento en el que iba a firmar, falsificando la firma como un verdadero experto me percaté de que la tetera llevaba sonando más de media hora y era inminente una explosión, que hubiera acabado con mi plan o firmando en el hospital, claro.

El caso es que mientras volvía feliz a mi posición, alguien había ocupado mi sitio y no era mi abuela, que desde la cocina observaba todo el espectáculo sospechando de mis actos.

Mi madre volvió con arrugas en su rostro, lo cual me desanimó.Indicaba que, cual viky el vikingo había tenido una genial idea, de insuperable efectividad.

Dolores contraatacó con golpes bajos, argumentando el auge de las nuevas tecnologías y el crecimiento de Internet, en el cual hoy en día no tienen cabida las enciclopedias.

Ese agarre mortal hizo retorcerse de dolor a su oponente.

“Los comedores actuales y modernos no albergan la posibilidad de sustentar el peso de ninguna colección”

El otro púgil contraatacó con que también disponían de versión dvd ‘de fácil acceso y limpio almacenaje’.


Mi madre argumentó: ‘Oiga, mi hijo es un excelente Jocker’.

‘no, no. Hacker, mama, Hacker!’ respondí, no siendo consciente de mi acusada situación.

La gota que colmó el vaso salió de la tetera y fue a parar a la copa de nuestro invitado. Una extraña nube de vapor le dió un aire de poción de bruja.


Finalmente la palabra ‘Wikipedia’ hizo tambalear al malogrado comercial que cual perro asustado salió rodando por las escaleras del rellano con el rabo entre las piernas.

El caso es que mi madre superó todas mis expectativas una vez más y decidí rendirme alzando mi pañuelo blanco y sonándome de forma estruendosa.

Por mucho que me resistí no pude ante las torturas psicológicas y confesé que todo había sido por mi culpa.

Ya que había dejado que mi abuela, la pobre, llamará ante mis ojos a todos esos teléfonos para conseguir su tan deseado masajeador de pies y no hice nada para detenerla.

Incluso fingí lágrimas, fue una gran actuación.

Mi madre me soltó “pero tú te piensas que soy boba o qué , tontorrón!” y recibí un revés digno de Rafa Nadal.

Así que terminé haciendo la faena del anhelado artilugio de mi abuela, gratis, durante mucho tiempo.

Bueno, y ustedes pensarán y ¿Tú para que querías la enciclopedia?

Pues lo cierto es que me pasaba todas las tardes revisando palabra por palabra, investigando, aprendiendo y un día mi querida enciclopedia que recién cumplía diez años, desapareció, dejándome sin mi culto entretenimiento vespertino.

El lado oscuro de la historia es que ésta, reapareció en un cash converter a cambio de un dinero con el que se pagaron a más acompañantes de amistad que últimamente habían subido el ipc de sus comisiones.

Para finalizar decir que igual que el ave Fénix, renací de mis cenizas, como esas que están escondidas bajo la cama, justo al lado de los caramelos de menta, y he conseguido engañar a mi abuela fingiendo reuma manual transitorio.

El caso es que mi abuela sigue sospechando.
Lo cierto es que siempre sospecha o ¿Quizás es que sencillamente duerme con los ojos entreabiertos?

Relato enviado por Monologo (http://monologo.obolog.com)
Gracias Monologo por enviar tu relato ;)

10 octubre 2007

'LA LOCA DE INSURGENTES' de R0B3RTO M4RT1N3Z

Es un día mas rumbo a otro aburrido y rutinario día de trabajo, al reluciente edificio de 11 niveles, con espejos y elevadores, en fin, un edificio con muy buena pinta y ni hablar de la zona en la que podemos encontrar las mejores agencias de automóviles lujosos y ver pasar a las personas mas frescas y mejor vestidas de la Ciudad de México.

Se preguntaran que hay de singular con esta zona, en todas las ciudades hay una similar.
Un lugar para "ejecutivos", lo que me pone a pensar en este es que justo al cruzar una avenida para entrar al lindo edificio antes mencionado siempre hay una mujer... una mujer de calculo yo... unos 38 años (muy subjetivo porque a mi toda la gente me dice que tengo 26 y una vez me hicieron una encuesta para personas de 30 a 35 años!!).
Siempre con la misma ropa, un pantalón, que al parecer cuando fue nuevo o estuvo limpio era color arena, un lazo estilo Maria Mercedes como cinturón ( que no sirve de mucho por que siempre trae el pantalón a la cadera), una camisa negra, gracias a eso no se ve tanto la mugre y un sweater verde claro para pasar el invierno aunque tiene algunos hoyos por los que lo mas seguro es que se cuele el frío en Diciembre y Enero, el cabello seguramente sin lavar durante mucho pero mucho tiempo y la piel también un poco mas obscurecida por el sol y el polvo.


Esta mujer que a veces esta de pie, sentada en la parada de autobús o a veces acostada durmiendo hecha bolita para tener menos frío, ¿esta mujer estará contenta con su vida? ¿Sabrá en realidad lo que la gente que se llama a si misma o a su estilo de vida "normal", piensa de ella? O simplemente ella viva en su mundo y le importe un pito lo que los demás digamos o pensemos.

Lo que me parece interesante a mi es que si ella estará conciente de que gracias a su estado y a su forma de vida se escapo de muchísimas cosas que hacen a este mundo una porquería, del capitalismo, de la búsqueda de riqueza y poder como objetivo de la mayoría de los seres humanos, de la ignorancia que tenemos todos acerca de nuestras raíces culturales, del consumismo, de la presunción, de la falta de compasión y solidaridad con los otros seres humanos y animales que habitan nuestro planeta, de la contaminación del medio ambiente, de las fronteras, de las religiones, de la discriminación y de muchas cosas mas.

Habría un millar de cosas que mencionar de las que ella se salvo, ahora la pregunta es: ¿Ella esta loca o nosotros estamos locos? a mí en lo personal a veces me gustaría estar loco para dejar de pensar en todas las injusticias que todos, incluso yo cometemos a diario...

Relato enviado por R0B3RTO M4RT1N3Z.
Gracias Roberto por enviar tu relato ;)

18 septiembre 2007

'NUESTRO MUNDO' de R0B3RTO M4RT1N3Z

Estoy solo, pensativo y no se me ocurre más que estar en otro lugar.

Vine de visita, sabes aunque aun no lo sepas aquí hay un habitante mas.
Es un nuevo inquilino y vive aquí solo en esencia, físicamente no tardara en irse, se que no te molestará porque es un ser al que quiero mucho.

Estoy sentado junto a mi amigo en el patio trasero, tengo un poco de nostalgia por él y por todo lo que pasamos juntos pero al fin y al cabo
así es la vida, a veces estamos juntos.
A veces se podría pensar que nos dejan pero no, los seres a los que queremos y nos quieren, siempre permanecen con nosotros.

Una débil brisa de aire me toca la cara, es un día un poco caluroso pero agradable, el sol brilla en el cielo recordándome que la vida sigue y que la vida es bella.
Al atravesar mi frontera imaginaria y observar los muros, el patio, los baños y el jardín sólo se me vienen a la mente muchos recuerdos,
momentos bellos que he vivido en este lugar.

La primera vez que estuvimos aquí fue una noche fría, una noche de expectación;
después de cenar en nuestro lugar favorito cerca de aquí, comida típica mexicana y comprar algunas cervezas que tal vez nos ayudaron a tomar un poco de valor,
llegamos a este lugar, por cierto, había un elemento más, un millón de insectos revoloteando en mi estomago.

Estábamos nerviosos y si mal no recuerdo algo distantes, después de conversar, de preguntar un poco mas acerca de nuestras vidas, recuerdo que con un poco de vergüenza te acercaste a mi cara y me besaste, yo no supe que hacer
pero no puedo describir lo que sentí en ese momento, un momento que había estado esperando durante mucho tiempo.
Sentir tus labios junto a los míos fue como un sueño hecho realidad.

Después del beso todo sucedió de manera natural, poco a poco nos despojamos de las ropas y de los complejos.
Nos despojamos de las vergüenzas y de todo lo exterior, quedamos desnudos.
Desnudos no sólo de cuerpo, también del alma; unimos nuestros cuerpos, nos hicimos uno solo.
Todo lo exterior desapareció, le empezamos a dar forma a este lugar que se convirtió en nuestra guarida, en testigo mudo.
En un lugar en el que podíamos ser nosotros mismos sin miedo al que dirán, sin miedo a demostrar nuestros sentimientos, hicimos de este lugar “Nuestro Mundo”.

No todo ha sido diversión aquí: hemos discutido, llorado y sufrido, pero es parte de la vida,
que será de nuestra existencia sin sentimientos, sin entregarnos los unos a los otros sin esperar nada a cambio,
se que siempre estarás conmigo y yo contigo, no físicamente pero si como un bello recuerdo.

Relato enviado por R0B3RTO M4RT1N3Z.
Gracias Roberto por enviar tu relato ;)

04 septiembre 2007

'Te puede pasar a ti' de Bejopa

Te puede pasar a ti
Me desperté sobresaltado, eran las cuatro de la madrugada y frías gotas de sudor bajaban por mi frente, las pastillas para dormir no habían surtido efecto y sabía que no iba a poder volver a dormir, definitivamente no estaba preparado para todo lo que me iba a suceder hoy.

Cuando sonó el despertador llevaba varias horas despierto, en la mesa me esperaba ese suculento desayuno que sabía que no iba a poderme comer, un nudo apretaba mi estomago como si una soga atravesara mi vientre, los nervios crecían minuto a minuto y la hora se acercaba, ya no había marcha atrás.

Hoy era mi primer día en Huesca, una pequeña ciudad de provincias que sorprendentemente tenía una gran cantidad de puestos vacantes en los institutos de secundaria. “¿Quién me había mandado presentarme a las oposiciones en una ciudad situada a mil kilómetros de mi casa?”, llevaba menos de 24 horas en la ciudad y ya echaba de menos los paseos por la playa, los buenos días de mi madre, el olor a romero de las calles de mi pueblo, todo.

El taxi no tardó en llegar y me subí en él con pocas ganas y mucho miedo, le indiqué la dirección del centro al que me dirigía y el vehículo se adentró en la ciudad, que se despertaba a la vez que yo; las tiendas abrían sus puertas, las madres llevaban a los adormilados niños al colegio, los ejecutivos hablaban por el móvil, de repente me relajé, todo iría bien.

Entré en el enorme recibidor del instituto y no se oía un alma, miré el reloj pensando que quizá llegaba tarde y me dirigí a la sala de profesores, allí había media docena de compañeros que me recibieron mejor de lo que esperaba, me dijeron que el primer día los alumnos llegan una hora más tarde y esa primera hora la reservan para los profesores, sin darme pie a decir que no, un hombre de barba prominente y ojos saltones me ofreció un café que sabía a rayos, mientras una mujer que parecía tener ochenta años me obligó a comer un reseco bizcocho que había hecho su nieta, al segundo mordisco empecé a sentirme mal y me desmayé.

Cuando me desperté todo estaba oscuro, sólo una luz intermitente que señalaba que eran las seis de la tarde iluminaba esa habitación, en ese momento pensé que los chavales habrían estado esperando mucho rato y traté de incorporarme pero fue imposible, algo me retenía en esa gélida estancia.

Casi sin darme tiempo a reaccionar, unos pasos se oyeron al fondo de la habitación y los fluorescentes se encendieron cegándome totalmente, cuando empecé a recuperar la visión, la sombra de un hombre se apareció frente a mí, llevaba una bata blanca, unas gafas de pasta, su cabeza estaba totalmente afeitada y sus enormes ojos azules te atravesaban como si de un disparo se tratara.

Cuando intenté hablar no me salían las palabras, parecía que tenía la lengua dormida, el siniestro hombre me puso la mano en la frente y susurro: “No se moleste en preguntar, no le voy a decir nada…todavía”

CONTINUARÁ
Relato enviado por BeJoPa
Gracias BeJoPa por enviar tu relato.
http://www.bejopa.com/tepuedepasarati.htm#112189554